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17 mantras para aprender a ser feliz con mi cuerpo y olvidar las ridículas dietas

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Conoce y practica el nuevo movimiento de nutrición que le grita al mundo: ¡Las dietas no funcionan!

¿Qué pasaría si dejáramos de hacer dietas e hiciéramos las paces con nuestro cuerpo?

Gracias a cientos de expertos en nutrición alrededor del mundo, varias creencias sobre la gordura y la delgadez están comenzando a ser debatidas. La idea de que un cuerpo grande es forzosamente menos saludable se está cuestionando fuertemente.

Los siguientes mantras para vencer los tabúes sobre nuestro propio cuerpo son presentados por la experta nutrióloga Raquel Lobatón , quien forma parte del movimiento global de nutricionistas Salud En Todas Las Tallas (Health At Every Size). Este movimiento tiene como manifiesto decirle al mundo: ¡Las dietas no funcionan!, veamos de qué se trata.

1. Adelgazar no necesariamente me hará más saludable:
Aunque hay una asociación entre las enfermedades cardiometabólicas y los pesos más altos del índice de masa corporal, el tener un peso alto, no es necesariamente la causa de estas enfermedades. En ciencia, la asociación no es causalidad, y así como hay cuerpos delgados que pueden contraer enfermedades graves, hay cuerpos con pesos altos bastante sanos.

2. Las dietas dañan mi salud:
La evidencia disponible ha demostrado que las dietas no funcionan a largo plazo. El rebote ocurre en el 95% de los casos, y este rebote daña más nuestra salud física que el hecho de mantener un peso alto toda la vida. Cuando hacemos dietas hacemos que nuestro cuerpo fluctúe de peso constantemente. Y es sabido que mantener un peso estable, es mucho más beneficioso, incluso cuando estemos en un peso alto.

3. Si las dietas no me han funcionado, no es por mi culpa:
La industria de las dietas nos ha hecho creer que si nos esforzamos lo suficiente podemos bajar de peso, pero, si las dietas funcionaran sería necesario hacerlas solo una vez en la vida. La diversidad corporal es parte de la naturaleza humana, y hay cuerpos que están destinados a tener pesos mayores que otros.

4. Restringirme en la comida me provoca más obsesión por ella:
Cuando me restrinjo en la comida, esta se vuelve una obsesión y se afecta mi relación con ella. No estar en una dieta implica mal comer, solo no debemos restringirnos. Debemos comer según nuestras señales de hambre y saciedad. La restricción con la comida suele llevarnos a crear una relación disfuncional con ella.

5. Soy mucho más que la comida que consumo:

La salud está determinada por múltiples factores, la mayoría fuera de nuestro control (factores ambientales, sociales, genéticos, entre otros) . Además, la salud es mucho más que solo salud metabólica, ya que abarca también cómo nos relacionamos con la sociedad y nuestras emociones. Lo que comemos impacta nuestra salud en mucho menor porcentaje de lo que nos han hecho creer.

6. No todos los problemas de salud pueden ser achacados al peso
La formación médica tradicional es llamada peso-centrista, es decir, se basa en la premisa de que el peso es uno de los mayores determinantes de salud.Sin embargo, no podemos saber nada de la salud de alguien ni de sus hábitos alimenticios con solo mirar el tamaño de su cuerpo. El índice de masa corporal es un indicador que ya se considera obsoleto y que no tiene la capacidad de determinar el estado de salud de una persona.

7. Tener un peso alto no es sinónimo de enfermedad
En las consultas médicas los pacientes con mayor peso pueden llegar a ser mal diagnosticados por el hecho de que todos sus síntomas se achacan al peso. Además, se sabe que el estrés y la discriminación que sufren las personas por su peso son factores de riesgo a la salud fisica, emocional y social.

8. Es la discriminación hacia las personas de talla grande la que las aleja de prácticas saludables:
Se piensa que una persona de talla grande es así porque no le echa suficientes ganas a las dietas, pero muchas veces es la misma discriminacion la que impide que una persona se desarrolle en un deporte o explore otras capacidades físicas. Por ejemplo, cuando una persona de cuerpo grande va al gimnasio puede ser bulleada y violentada, y no solo eso, no existe ropa adecuada y de su talla para poder ejercitarse.

9. El índice de masa corporal no es un indicador de salud
El índice de masa corporal establece puntos de corte arbitrarios y con base en ellos se pretende determinar el estado de salud de una persona. Este índice fue creado hace 200 años por un matemático y no se hizo con la intención de diagnosticar salud; sus propósitos eran meramente estadísticos.

10. La industria de las dietas lucra con nuestra inseguridad corporal
La industria de las dietas genera anualmente más de 72 mil millones de dólares anuales, y su estrategia es muy simple: Nos hacen odiar nuestro cuerpo para avergonzarnos de él y poder vendernos una solución que NO FUNCIONA. Podemos pasar la vida como hamsters dando vueltas en una rueda sin llegar a ningún lado.

11. Es mucho más sano hacer ejercicio para estar en sintonía con mi propio cuerpo, y no con el propósito de bajar de peso:
Buscar el movimiento es una respuesta natural de nuestro propio cuerpo. Debemos dejar de pensar que el ejercicio solo sirve para bajar de peso o para “vernos bien”. Mover nuestro cuerpo nos conecta directamente con él. Encontrar una actividad física que nos guste ayudará a nuestra salud física y emocional.

12. Comer es un acto primitivo de placer y conexión con mi mente y mi cuerpo:
Es por esta razón, que no deberíamos sentir culpa al comer de la misma forma como no sentimos culpa al dormir. Comer y descansar son actos necesarios para tener una vida placentera y digna.

13. No existen los alimentos malos, la comida no es veneno:
Un mito que nos ha perseguido toda la vida es el dividir la tabla de alimentos en buenos y malos. El azúcar, las grasas y los carbohidratos han sido siempre perseguidos como en una cacería de brujas. La comida es comida. Ningún alimento tiene la capacidad de curarnos o enfermarnos. Como en todo, es la dosis lo que hace al veneno. Ciertamente no será saludable comer solamente alimentos azucarados todo el día, de la misma forma que tampoco será saludable comer solo brócolis todo el día.

14. Hay que romper con el ciclo dañino de las dietas:
El ciclo de las dietas es así: nos restringimos, así que comemos menos de lo que nuestro cuerpo requiere. El cuerpo no sabe que dejamos de comer porque los estándares de belleza del siglo XXI son los de personas extremadamente delgadas o atléticas. El cuerpo cree que se está enfrentando a una hambruna por lo que a largo plazo se resistirá a perder peso. Además nos mandará cada vez señales más intensas de hambre para que lo alimentemos de forma apropiada porque, naturalmente, no puede vivir en déficit.

15. Escucho a mi cuerpo cuando tiene hambre:
Las hormonas del hambre suben de forma importante cuando nos restringimos, lo cual puede ocasionar atracones de comida. Pensemos: lo mismo sucedería si dejáramos de tomar agua y solo la bebiéramos de chorrito en chorrito unas cuantas veces al día. Va a haber un momento en el que buscaremos tener un atracón de agua.

16. No todo el mundo puede ser delgado:
La diversidad corporal es parte de la naturaleza humana, que todos podemos y debemos ser delgados, como si fuera un imperativo moral. Alguna vez nos hemos preguntado ¿por qué debemos y queremos ser delgados?

17. Honro mis señales de hambre y también siento mi saciedad:
Es importante reconocer cuando tenemos hambre, pero también cuando ya no la tenemos. Todos los cuerpos son distintos en este sentido, por eso, no debemos irnos por recetas genéricas que nos dicen cuándo comer y cuándo dejar de comer. Cuando nos permitimos comer guiándonos de las señales de nuestro propio cuerpo, el balance llega solo.