“Mis hijos han aprendido que soy humana y meto la pata”: Bárbara Torres sobre ser mamá

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Como parte de nuestro especial del 10 de mayo, la actriz confiesa cómo le hace para criar a dos adolescentes y ganar su confianza

Es imposible no soltar aunque sea una carcajada cuando se platica con Bárbara Torres . Parece algo esperado por sus papeles de comedia en la televisión, pero incluso por teléfono es un placer tener una charla con ella.

No se necesitan preámbulos ni romper el hielo para conversar con Bárbara . Sus respuestas son profundas e íntimas; algunas de sus confesiones dejaron en claro que ha crecido como una persona disciplinada y estricta, pero profundamente empática.

Con sus hijos no es la excepción: “Yo entiendo que las mamás tenemos que trabajar, pero si no nos tomamos esos minutitos para escuchar lo que nos dicen nuestros adolescentes, los perdemos”. Al hablar con Bárbara es inevitable no darse cuenta que Manuel y Nacho, sus dos hijos, son sus dos compañeros de vida. Los tres forman un equipo en el que todos aprenden uno del otro.

¿Cuáles han sido las mayores lecciones que les has dado a tus hijos?

A mí mi papá me decía: “En la vida no hay que tener miedo, hay que tener precaución”, y eso es algo que yo le he enseñado a mis hijos.

Recuerdo cuando llevé a mis hijos a introducirlos a los clavados después de hacer el reality El gran chapuzón. Los llevé a entrenar cuando terminó el programa y el más chico logró aventarse de cinco metros. Pero al final ellos son los que me terminan enseñando más cosas a mí. Cuando los llevé a los clavados a mí me estaba pasando algo terrible en paralelo, y mi hijo, el más grande, en la cocina me dijo una vez: ¿Estás angustiada por aventarte un clavado de 10 metros, pero no estás angustiada por esto que te acaba de pasar?

Ellos han aprendido que también soy humana, que meto la pata y que no soy perfecta, y que hay días que estoy de mal humor y no estoy con toda la pila, pero siempre intento tener una actitud muy positiva. Yo he aprendido también a pedirles perdón.

¿Y cómo les revelas a tus hijos ese lado más humano y vulnerable?

Me pasó mucho con la muerte de mi mamá, mi hijo el más grande es muy maduro y siempre me dice cosas que me mueven muchísimo. Me dijo “Ma´, que bueno que ya no te veo tan triste como cuando murió la abuela, puedes contarnos a nosotros cuando tú también estés triste” y me puse a llorar con mi hijo. Las mamás también somos cuerpo y espíritu; es difícil, como mamá, explicar la muerte a los hijos. Yo superé el tema de perder a mi madre por mis hijos, cuando mi hijo el más grande habló conmigo fue la primera vez que dejó de verme como mamá y me vio como persona.

Pero aunque sigas viendo a los papás como humanos, siempre van a seguir siendo lo máximo para ti, tengas el tipo de familia que tengas, pero yo creo que si poco a poco vas enseñándole a tu hijo que también tienes carencias, eso hace que él se vuelva fuerte espiritualmente. Le das otras posibilidades de cómo ver a la gente en general.

Yo fui en algún momento la súper mamá, la que hace, la que arregla, que está ahí todo el tiempo, que apoya, que ayuda, etc., pero a partir de lo que pasó con mi mamá yo empecé a ver un montón de cosas, sobre noticias de la vida que tenía que darle a mis hijos; yo tuve que enseñarles que también me iba a morir. Nadie nos enseña eso, ¿sabes?, porque es una cuestión lógica, pero uno da por asumido que el hijo entiende eso. Yo hablé con mi psicólogo y le pregunté qué hacer al respecto. Me recomendó que no los abrumara con que se van a morir, pero sí que algún día en la vida ya no van a estar aquí. Uno prepara a los hijos a partir de los golpes que uno va teniendo.

Yo tuve una infancia muy linda, una adolescencia súper linda; yo creo que tengo una vida bonita, y no me refiero a cosas materiales ni nada, pero trato de que sea bonita espiritualmente, creo que todo el mundo debe tener el espíritu trabajado y no me refiero a ninguna religión. Yo creo que somos cuerpo y espíritu, y si entrenas a tus hijos a que tengan espíritus fuertes no van a sufrir horrible el día que ya no estés. Espero que mis hijos, cuando tengan algún problema, sean fuertes de espíritu y puedan resolverlo.

El trabajo me ayudó muchísimo cuando perdí a mi madre, pero era difícil al mismo tiempo porque, como sabes, tengo que hacer reír a la gente, entonces no puedo estar triste. Pero quienes me ayudaron muchísimo a superar ese golpe fueron mis hijos.

¿Cuáles son esos consejos que enseñas a tus hijos para resolver cualquier problema?

Yo creo que el primero es que no tengan miedo y dos que siempre digan lo que piensan pero con respeto. Eso me pasó en el colegio con el más chiquito; me dijo que lo regañaron pero que él creyó que había sido injusto. Hablé con la miss y ella reconoció que el regaño había sido injustificado. Yo le dije a mi hijo que primero, lo mejor es que él lo haya reconocido, porque cuando salga al mundo y tenga que responderle a un jefe o a él le toque ser un superior, va a reconocer los problemas reales. ¿Cuál es el miedo de decirle a un superior “yo no estoy de acuerdo con esto que me estás diciendo”? Yo creo que las cosas cuando están hechas con respeto, es casi imposible no escucharlas.

¿Y eres estricta?

Mucho, si no vas a trabajar, no te compras comida, no tienes gasolina, no te compras ropa, no tienes una casa, etc. A mí mi papá nunca me dejó faltar al colegio, yo te puedo decir que fui a trabajar con tifoidea a una novela de Lucero Suárez. Hasta que se dieron cuenta y Lucero me dijo por el monitor: “¿Por qué estás con esa cara Bárbara?” Y yo: “Este… tengo tifoidea”, como de costumbre me pasa, todos se rieron en el foro y me mandaron a mi casa inmediatamente.

¿Qué consejos les darías a las mamás con hijos adolescentes?

En lo cotidiano yo me divierto mucho con mis hijos. Antes que nada soy mamá, luego soy la amiga, pero no puedes perder el rol de mamá nunca. Ellos aman que yo cocine, pero en realidad se divierten porque se me queman las cosas.

Son muy divertidos mis hijos, yo di muchas clases con adolescentes y me encantaba. El grande está teniendo una adolescencia divina y el chiquito ahorita está en el proceso a entrar en esa etapa. Nunca soy la mamá que se pelea con el adolescente. Cuando te peleas con el adolescente es peor. Por ejemplo, en cosas tan tontas como si le dices “¿por qué en lugar de querer refresco no tomas agua?, ¡bueno!, ya se armó un caos. Entonces como mamá tengo que saber que no puedo gritar como él. Por Dios que me funciona cañón si no me enojo con ellos cuando tienen sus crisis.

La otra es estar mucho, hablar mucho. Yo siempre los llevo al colegio, han sido contadas las ocasiones en los que los he mandado en transporte escolar, porque es un momento diario que tengo con ellos. Les pongo las noticias, los hago razonar sobre los temas de la actualidad, a que puedan entender las diferentes formas de pensar de la gente. Procuro contestarles siempre cuando me hablen ellos, siempre, al menos que esté en escena me espero al break, pero les marco de regreso. Tienen la confianza de marcarme al punto que mi hijo el más grande me ha llamado para decirme “ma´ estoy triste”.

Yo entiendo que las mamás tenemos que trabajar, pero si no nos tomamos esos minutitos para escuchar lo que nos dicen los adolescentes, los perdemos. Escucha su soledad, escucha su tristeza; hay incluso campañas anti consumo de drogas, en la televisión, que promueven el simple hecho de escucharlos. Aunque regrese muerta estoy ahí como una estaca con todo lo que me van a decir mis hijos.

Hablar con ellos hace que me tengan confianza, hay compañeros de mis hijos que me cuentan cosas a mí que a sus papás no les cuentan. Cuando daba clases en un colegio en Argentina, en la clase de Pedagogía Teatral, había un chavo que tenía muchos problemas en la escuela, yo les pedí que me dieran chance de darle clases de actuación. Me dieron permiso y en una ocasión me disfracé de Santa Claus, a este chavo lo querían correr del colegio pero yo les pedí que me lo dejaran en la clase. Un día estaba en una cafetería en Argentina, muchos años después, y se me acerca un chavo y me pegunta “¿No te acuerdas de mí?, soy Federico, el chavo al que ayudaste en el colegio esa vez que te disfrazaste de Santa Claus y gracias a ti aprendí a no escuchar lo que me decían los demás y a salir adelante”. No sabes lo importante que ha sido ese momento para mí en la vida.

A veces como papás estamos tan ocupados por mantener bien a nuestros hijos, que no nos damos cuenta que hay que escucharlos. Un “¿qué tienes?” cambia todo y te mueve muchísimo en la vida.