Ignacio López Tarso, una entera vida en los escenarios

El primer actor trabajó con Luis Buñuel en el cine y con Ernesto Alonso en la televisión; recibió un Premio Ariel y un TVyNovelas
Por: Erik Solís
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Ignacio López Tarso falleció la tarde del sábado 11 de marzo a los 98 años luego de permanecer una semana hospitalizado tras presentar un cuadro grave de neumonía que se le complicó con sus padecimientos previos como insuficiencia renal, cardiaca y pulmonar.

La familia aseguró que el primer actor murió rodeado de sus seres queridos y el cariño de su público.

El protagonista de “Macario” fue una de las estrellas de la época de oro del cine mexicano con una amplia y multipremiada trayectoria en el cine, teatro y televisión, que a continuación te presentamos.

Cuando era joven, Ignacio López Tarso estudiaba para convertirse en sacerdote cuando uno de los padres le dijo que creía que no tenía vocación, que debería dedicarse a otra cosa. Ante esto, decidió dejar su formación y trasladarse a la Ciudad de México para estudiar Arte Dramático en la Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Este sería el primer paso que el actor daría para convertirse en uno de los intérpretes mexicanos más aclamados, con 71 años de carrera.

Sentado en el escritorio de su estudio personal, rodeado de obras de Shakespeare y de premios personales, el primer actor Ignacio López Tarso recibió a Las Estrellas en agosto de 2019 para rememorar su carrera artística.

“La escuela estaba en el tercer piso del Palacio. Qué mejor que el teatro de Bellas Artes para iniciarte ahí, era el gran honor”, expresó el hombre de 93 años, quien portaba una guayabera y pantalón blanco.

El entonces joven decidió que quería representar todas aquellas lecturas que realizaba sobre los textos de Shakespeare y los clásicos griegos: “Me inicié haciendo grandes obras y personajes. Ahí hice Hipólito, de Euripides, dirigido por Salvador Novo en 1949; Macbeth, de Shakespeare, con Isabela Coronal, la mejor actriz que podía existir en esa época”.

Con el papel protagonista de la obra ‘Moctezuma II’, de Sergio Magaña, alcanzó el pleno reconocimiento profesional. A partir de ese momento, se convirtió en un actor imprescindible en las obras de los dramaturgos Emilio Carballido, Luisa Josefina Hernández y Sergio Magaña.

“En el teatro he pasado los mejores momentos de mi vida, pero también en el cine y la televisión he hecho cosas que me han gustado mucho”, sentenció.

Para el actor, fue un privilegio presentarse, en el verano de 2019, en la puesta en escena ‘Una vida en el teatro’, en la que compartió créditos con su hijo Juan Ignacio Arana.

“Yo quería hacer una obra en la que estuviéramos los dos solos y encontré este texto del escritor norteamericano David Mamet, una obra que, sin saber, la estaba escribiendo para mí. La leí, dije, 'Esta es la obra que ando buscando para hacerla con Juan Ignacio, mi hijo', y el autor nos dio la libertad de hacer una adaptación de la obra”, dijo.

Macario y los personajes memorables de López Tarso en el cine

Fue en la década de 1950 cuando Ignacio López Tarso comenzó a trabajar en el séptimo arte. “Por ahí dicen que no hay papeles pequeños para los actores, ningún papel pequeño y yo digo, ‘cómo no’, esos personajes minúsculos, llamados beats, que apenas te ves, para eso hay gente para hacerlos. Yo no nací para hacer esas intervenciones”, dijo sin revelar el nombre del primer largometraje en el que actuó.

Las primeras películas reconocidas en las que participó fueron La desconocida, de 1954; Chilam Balam, de 1955; Feliz año, amor mío, de 1957 y Vainilla, bronce y morir, de 1957.

Otra de sus primeras participaciones la hizo con el icónico y reconocido cineasta español Luis Buñuel, en Nazarín, de 1959.

“Fue una película difícil, un personaje muy breve, una escena buena, es un reo que va con Nazarín. Alguien lo agrede, lo defiendo, él dice algunas cosas sobre su vida, yo le hablo de mi vida personal”, describió.

Al volver atrás y tener un recuerdo con uno de los más grandes cineastas de la historia comentó que: “fue poco tiempo, una sola película, poco tiempo de convivir con Buñuel, era un hombre muy para adentro, muy difícil.

“Sus indicaciones fueron muy exactas, muy precisas, hice todo lo que me pidió, quedó satisfecho, hice lo que me pidió, me dijo ‘muy bien’, estás muy bien cara”, aseguró.

Al terminar ‘Nazarín’, pensó que no volvería a ver a esta leyenda del cine, pero gracias a que ambos mantenían una buena relación con el director Álvaro Custodio, López Tarso volvió a ver a Buñuel.

“En la casa de Álvaro Custodio tuve la oportunidad de conocer más a Buñuel. En ese entonces yo tomaba Martini, que es muy buena ginebra, con unas gotitas de un licor francés muy seco y una aceituna tal vez. Yo presumía que preparaba los mejores martinis”, dijo.

En ese momento llegó el español a decirle a los invitados que les iba a preparar unas bebidas, para que supieran cómo se hacían, a lo que el actor mexicano le dijo que lo estaba haciendo mal, porque “lo estaba mezclando demasiado con hielo y le estaba quitando el sabor a la ginebra con tanto hielo. Ahí discutimos, sabíamos que yo hacía los mejores martinis y la pasamos muy bien”.

Con la meta clara de dónde quería llevar su carrera, aseguró que si no le empezaban a dar buenos personajes, no regresaría a hacer cine. Y esa fue su sentencia hasta que vino Macario (1960).

“Un día Gabriel Figueroa (cinefotógrafo) me llegó con el libreto de Macario y me dijo: ‘Qué personaje y qué película’. Yo conocía esta trama porque es una historia de tradición oral de México, del siglo XIX, estaba muy bien tratado el guion”, recordó.

Con emoción, el actor revivió ese instante con entusiasmo, el mismo cuando vio el guión, el cual pronto leyó y memorizó sus diálogos.

La estrella aseguró en su momento que le debía mucho a Figueroa porque lo apoyó en su carrera en el cine: "El 90 por ciento de las películas que yo filmé las fotografió afortunadamente él, porque era un gran tipo, era una persona maravillosa, un amigo extraordinario, sabía de todo lo que había que saber en la fotografía. Las grandes películas siempre tenian a Gabriel Figueroa en la fotografía”.

Esta fue la primera película en la que trabajó con el director Roberto Gavaldón, un personaje a quien aseguró respetar cada una de sus decisiones. Así lo recordó, como si fuera ayer.

“Qué por qué le pusieron esa carga de madera a López Tarso, ¿por qué no veo el esfuerzo? Que, porque le pusimos madera de balsa señor, para que no le pese tanto, ah no, le tiene que pesar, yo quiero ver el esfuerzo en el cuello y en las piernas. No, no, no, le vamos a poner madera, leños y ahí me cargaron 25 kilos en la espalda y le di la razón”, recordó.

Más adelante llegaron proyectos importantes como El hombre de papel (1963), El gallo de oro (1964), entre otras historias que pasarían a la historia del cine mexicano.

El primer actor aseveró que el mejor director mexicano que lo dirigió fue Roberto Gavaldón: “Con él he hecho mis mejores películas, me parece un director muy sabio, un hombre que sabe mucho de cine, porque hace de todo, comenzó desde abajo”.

Algunas de las películas que disfrutó hacer con él fueron La rosa blanca, Días de otoño, entre otras.

Ignacio López Tarso ganó el Premio Ariel por su actuación en La rosa blanca en 1961, la película se ubica en la hacienda de Jacinto Yáñez, Veracruz, erigida en medio de terrenos de compañías petroleras extranjeras, que intentan por todos los medios deshacerse del legítimo propietario.

Además, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó un reconocimiento especial por su trayectoria y aportación en el séptimo arte en 2007.

Las telenovelas de época, lo que más disfrutó

López Tarso era uno de los actores que considera que los castings no eran un buen referente para saber si un actor era bueno para un papel o no.

“No me gustan los castings, nunca voy a esas pruebas que le hacen a los actores, tal vez, me he privado de hacer algunas participaciones en el cine norteamericano, porque yo no acepto eso, a mí no me gusta, donde te dan un cacho de texto y te dicen apréndetelo. Esa no es la manera de probar la capacidad o el talento de un actor así”, aseveró.

Entre la década de 1950 y 1970, la estrella se encontraba en un momento de su vida donde estaba descubriendo nuevos escaparates para exponer su talento, entre ellos la televisión, donde descubrió grandes personajes que también serían recordados con el paso de la historia.

“He trabajado con Televisa desde que se inició en la Lotería Nacional, donde doña Brigida Alexander (madre de la primera actriz Susana Alexander) me invitó a participar en los primeros días cuando empezó a funcionar la televisión, ahí con unas camarotas enormes que daban vueltas, unas camarotas gigantescas”, dijo.

Mientras rememoraba esos pasajes de su vida, sus ojos se llenaron de alegría. “Ahí estuve, en el inicio de la televisión, con el padre de la televisión, que fue don Emilio Azcárraga Vidaurreta. He estado con los tres Emilios, he hecho mucha televisión y muy buena”, aseveró.

Uno de los pasajes que más disfrutó en su vida, fue realizar melodramas de época, aquellas donde sus tramas remontaron al televidente a épocas en las que nunca imaginó estar.

“Sobre todo, telenovelas históricas como El carruaje, sobre el peregrinaje de Benito Juárez en un carro tirado por caballos por toda la República, cuando anduvo perseguido, donde no hallaba dónde establecer el gobierno, él andaba corriendo de ciudad en ciudad”, recordó.

‘El carruaje’ fue una telenovela que vio su transmisión en 1972, donde el actor compartió créditos con leyendas de la actuación como José Carlos Ruiz, María Elena Márques, Carlos Monden, Mario Almada, entre otros.

Más tarde, llegaron otras historias que lo marcaron como La trampa, de 1978 y Senda de gloria, de 1987, en la que grabó por más de un año.

“La grabamos en los llanos de Apan (que se encuentran entre los estados de Puebla, Tlaxcala y el Estado de México) con un clima terrible, cabalgando en las noches con lluvia, había días, realmente peligrosos y pesados, en los cuales, los caballos se hundían en el lodo hasta el pecho, los caballos se ponían muy nerviosos y teníamos que llegar a un sitio exacto, era divertido y la pasé muy bien”, recordó.

‘Senda de Gloria’ fue una telenovela de Ernesto Alonso, que contó con la dirección de Raúl Ariza y reunió a un extraordinario elenco conformado por Eduardo Yáñez, Julieta Rosen, Blanca Sánchez, José Alonso, entre otros.

La historia comienza en 1916, con la Revolución Mexicana llegando aparentemente a su fin. El General Eduardo Álvarez y su familia esperan la llegada del tren en la estación y allí conocen a ‘Manuel’, joven empleado ferrocarrilero quien tiene un papel importante en sus vidas.

En 2011, el actor participó en El encanto del águila, una serie producida por Televisa, en la que a través de 13 capítulos se habló de los acontecimientos que marcaron la época de la Revolución Mexicana.

“Interpretaba a Porfirio Díaz, me gustó mucho la caracterización, enterarme de su vida y su mandato como presidente de la República, que tiene cosas magníficas a su favor, que su permanencia en el gobierno no fue correcto, permaneció más de lo que debía, entonces cometió ese grave error de aferrarse al poder”, dijo.

Otras historias en las que destacó fueron Imperio de Cristal, de 1994; Esmeralda, de 1997; La mal querida, de 2014 y Amores con trampa, de 2015.

El actor cuenta con un Premio TvyNovelas dedicado a su extensa trayectoria en los melodramas, el galardón fue entregado en 2011.

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La música llevó a López Tarso a recorrer México

López Tarso aseguró que también incursionó en la música. “He hecho todos los personajes que he querido, me he dado el gusto de grabar discos de corridos, me he vestido de charro, 10 años de mi carrera como actor se los dediqué acompañado de un mariachi”.

Entre la década de 1980 y 1990, el actor grabó varios materiales discográficos con corridos como sobre Zapata y Villa, entre otros que hablaban de la vida política de México. La música lo llevó a recorrer toda América Latina y Estados Unidos.

Ignacio López Tarso será recordado por ser un actor que entregó su vida a la actuación, para que millones de personas pudieran soñar con las entrañables historias que protagonizó en el cine, el teatro y la televisión.

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