“El Tacón”: la taqueería para comer y ser, sin culpas ni juicios

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Conoce a Artemisa, la drag queen que en pandemia reinventó la comida callejera mexicana y la convirtió en un "Tacón Bichota"

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Suena el despertador a eso de las seis y media de la mañana. Santiago sabe que Artemisa requiere mucho tiempo de preparación. Se mete a bañar, se rasura y comienza el verdadero proceso: taparse la ceja, llevarse de tres a cuatro horas maquillándose para luego montarse la peluca y comenzar a ponerse las esponjas en el cuerpo. Las esponjas le ayudan a dar volumen en ciertas zonas, especialmente las caderas y los glúteos. Después sigue la vestimenta, la cual planea con mucho cuidado para que el resultado sea un look completamente nuevo y único.

Se escucha cómo la punta de sus zapatos de tacón golpea cada escalón para bajar a la cocina, donde yace la freidora, la fiel cómplice de Artemisa. Juntas, hacen magia con el aceite para preparar los pedidos de “El Tacón”, la taquería drag que nació a finales del año pasado, cuando entre croquetas de gato, macetas y una pandemia, vino a su cabeza Artemisa, su personaje drag.

Una freidora, una drag y mucha creatividad

“Artemisa salió de la tesis que hice para la carrera, pero poco a poco fue cobrando vida propia” puntualizó Santiago. Aunque su 'yo' drag llevaba cuatro o cinco años existiendo, fue hasta este momento que pensó que, quizás, podría fungir como una increíble cocinera, ¿el producto? un híbrido entre un burrito y una chimichanga, relleno de deliciosos y variados ingredientes que darían vida a sus hoy famosos ‘taqueers’.

Ahí, en un rincón de la colonia Américas Unidas, al sur de la Ciudad de México, se encuentra la cocina en la que día a día, Artemisa reinventa dos de los favoritos de la cocina mexicana. Es un espacio pequeño pero acogedor, envuelto en paredes con pósters, un abanico con el nombre del negocio, y un árbol para gatos en cuya cúspide caen dos banderas: la del orgullo LGBTIQ+ y la del orgullo Trans, ambas colgadas como una especie de tendedero que al estar frente a la ventana, se iluminan con cada intento de luz que entra.

“Los primeros tacones que hice fueron de tinga de jamaica y de chorizo. Se los empecé a dar a mis amigos y a mi familia y me di cuenta que a ellos les gustaba, pues era algo casero y muy rico”, contó el joven de 27 años, quien se asume como persona no binaria fluida y a quien te puedes dirigir como Santiago o Artemisa por igual. La voz se fue corriendo, sobre todo entre miembros de la comunidad LGBTIQ+, y los tacones fueron cobrando más fuerza. De pronto, tuvo que aprender a distribuir sus tiempos y espacios para cumplir con los pedidos que eufóricamente recibía por redes sociales.

El éxito detrás de los taqueers

La ‘dark kitchen’ (cocina escondida) como le llaman al concepto de dar un servicio de comida sin un local físico, funcionaba de maravilla, pues en un contexto en el que el enemigo estaba fuera de casa, el hecho de que se pudiera ordenar y recoger el pedido en auto, o bien, pedir que alguna plataforma en línea lo llevara a tu domicilio - aunado a la explosión de sabores en cada mordida- cautivó a más de uno. “Creo que mi sazón viene de familia. Vengo orgullosamente de un matriarcado, y a las mujeres de mi familia siempre se les dio cocinar. Mi abuela y mi mamá cocinan delicioso”, recuerda Santiago.

Aunque Artemisa hacía algunas apariciones esporádicas para entregar pedidos, Santiago sabía que si quería reforzar su concepto de taquería drag, debía empezar a enseñarle a la gente cómo, la fusión de ambas, podía brindarles una experiencia de sabor e inclusión nunca antes vista. Fue así que Artemisa comenzó a instalarse, dos veces al mes, en distintos puntos de la ciudad para cocinar sus famosos tacones: el “Bichota”, con arrachera, el “Miss Piggy”, con cochinita pibil, el “Diabla”, con chorizo, y por supuesto, las “arracadas”, como llama a los aros de cebolla. Si alguien se quiere consentir de más, Artemisa también prepara unos suculentos “chilaqueens”, mismos que se sirven en frasco y contienen su aclamada tinga de jamaica.

El equilibrio que Santiago encontró entre el burrito y la chimichanga, más su sazón, y la pasión que imprime en cada uno de sus pedidos, han sido importantes componentes del éxito que ha gozado este 2021. Sin embargo, lo verdaderamente valioso para Santiago no está en el fruto económico, sino en el impacto social que esto genera, o bien, que le gustaría que llegara a generar.

El mundo que "El Tacón" quiere construir

“Me perturba mucho cuando la gente no quiere comer algo que se le antoja solo porque va a engordar. La comida te debe empoderar, te debe hacer sentir bien, no culpable. Entonces, imagínate, qué padre comerte un tacón Bichota porque te sientes Bichota; está increíble, ¿no? Se trata de sentirse bien porque te comiste un tacón delicioso y lo disfrutaste”, asegura Santiago entre risas.

Un ‘Miss Piggy Deluxe’ no sabe a pulled pork, sabe a la tranquilidad de estar disfrutando algo delicioso, en un lugar seguro y abiertamente LGBTIQ+. Un crujido de las ‘arracadas’ no suena a fritura, suena al placer de cumplir con un antojo y sentirte bien llenando tu estómago y sí, tu corazón. “Imagina un mundo donde en vez de preocuparnos por no engordar y encajar en estereotipos, hagamos las cosas porque nos hacen feliz”.

De ahí que su sueño sea poner un local y materializar todas estas sensaciones, empezando por una, la erradicación de la culpa. El Tacón busca que dejes de sentir culpas por todo: por comer, por ir vestido como tú quieres ir vestido o por ser como eres. En su imaginario esta taqueería será un lugar que te permita comer, vestir y ser, sin que te lluevan juicios por ello. De hecho, Santiago afirmó que le gustaría que su local estuviera en alguna de las colonias más conservadoras de la ciudad, lejos de donde se concentran todos los espacios destinados a la comunidad. “Quiero que en El Tacón puedas comer rico e ir con libertad con tu novio, novia o novie, a plena luz del día, no en la madrugada cuando nadie te ve” señaló.

La revolución interna de ser drag

A Santiago, Artemisa le ha brindado otra manera perfecta e increíble de ser; una ventana a tener más empatía y sensibilidad con las personas, sobre todo mujeres. Ponerse tacones y pintarse con sombras de colores, le da cierta energía distinta a la del Santiago del diario. “Cuando salgo en drag, me siento vulnerable, pero es ahí de donde nace el empoderamiento, de hacerte de armas para no sentirte así” explica.

El aprendizaje más grande que para Santiago y Artemisa ha traído esta experiencia, ha sido no desconfiar de sus habilidades y reafirmar que los sueños no tienen que ser algo que se guarda desde niño, sino algo que llega a medida que tu espíritu crece y se transforma. “He aprendido a no detenerme, a aventarme. Si el Tacón no dura mucho, bueno, al menos lo intenté; jamás me sentiría mal porque yo sé que lo hice con la convicción de que la comida mexicana necesita algo LGBTIQ+, y la comunidad LGBTIQ+ merece más comida mexicana, libre y segura”.