Un rostro de ángel

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Catita le muestra una nueva forma de vivir a Charito, quien ha sido prostituta desde pequeña

Charito tiene 17 años y desde los once ha conocido una sola vida, la de la prostitución, ya que su abuela Goya la metió en eso para que se mantuvieran y siempre le hizo saber que el servicio sexual era un trabajo como cualquiera; por lo tanto, Charito no sabía que al vender su cuerpo ella se devaluaba.

Charito conoce en un parque a doña Catita, una señora distinguida y de buena familia que tiene demencia senil y a quien le ayuda a llegar a su hogar. Catita, a su vez, le mostrará otro tipo de vida a Charito, quien se enamora de Maximiliano, nieto de Catita, pero teme que se enteren que ella es prostituta.