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Leticia Calderón confiesa que le costó trabajo entender que su carrera le haría perder la privacidad

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La actriz de 'Imperio de Mentiras' confiesa que por sus hijos sí le afecta cuando la prensa disfraza la verdad

Leticia Calderón se robó nuestros corazones cuando apareció por primera vez en las telenovelas al lado de Lucero, en "Chispita" (1982). Poco a poco, se fue abriendo paso en producciones televisivas mexicanas de alto calibre, hasta conseguir su primer protagónico en 1987 en el melodrama "La indomable", donde le dio vida a una mujer arrogante y caprichosa.

Le siguieron "Yo compro a esa mujer", "Valeria y Maximiliano", "Esmeralda", y, en en el 2008, dejó a todos boquiabiertos al darle vida a un personaje sin precedentes en su carrera: encarnó a una mujer perversa y maquiavélica en la telenovela "En el nombre del amor"; la ‘tía Carlota’.

Si algo resume su carrera, es que ha dado vida a mujeres poderosas, que no dejaron de luchar por sus ideales, y actualmente hace lo suyo en "Imperio de Mentiras" . En exclusiva, la actriz cuenta cómo ha aprendido a nivelar la vida pública con la privada y confiesa que le costó mucho trabajo entender que la carrera de actriz conllevaba perder la privacidad: “Nadie te lo cuenta así, nadie te lo dice. Los disfrazan de fama”, sentencia.

Esto la hace rememorar los problemas que tuvo con su familia al inicio de su carrera, pues su padre estaba un poco celoso y rejego a que fuera actriz: “No le tenía mucha confianza al ambiente. Un día salí con mi hermano a un evento y yo siempre decía que él era mi hermano: ‘Es mi hermano Mario, mi hermano’. Poco después, en una revista publicaron: ‘El nuevo novio de Leticia Calderón y no quiso decirnos su nombre’. Ahí fue cuando mi papá entendió que así es eso”.

Al respecto, Lety confiesa que es algo “paradójicamente frívolo”, pues en un momento te atacan o te castigan o te crucifican por algo que para ellos hiciste, aunque no lo hayas hecho: “Y pocos meses después la gente no se acuerda quién eres”. Pero, en el fondo, eso no le preocupa demasiado, eso la hace ser una mujer más feliz.

Claro que con sus hijos, Luciano y Carlos, sucede algo diferente, y en ese aspecto sí le afecta y le duele. “Ellos se preguntan muchas cosas y se dan cuenta porque ellos están viviendo su realidad y es mi versión de las cosas. Ellos saben lo que pasó, entonces cuando otras personas hablan diferentes cosas o quieren disfrazar la verdad, ellos no entienden”.

En pocas palabras, la actriz sabe que no es ‘monedita de oro’ y que en algunos casos ha llegado a hablar de más, pero todo consiste en afrontar las consecuencias de sus actos, pues eso la hace más humana.

“Soy un ser humano que necesita flaquear. Tengo mis errores, sé reconocerlos. Jamás he tapado cuando cometo un error o cuando no digo algo apropiado. Por lo menos siempre hablo con la verdad, puede no gustarte lo que pienso u opino. Hay muchas veces que no sé quedarme callada”.

Por eso en Leticia no hay señales de coraje, sino de seguridad; los 38 años de carrera y la educación que recibió de su familia la han hecho la mujer fuerte que es hoy en día.

“La fama es tan efímera y te puede elevar a veces a un grado que pierdes la noción, pierdes amigos, pierdes objetividad y te quedas sola si no lo sabes manejar”, concluye.