Blanca es una mujer cálida, amorosa, persuasiva y sensible. Ella estaba ‘chapada a la antigua’, con una educación en la que siempre se debe respetar al marido, y a la suegra aún más, pero ahora ha intentado dejar atrás esa formación cerrada y aceptar que su hijo Robert y su hija Daniela tienen matrimonios que se rigen bajo sus propias reglas.

Blanca lleva una muy buena relación con su suegra Imelda; ha aprendido a quererla y a verla como una amiga -casi como una madre-, habiendo dejado atrás el pasado, cuando Juan Pablo estaba perdido e Imelda le hizo la vida imposible y la responsabilizó de lo sucedido.

Para Blanca, todavía es un sueño haber recuperado a su hijo Juan Pablo. Ella vivió durante 34 años con culpas y angustias al no saber cómo y dónde estaba su hijo. Ahora que Blanca, una mujer de mucha fe, tiene nuevamente a Juan Pablo en su vida, no termina de agradecerle a Dios y a la vida que se lo hayan devuelto. Finalmente, ha conocido la felicidad verdadera.

Como buena mujer que tiene la sartén por el mango, Blanca es muy territorial y pasó de convertirse en una casera metiche a una suegra invasiva (así la catalogó Julieta), pero no lo hacía con mala intención, sino con el objetivo de estar presente en la vida de su hijo.