¿Regresar a la escuela en línea o darle año sabático a tus hijos? Expertas desmenuzan el dilema

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Una educadora y una psicóloga revelan cuáles son las ventajas y desventajas de sacar a tu hijo de la escuela este ciclo escolar

En materia educativa y pedagógica, la pandemia por coronavirus en México puso los reflectores sobre la falta de un sistema educativo integral, que no sólo funcione en las aulas y para ellas, sino que también abrace un seguimiento y estimulación en casa, a cargo de los padres o familiares de los pequeños.

Por eso, el anuncio del nuevo ciclo escolar en una modalidad en línea y televisada (a través de las televisoras nacionales como Televisa, Imagen y Grupo Multimedios) puso en jaque a no pocas familias, que ahora se hallan frente a un debate confuso y complicado: ¿Dejar a los niños inscritos en su grado correspondiente o darles un año sabático?

El dilema surge, principalmente, de tres factores: los niños ya están cansados y fastidiados de estudiar en línea, a través de una computadora y sin un maestro presencial, lejos de sus compañeros de clase; los padres no se sienten preparados para convertirse, de la noche a la mañana, en maestros en casa y guiar su educación para que no se retrasen y, finalmente, el dilema económico, pues sacarlos del colegio implica un ahorro en tiempos de incertidumbre.

Una reserva significativa si tomamos en cuenta que, de acuerdo con la Dirección General de Estudios sobre Consumo, de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco ), en la Ciudad de México la educación preescolar privada puede ir desde los $1,406 hasta los $12,000 pesos, mientras que la primaria privada oscila entre los $16,600 pesos hasta los $251,660 por todo el ciclo escolar.

En ese sentido, recientemente la Secretaría de Educación Pública hizo un llamado a las escuelas particulares para que sostengan un diálogo con los padres de familia con el objetivo de conciliar el pago de las colegiaturas. “La SEP solicita que ambas partes tengan un acercamiento para acordar los pagos de inscripciones, reinscripciones, colegiaturas y demás conceptos, considerando que la pandemia por covid-19 afecta a todas las familias, las escuelas y al personal académico, por lo que es imprescindible que todos sean solidarios”, escribió en un comunicado.

Sea cual sea el dilema principal de tu familia, para ayudarte en ese debate, y en caso de que te decidas por darle un año sabático a tus hijos, Las Estrellas consultó a expertas y conocedoras en la materia para guiarte en esta encrucijada y resolver la pregunta esencial: ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de esto?

Para empezar, los testimonios coinciden en algo: un año sabático no es tiempo perdido ni desperdiciado si se toma en cuenta, en todo momento la pregunta esencial; ¿a qué y cómo voy a destinar el tiempo de mi hijo?

Así lo piensa la educadora Brenda Quesada, quien fue maestra de preescolar por poco más de 10 años hasta que decidió dedicarse de lleno al homeschooling. Para ella, lo más importante es definir en qué va a consistir ese “año sabático”, pues muchas personas pueden pensar que se trata de un “año libre” y ya está; sin escuela y sin estudio.

Por eso resulta primordial determinar para qué destinarán ese tiempo, pero siempre tomando en cuenta que no descuidar el desarrollo cerebral y aprendizaje es imperativo, pues es la única forma en la que un periodo de este tipo no resulte en desventajas considerables.

“Si el niño permanece haciendo cosas, aprendiendo, podría ser un año muy valioso e importante para ellos, pues son cosas que antes no tenían tan presentes”, explica la educadora.

En esto coincide María Lara, psicóloga clínica y psicoanalista en la Ciudad de México, quien explica que la desventaja más palpable de sacar a los hijos de la escuela es que estos podrían perder el hilo del aprendizaje y de las rutinas, pues tanto ellos como los padres están acostumbrados a que se despierten a horas determinadas, con un lugar de estudio y aprendizaje delimitado, a que tengan tareas y horarios tanto para las materias como para el descanso.

Por su parte, Brenda cita al médico estadounidense Glenn Doman, quien en su libro Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé, explica que los primeros seis años de vida son los más importantes para lograr ese desarrollo del que habla; aprender cosas nuevas, habilidad que en la adultez se verá beneficiada o perjudicada.

“El año sabático también puede ser una oportunidad para enseñarle a los niños todo lo que no les enseñan en la escuela, que es a ser humanos. Aprender a ayudar al prójimo, a estar en casa, a cocinar, a valerse por sí mismos, a sentarse a ver cómo los padres trabajan para aprender que hay oficios, que hay tiempos determinados para hacer las cosas. Todo esto se basa en el método Montessori, cuya premisa básica consiste en que los niños adquieran esos conocimientos prácticos antes que los académicos; es decir, conocer al mundo primero”, explica Quesada.

Esto también va de la mano con la visión de Lara, quien resalta el compromiso que los padres deberían tener para evitar que los niños se “aflojen”, y por ello también recomienda aplicar una enseñanza tipo Montessori en casa, que tal como explica Andrea Parodi, licenciada en Educación Inicial, en un artículo de Perfil , consiste en “centrar el aprendizaje en el niño, en sus intereses, integrando el desarrollo individual de cada uno con los materiales que lo rodean”.

Lo recomendable, según Lara, sería entonces dar a elegir al niño un tema que el menor quiera aprender ese día o en ese momento y proporcionarle el material adecuado para que él solo investigue y aprenda por sí mismo (en el caso de aplicarse durante un año sabático, no tendría que ser forzosamente sobre materia de escuela, sino sobre temas o disciplinas diversas) algo que le permitiría acceder a una libertad de conocimientos, lo que pocas veces sucede en una escuela.

Así, poco a poco, los adultos tendrían que convertirse en guías entre el pequeño y el ambiente, mismo que “debe estar libre para moverse, tocar, hacer y experimentar. Los adultos deben guiar su independencia e imaginación para su desarrollo. Cada niño debe aprender a observar, explorar y cuestionar”, explica Parodi.

Respondiendo a otra de las preocupaciones que tienen los padres frente a esta nueva modalidad de estudio, pues con sus propios trabajos consideran que no tienen tiempo suficiente para dedicárselo a los hijos y que estos aprendan, quizá este también sea un buen momento para romper con los esquemas de enseñanza tradicionales, que implican que los niños estén sentados una gran parte de la jornada de estudios, leyendo libros y haciendo planas y planas.

En ese sentido, Quesada afirma que un buen camino es enseñarles de forma práctica, incorporando los conocimientos a las actividades diarias (ejemplo: mientras la sopa se está cocinando, pueden traer a flote el tema del ciclo hídrico) e impulsarlos a que tomen el hábito de la lectura, de la investigación, hasta que sean autodidactas y que empiecen a hacer actividades que no impliquen un acompañamiento permanente y absoluto de parte de los padres o tutores.

“La educación del niño se debería basar en lo que ellos tengan ganas de aprender, lo que verdaderamente les interese, no en lo que yo quiero que ellos aprendan”.

Esto podría resolver una de las grandes interrogantes del momento (especialmente hecha por personas que recién perdieron sus trabajos, que tienen contratos inciertos o bien que les recortaron el sueldo por la pandemia), pues queda claro que : ¿Vale la pena ahorrarme ese dinero? En este sentido, la respuesta sería un sí rotundo. Claro, siempre y cuando se tomen en cuenta todas las recomendaciones y consejos arriba mencionados.