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Esto es lo que pasa cuando eres muy escéptico y vas a una lectura de tarot

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En la víspera de fin de año se nos encomendó a un grupo de periodistas visitar algún tipo de oráculo. Esto fue lo que aprendí en el proceso.

De un tiempo para acá, todo el mundo habla de los horóscopos como si de pronto un día el espíritu de Walter <b>Mercado</b> los hubiera poseído. Las redes sociales y las conversaciones del día a día están inundadas de gente que, con solo verte, puede “adivinarte” el signo zodiacal , el ascendente y casi, casi, hasta la hora en que naciste.

Pareciera que este “rollo místico” es ahora una moda de la que todos quieren hablar, a veces me siento entre un mar de gente que recomienda la lectura de manos o de cartas, el reiki y demás “terapias alternativas” como si fueran pastillas para curar la gripe y estuvieran cien por ciento seguros de que funcionan.

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Cada quien es libre de creer lo que se le pegue la gana. En mi caso, crecí escuchando sobre el respeto que se debe tener por las cosas místicas. Nunca miedo, pero sí respeto. Mi mamá aprendió a leer las manos hace muchos años, su madre se encargó de enseñarle. Sé que en mi familia, por parte de mi mamá, venimos de una larga línea de mujeres que, de una u otra forma, se han dedicado a tratar de ayudar y sanar a la gente usando métodos poco tradicionales.

Seguramente yo era la siguiente en esa línea para aprender todo esto, pero mi terquedad, mi amor por llevarle la contra a mis padres, y mi necesidad por buscar el sentido lógico en todo, me llevaron a ignorar ese “toque mágico”.

Por eso, cuando en mi trabajo surgió la idea de aventurarnos a buscar a especialistas en estos temas, de inmediato me convertí en una candidata perfecta para el proyecto; digo, ¿quién mejor que la persona que vive rodeada de eso pero se niega a aceptarlo como parte de su realidad?

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La terapia que elegí fue una “lectura psicológica” con el tarot de Marsella , uno de los más antiguos del mundo, de hecho, muchos de los que se usan en la actualidad, derivaron de ese. Data del siglo XV y, aunque había quedado un poco olvidado, en 1994 Alejandro Jodorowsky y el maestro de las cartas, Phillipe Camoine, les volvieron a dar vida, usando cartas antiguas y trayendo de vuelta los diseños y personajes originales.

Debo admitir que cuando leí el nombre de Jodorowsky en la descripción de las cartas, lo primero que pasó por mi mente fue “¿qué negocios tiene ese señor restaurando tarots perdidos? Después de pensarlo mucho, la lectura psicológica me siguió pareciendo la opción más acercada a la realidad, dije “si no le atinan a nada con las cartas, al menos me servirá como una especie de terapia y podré contarle mis problemas a una desconocida por un rato”.

La lectura

El día que fui a casa de María, la especialista en este tipo de lecturas, pasé todo el camino dibujando en mi mente cómo sería el lugar y preguntándome si estaría tapizado de imágenes y figuras extrañas; imaginé el fuerte olor a incienso, y deseé con todas mis fuerzas que nada de lo que pasaba por mi cabeza fuera real. El cuarto era completamente opuesto a como lo imaginé: nada de cuadros extraños ni aromas insoportables. Además, María resultó ser una persona muy amable, aún cuando le dije que iba en plan escéptico, se mantuvo buena onda y sonriente, y eso me inspiró mucha confianza.

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Le conté que me cuesta trabajo creer en las cosas relacionadas con el horóscopo y el tarot; le expliqué también que en gran parte se debe a que mi mamá lee las manos y las cartas, y que, como siempre me dice cosas bonitas, siento que me está mintiendo… porque es mi mamá y ni modo que me diga cosas horribles de mi futuro, ¿no?

María me contó un poco sobre el tarot de Marsella, me aclaró que su lectura no se trata de decirme mi futuro, sino de hablar de dónde estoy ahora, qué pasó para que llegara a esto y las cosas en las que necesito trabajar para pasar a lo que sigue. Luego me pasó las cartas para que fuera yo quien las barajara. Una vez que las revolví, me pidió poner mis manos sobre ellas y hacerles una pregunta.

Después de haber pasado 5 meses sin empleo a principios de año, la única cosa que me vino a la mente fue mi trabajo, no tanto como pregunta, sino como tema importante para mí.

Las cartas fueron acomodadas en la mesa, formando una especie de triángulo. María me explicó que yo tendría que abrir mis cartas, empezando por la parte de arriba. La primera carta, "El Sol", está ilustrada con dos pequeños niños jugando, precisamente, abajo del sol. Este arcano simboliza el éxito, el renacimiento y la eternidad.

La explicación de María sobre la carta fue que este año, para mí, había traído un cambio muy grande, pero que en este momento, después de mucho batallar, me encontraba llena de energía, siendo exitosa y enfocada en cosas nuevas. No sabía si tenía que contestarle algo, pero preferí quedarme callada, sentí que si le decía algo, le daría pie para saber qué decir en las demás cartas; por ejemplo, si le decía, “sí, estuve 5 meses sin trabajo y sufrí mucho”, la siguiente carta hablaría, casualmente, de nuevos comienzos o de cómo me quité una preocupación de encima.

Además, internamente estaba teniendo un conflicto enorme. Mi mente seguía repitiendo el “nada de esto es real, todo lo que te dicen es para hacerte sentir mejor. No tiene lógica”.

Casi todas las cartas que me salieron giraban en torno a lo que dijo la primera: una lucha interna por conseguir lo que quiero, miedo a creer en mí misma; creatividad y la habilidad de lograr todo lo que me propongo.

Creo que lo que más me llamó la atención fue que me decía las mismas cosas que mi mamá me ha dicho una y otra vez cada que dejo que me lea las cartas o las manos: “vas a conseguir lo que te propongas”, “vas a llegar muy lejos”… mientras escuchaba todo, por mi mente pasaba que, tal vez, mi mamá no me decía esas cosas solo para hacerme sentir mejor.

Cuando me salió una carta llamada “El Mago”, llegó mi momento de dejar pensando a María. Resultó que este personaje, básicamente logra hacer lo que sea con cualquier cosa que le den, no necesita de grandes herramientas para “hacer magia”; María mencionó que esta carta también habla de conocimientos secretos, una sabiduría que va más allá, y cosas que no todo el mundo puede ver, pero ahí están.

Me preguntó si estaba segura de que no creía en estas cosas y me dijo que le parecía muy curioso que, precisamente a mí, me saliera esta carta.

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Después de que terminó la lectura le conté del trasfondo familiar “mágico” por mi lado materno, y le repetí que siempre me ha costado aceptarlo. María vive un caso contrario, viene de una familia conservadora y ella es la única que rompió el molde y se fue por el camino del tarot. Nos pareció interesante cómo vivíamos la realidad de la otra, pero al revés; de hecho, pasamos buen rato platicando sobre eso.

Aunque algunas de las cosas que la tarotista me dijo en la lectura me dejaron pensando, sobre todo cuando salí del lugar, conforme han pasado los días he intentado procesar todo de manera más lógica, lo mismo que hago cada que mi mamá me lee la mano… pero también me ha dado por cuestionarme si esto es parte de esa frase que tanto me repitió María: “te hace falta creértela. Confiar más en ti y tus habilidades”.

A raíz de la lectura también he tratado de tener más conversaciones conmigo misma y reflexionar sobre lo que me dijo María, pero con cada día que pasa, siento que la emoción del momento se esfuma más. Conozco gente que no puede dejar de hablar de lo que vivió en lecturas de cartas o alguna otra terapia alternativa; a pesar de que me dejó pensando, no siento que me haya cambiado al grado de querer correr por el mundo recomendándole a todas las personas que corran a que les lean las cartas.

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Al final, aunque es algo que no termina de hacer click conmigo al cien, no me arrepiento de haber ido. Me hizo pensar en muchas cosas, de alguna forma me llevó a la conclusión de que debo ser más tolerante con mi mamá y no cerrarme tanto cuando intenta decirme algo.

Entiendo que a muchos puede darles la paz emocional y mental que estaban buscando, o la esperanza de que algo bueno está en camino. Yo necesito cosas más tangibles para sentir esa calma. Creo que, para mi, fue más una de esas cosas de “¿cómo vas a saber que no te gusta si nunca lo has probado?” y, aunque lo intenté, no siento que mi percepción sobre el tarot haya cambiado tanto; definitivamente no voy a convertirme en una persona que agenda lecturas cada mes o que revisa el horóscopo diario, pero, por lo menos, puedo decir que le di una oportunidad.