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Pasado, presente y futuro están escritos en las formas de tus nalgas

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La Rumpología es técnica de adivinación que no lee la mano, las cartas o el café, sino lo que usamos todos los días para sentarnos: los glúteos.

En esta vida, nadie tiene un destino asegurado, a menos que esté escrito en nuestras nalgas. La rumpología —el arte de leer la forma de los gluteos— sostiene que es posible conocer el futuro de una persona al analizar la forma, líneas, pliegues, simetrías y asimetrías de esa parte del cuerpo humano.

Estoy en el consultorio de Padme Castellanos , una consejera espiritual que domina varias técnicas de adivinación y sanación. Vine aquí para conocer cómo funciona la adivinación a través de las nalgas y, de paso, enterarme de lo que me tiene preparado el porvenir .

Padme brinda orientación a través de prácticas adivinatorias —mancias— como la astrología, la angeloterapia, los cuarzos y, desde hace cinco años, la rumpología. Padme es la rumpóloga de las estrellas: le ha leído las nalgas a personalidades como Maribel Guardia, Andrea Escalona y Carmen Campuzano, e inclusive les hizo una lectura en televisión nacional a Galilea Montijo y Yanet García en el programa Hoy . La consejera espiritual calcula que de todas las personas que acuden a una de sus lecturas, el 80 por ciento lo hace para obtener orientación sobre los asuntos del amor.

La astróloga estadounidense Jackie Stallone —conocida por ser la madre del actor Sylvester Stallone— es una de las pioneras de la rumpología en Occidente. Padme Castellanos asegura que en el continente americano, solo ella y la misma Jackie Stallone están certificadas por un maestro espiritual como rumpólogas profesionales.

Pero, ¿cuál es la teoría detrás de la rumpología? Según sus practicantes, la técnica se remonta a las antiguas Babilonia, India, Grecia y Roma. Según esta disciplina la zona de los glúteos sirve para la adivinación, dado que está relacionada directamente con el “chakra raíz”, el cual —según el hinduismo— es un centro de energía que se encuentra en el cuerpo humano, en la zona comprendida entre el ano y los genitales.

La rumpología asegura que nuestra nalga izquierda carga con nuestro pasado, mientras que la derecha vaticina lo que nos va a ocurrir en el futuro. No obstante, a través del trasero no se puede ver más allá del futuro inmediato —aproximadamente tres meses— puesto que nuestra anatomía cambia constantemente, y quizás también con ella, nuestro destino.

Para que a uno le lean el trasero, la postura al pararse debe ser natural. Es más práctico si se porta ropa ajustada, como unas mallas deportivas. Las nalgas se dividen imaginariamente en ocho secciones, cada una de las cuales revela aspectos de la personalidad del estudiado: sus aspiraciones, deseos y proyectos a futuro. Quien realiza la lectura también debe tomar en cuenta la etnia del sujeto, pues no son lo mismo unos glúteos caucásico que unos latinos.

“Tus glúteos no me van a mentir”

Me pongo de pie, le doy la espalda a Padme y me bajo los pantalones. Toda mi espalda queda al descubierto, solo tapado por los calzones naranja que me puse esta mañana. La consejera me pide prestado el celular para tomarme algunas fotos, las cuales usará para analizarme detenidamente y no tenerme con los pantalones abajo en este clima de finales de diciembre.

Pienso que lo de las fotos es también un truco aprendido con la experiencia para lidiar con el pudor de la gente: “Nos decimos muy abiertos, es muy normal verlo en las redes sociales, están llenas de fotos de glúteos, pero es ‘malo’ cuando se va a hacer una lectura. Yo creo que nos hace falta un poco más de apertura en la mente”, dice Padme.

Comienza la lectura. Mi trasero en forma de pera —más modestas en la parte de arriba, más prominentes en la parte inferior— revelan que soy un hombre práctico que siempre privilegia la razón por encima de la emoción. Esa parte positivista es la que ha evitado que me aventure a experimentar y emprender nuevos proyectos en la vida. Sin embargo —confiesan mis nalgas— también soy una persona “extremadamente sensible”, cuyo talón de Aquiles es ser obstinado y querer tener siempre la razón. De esto, Padme dice estar completamente segura: “Tus glúteos no me van a mentir”.

Mis nalgas cuentan que he estado buscando la armonía espiritual al menos por los últimos cinco años, lo cual coincide con mi mudanza a la Ciudad de México. Hasta el momento, lo que este par de músculos le dicen a Padme es acertado, lo cual me lleva a pensar: ¿Llevo marcado el carácter en el trasero de forma innegable? ¿Lo que escucho son solo generalidades de la personalidad que podrían aplicar a cualquier otra persona? ¿Sin saberlo, me he estado sentando en los misterios de mi futuro todo este tiempo?

Padme es sobresalientemente acertada en la descripción de mi forma de ser —a pesar de que nos conocimos hace apenas unos minutos y de que no sabe nada de mi vida— y le bastaron unos cuantos vistazos a mis nalgas para descubrir una identidad que a otras personas les ha costado mucho más tiempo y dolores de cabeza.

Sigo escuchando:

La parte central de mi trasero, a la altura del coxis, revela cómo soy respecto a la sexualidad y las relaciones de pareja. “¿Estás molesto con tu pareja?”, pregunta Padme. La realidad es que no he tenido una relación sentimental desde hace más de un lustro. La consejera reconsidera: no estoy molesto con una “pareja”, sino con el amor mismo. Soy una persona que cree en el alma gemela, pero que quedó muy dolida y resignada después de una relación que terminó mal.

Después de la aclaración, acertado.

Para terminar la lectura, hablamos sobre mis finanzas personales —una mejora en el corto plazo—, sobre mis deseos de realizar viajes —no se vislumbra alguno al menos hasta marzo— y sobre la importancia de aprender a “escuchar a mi cuerpo” cuando este me pide un descanso.

Esta experiencia con la rumpología me reafirma características personales que tengo bien identificadas; sin embargo, me parece curioso que alguien haya sido capaz de enumerarlos al analizarme el trasero. Al final de cuentas, la rumpología, —como cualquier otra técnica de adivinación— requiere que tengamos cierta fe en lo desconocido para que recurrir a ella tenga sentido y razón de ser.

Para Padme Castellanos, el gran valor de la rumpología es que ofrece una vía para conocerse a uno mismo y para identificar aquellos aspectos emocionales que probablemente necesiten atención. Como ella concluye: “Una vez que descubrimos eso que extrañas, pero que no lo tienes, lo importante es empezar a trabajarlo”.

Con las expresiones faciales y el lenguaje corporal podemos decir la verdad u ocultarla deliberadamente. Es posible esquivar la mirada, fingir una sonrisa o poner una cara larga según nos convenga. Hacer que las nalgas mientan, quizás no sea tan sencillo.