Confesiones de un hombre gay mexicano que creó su propio drag show en Vancouver

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Así fue el camino para Sergi, desde que le rompieron el corazón y aceptó su homosexualidad, hasta descubrir el placer del maquillaje

Para mí el proceso de salir del clóset fue muy largo y duro, y eso me provocó ansiedad por mucho tiempo. Desde pequeño, yo sabía que era diferente a los demás, al darme cuenta de que la mayoría de los niños solo querían jugar futbol o con carros, y yo lo único que pensaba era... "¿Qué outfit le voy a poner a mis muñecas?". Luego creces, y por miedo a ser rechazado o estar solo decides ocultar esa parte de ti... eso que eres, y que de alguna forma te hace sentir avergonzado por el miedo de decepcionar a tu familia y amigos.

Tenía alrededor de 12 años cuando mi hermano mayor salió del clóset con mis papás, ellos no tuvieron mayor problema con eso, pero lo único que pasó por mi cabeza en ese momento fue: "¿Cómo le voy a decir a mis papás que en realidad tienen 2 de 3 hijos que son gays?". Esto hizo que yo quisiera negar más lo que yo soy.

A los 16 años conocí a unas personas que me dijeron que fuera honesto con ellos y conmigo. Fue entonces que comencé a definirme como bisexual, y fue así porque, ¿cómo saberlo? No tenía idea de lo que era estar con una persona del mismo sexo. ¿Cómo podía saber si en realidad era gay o no ?

Salí con mujeres y hombres por dos años, siempre discretamente para ocultar mi homosexualidad, por si, por alguna razón descubría que los hombres no eran para mí, entonces así, quizás, pudiera tener la opción de volver a estar con mujeres. Pero no resultó. Poco a poco me fui dando cuenta de qué era lo que en realidad me llenaba y me hacía sentir completo... lo que siempre oculté y bloqueé de mi vida.

Fue hasta que lo conocí. Un beso suyo me hacía olvidar el resto del mundo, eso bastó. Así lo descubrí. Pero él decidió terminarlo justo un día en el que me encontraba con toda mi familia, y justo en el momento en el que el alcohol hablaba más por mí.

Mamá: ¿Dónde estabas?
Yo: Afuera, con un amigo.
Mamá: ¿Qué amigo?
Yo : Un amigo mamá, ¡no lo conoces!
Mamá : ¿Y por qué no pasó a la casa?
Yo, sin poder aguantar más, le grité: ¡Porque no funcionó! (Me di la vuelta y me fui)




Y así fue como salí del clóset, con el corazón roto frente a mi madre.

Ese día, también rompí el suyo. Mi madre estaba ahogada en una tristeza por mi culpa, y no por el hecho de ser gay, sino por el secreto que le escondí, a mi mejor amiga, por mis actitudes que reprochaban mis sentimientos.

Otra vida, otro país y otra realidad

Ahora estoy casado con la persona que cambió mi vida. El amor de mi vida, mi esposo. Me mudé a Vancouver, Canadá, con él, y sin saber mucho de este nuevo país, me di cuenta de que aquí nadie te juzgaba. Aquí nadie te agrede por besar a tu pareja en el parque. Aquí podía ser más yo. Todo es respeto y tolerancia.

Mi vida ha cambiado demasiado en los últimos 4 años, sobre todo desde que empecé a hacer Drag , algo que nunca pensé que haría. Creciendo en México, escuchas comentarios de que eso está mal, que no es algo normal y que es gente sin éxito.

Me empezó a llamar la atención el Drag una vez que fui a un bar aquí en Vancouver y vi un drag show (nunca había visto uno) y se me hizo increíble cómo toda la gente se divertía y reía, todo esto gracias a una persona que decidió ser él mismo y disfrutar de lo que le gusta. Luego comencé a ver Rupaul’s Drag Race y ahí me di cuenta de que el Drag viene en diferentes colores y tamaños, tal y como todos nosotros en este mundo. Y como siempre, la moda y el maquillaje fueron de gran interés para mí, decidí probarlo y ahora es algo que disfruto hacer y creo que soy bueno.

Ahora pienso y digo que las personas que hacen Drag son valientes porque exponen sus sentimientos y pensamientos para que otras personas se sientan valoradas o para que pasen un buen rato sin pensar en cosas peores que pasan en el mundo.

Vestirme de drag es muy liberador

Me encanta hacer reír a la gente, esa es mi mayor satisfacción y creo que cuando hago drag, saco esa personalidad boba y torpe que me hace especial. Es como si sacara ese niño interior que sigue creyendo en fantasías y magia. Y cómo buen Géminis que soy, hacer drag me ayuda a tener un balance con mis múltiples personalidades, y así no volverme loco. Le doy lugar a cada uno de esos sentimientos e ideas que hay dentro de mí.

Una parte fundamental de que lo haga, es cómo mi familia, amigos y sobre todo mi pareja me apoyan y no me juzgan (bueno, a veces pero para mejorar detalles de mis looks). A lo mejor no es lo que pensaban que yo estaría haciendo, pero al final, me quieren y saben que mientras yo lo disfrute, ellos también.

Cada vez que hago Drag, no puedo dejar de pensar y sentir todas esas cosas que la sociedad le exige a la mujer para ser aceptada... y son taaantas cosas, que hay veces que supongo se vuelve abrumador o cansado para ellas. Al final, lo que quiero demostrar es que tú puedes ser quien quieras, como quieras; pero lo que no puede faltar, es esa actitud de sentirte bien contigo mismo y aceptar lo que tienes que dar en este momento.

Me gustaría decir que no es necesario que la gente deba salir del clóset, pero el hecho de que la gente heterosexual nunca tenga que declarar que lo es, porque todo el mundo asume que es lo normal y lo lógico, hace que me dé cuenta que todavía tenemos un gran trabajo por hacer, como sociedad, para que en un futuro no tengas que ‘salir del clóset’.

El día que nos fijemos en las personas por lo que en realidad son (valores, creencias, ideas, etc), ese será el día en que el término «salir del clóset» se convertirá en autoaceptación para decir : Este soy yo y así soy feliz.

*Este testimonio fue escrito con la ayuda de la periodista Karen García Parroquín