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Dígame una cosa, don ramón, ¿qué le parecería que si a cambio de esta bola de boliche yo le perdonara un mes de renta? ¿un solo mes de renta por la bola de...?
Óigame, pues, ni que me estuviera usted alquilando el castillo de chapultepec o qué, digo. Bueno, dos meses.
Bueno, pero pues... ¿tres?
Que sean cuatro. Hecho.
¿dijo cinco? Cuatro.
Cinco. ¿de acuerdo?
¿seis? ¡cinco!
Ni uno más. Es la primera vez que el golpe de entrada no me lo doy el chavo.
Sin querer queriendo. Con esta venda queda usted listo, señor barrientos.
Gracias. Por nada, por nada.
Ah, pero si me viene a cobrar la renta, se la quito, ¿eh? Mire, mejor olvídelo.
Vamos a hablar de esa bola de boliche. Tiraría puras chusmas.
O que diga, tiraría puras chusas. Oye, chavo, ¿qué te parece si juegamos?
Vamos a rodiche. ¿sabes?
¿sabes? ¿sabes?
Que yo jugaba... Es que a mí no me gusta esa bola.
Tú tampoco me gustas a mí. ¿y qué?
No, yo estoy hablando de la bola de boliche. Ah, a propósito.
Vengo por ella. No, callo, dame primero.
Dame esa bola de boliche. No, que yo dame primero.
Dame esa bola de boliche. Dame esa bola de...
¡no! ¡ah!
Me gusta esa bola. Porque esa bola pega muy...
Esa bola es muy pesada. Esa bola es muy sangrona.
Y ahora sí estoy hablando de usted. Chavo, perdón.
Sí, perdóname. Pero tenía que ser el señor barriga.
Es que... Es que...
Fue sin querer queriendo. ¿cómo consiguió esta bola de boliche en una casa particular, don ramón?
Así es, señor barriga. Y es que los ropavejeros compramos de todo.
Es más, si me lo deja barato, hasta su portafolio le compro. ¿cómo la ve?
No lo dudo. Dejé la pregunta.
La pregunta, porque yo estoy interesado en adquirir una bola de boliche. ¿usted, señor barriga?
Mm-hmm. ¿qué tiene de raro?
Aunque usted no lo crea, yo soy un gran aficionado. Es más, actualmente de promedio tengo 190.
¿usted tiene 190 de barriga, señor promedio? Pero es que...
Digo, digo, digo, digo. ¿tiene usted...?
Tengo 190 de promedio. Y eso que no tengo una bola propia.
Dígame una cosa, don ramón. ¿qué le parecería que si a cambio de esta bola de boliche yo le perdonara...
... Un mes de renta?
¿un solo mes de renta por la bola de...? Óigame, pues, ni que me estuviera usted alquilando el castillo de chapultepec o qué, digo.
Bueno, dos meses. Bueno, pero pues...
¿tres? ¿que sean cuatro?
Hecho. ¿dijo cinco?
Cuatro. Cinco.
¿de acuerdo? ¿seis?
¡cinco! Y uno más.
Está bien, está bien. Nada más no se esponje.
Después de todo, no está tan malo este trabajo de ropavejero, ¿no? ¿por qué yo cargaba el portal?
¿sabes? Claro que sí lo aguanto.
A ver, a ver si es cierto. ¿siempre no se habrán roto las cosas que estaban dentro del costal?
Pues eso no es fácil de averiguar. ¿siempre es el costal?
Y tú, chavo, no te quedes ahí paradote. Pásame el cemento.
El cemento es el pegamento que está en ese bote. Pásamelo, por favor.
¡no! ¡no!
Todo se rompió. No pasó nada.
Pero a todo lo rompible. Las lámparas, las muñecas, las ollas, el reloj suizo.
¿un florero suizo? ¿suizo?
Muchos pedazos. ¡que no!
¿qué dices? ¿que algo tampoco se rompió o qué?
Sí, porque nada se hubiera quebrado si yo antes les quiebro la cabezota a los dos. ¿me ayudas?
Una cosa. Me gustaría saber dónde está la bola.
Para acá mi bola. Sí, cerró.
Ah, sí, el tíner. Pero no...
¡voy a morir! Oye, mi hijita, bueno, pero usted no se va sin su barriga, señor bola.
Si, sí, sí, ya, ya entendí. Permítame.
Pon la manita floja, floja. La mano bien floja, ¿eh?
Sí. Eso era lo que quería decirle.
Ya el chapo había azotado la bola. ¿qué pasa?
¿qué pasa?