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Que se me arruga todo el pellejo. Ay, yo creí que lo arrugado del pellejo era por los muchisisisimos años.
Esto se la doy. ¿y por qué no me la haces ahorita mismo?
¿y quién te dio permiso de leer mi carta? ¿qué?
¿cómo? ¡mi hija!
¿dónde está? ¿la tú sí?
Sí, léeme. Celaya, guanajuato.
Es que mi hija está estudiando en una hacienda de sus tías que está ahí cerca de celaya, guanajuato. Bueno, bueno, bueno.
Sí, sí, síguele, síguele, síguele. Esta semana me la pasé tomando.
Esta semana me la pasé tomando clases de baile. Lo que digo, además, te quiero decir que prosiga.
Síguele, síguele, síguele. Indigestadita.
En la epidemia de panzas indigestaditas. En la academia de danzas indigenistas.
Ahí es donde estudia mi hija, en las clases de baile. Síguele, síguele, síguele, síguele.
Si piso el doble. Tango, guarachas y paso doble.
Son los bailes que le ponen, son los que le están enseñando. Síguele, síguele, síguele, síguele.
Ay, dios mío. Ayer en la mañana, mi tía se mojó el ombligo.
¿qué? Ayer en la mañana, mi tía se mojó el ombligo.
Se enojó conmigo. Que sí, a tiempo.
Ya está bien, adelante, ándale. Quiero decir que sigas, síguele, síguele.
Yo siempre me hago la chis, siempre me hago la chistosa. Ya te dije que no hagas comas.
Me dio rubia, esa me dio rubia. Eso me dio rabia.
Síguele, síguele, síguele. Y busqué a mi tía y se la partí.
Y se la partí. Santiago, ¿qué tú no puedes leer sin pararte?
Qué pinta, lo que te he corrido. ¿te he corrido?
Claro. Quiero regresar con él.
Y mi tía me dijo que está bien. Ay, mi hijita, ya ves, ya ves.
Mira la chilindrina. Síguele, síguele.
Me va a llevar el mayordomo, chavo. El viejo mayordomo de la hacienda que tal.
Ya va a traer. Síguele, síguele, síguele.
Pero voy a llegar casada con el viejo. Pero voy a llegar casada con el viejo.
Pero voy a llegar cansada con el viaje. ¿vas a recibirme a la estación?
Claro que sí, mi hijita. Voy a ir por ti.
Pero no, mi hijita. Síguele, síguele, síguele.
Síguele, síguele, síguele. Muchísimos años.
Exorcista. Usar la chilindrina.
Que si puedes levantarla, que puedes hacer un último. Subieras el equipaje a la mesa.
En mis tiempos los niños no pedían pesos, pedían centavos. Después dice que uno es el que empieza, ¿no?
¿sabes qué? Mejor los voy a tirar para allá para que no le pese a nadie.
Bueno.