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Madre. Discúlpame, me pasé de irrespetuoso.
Te digo una cosa. Eso es diario.
Entonces ya eres muy pelado. Tenemos que hacer borrón y cuenta nueva y ya.
O sea, yo ya no te molesto. Tú ya no me molestas.
Y tanis. Mamá ay, qué rico quedó pasar a reportarnos a la cocina y pongan atención porque llegó nuestra sección donde despejamos todas las dudas de mamá mamá con nuestra querida gina ibarra.
Nosotros gina. Y cuéntanos qué?
Qué hacemos cuando nuestros hijos de pronto ya no nos respetan? Qué fuerte, verdad?
Está fuertísimo. Primero un hijo te ignore, te grite, te diga palabras hirientes, duele muchísimo.
Entonces sí, yo creo que hay que respirar y empiezan las culpas y los cuestionamientos. Y entre los cuestionamientos es cuando perdí el control y.
Hasta cierto punto supongo es normal, no quiero llamar la palabra normal. A ver hasta dónde pueden y ese es el tema del que vamos a hablar.
O sea, te empiezan a preguntar cuándo perdí el control y por qué lo está haciendo. Yo creo que la pregunta en la que nos debemos de enfocar es cómo le hago para recuperar el respeto y la buena relación con mi hijo?
Esto ocurre en alguna edad? Es que puede ocurrir en cualquier edad y por eso te digo de que en la adolescencia se tiene que mensaje que les quiero.
La adolescencia. Se pone peor, peor es que no la entendí.
No. No, bueno, pero a lo mejor se pone peor si no pones límites.
Desde chiquito no han visto sí sucede. A ver entonces aquí lo que les quiero decir es que hay que pisar el pasado.
Borrón y cuenta nueva y decidirnos a más sana con nuestros hijos. Yo creo que esa es una buena opción.
Vamos con la dinámica. Y qué pésimo servicio.
Amada madre, madre! Dónde estás?
Caray! Dónde está mi sopa de coditos que te pedí mis tacos de birria?
Qué está. Por favor, óyeme.
No, no, no, no, no! Qué formas de pedir tu comida.
Vete. Lo traje todo súper bonito.
Muy bien. Es que soy un adolescente.
Sabías? Y te tardas un buen.
Ay, ojalá fueras como la mamá del negrito. Esa es una señora.
Una gran mamá. Bella mamá .
Hermosa mamá. No como tú.
Oye. Te digo una cosa.
Pues si tanto te gusta la miel, negro, dile que te adopte. Vete a comer con ella.
Y entonces ya no me invitas a mí aquí. Ya no te pongas acá, crazy.
No te esponjes. No.
Que mamada, madre. Discúlpame, me pasé de irrespetuoso.
Te digo una cosa. Eso es diario.
Entonces ya eres muy pelado. Tenemos que hacer borrón y cuenta nueva y ya.
O sea, yo ya no te molesto. Tú ya no me molestas.
Entonces sírveme de una vez. Me haces un agüita de horchata.
Pero ya. Y esto?
No, ya no, ya te vas a ir sin comer. Ya.
O sea, ya, ya no te voy a dar nada, ya no te voy a dar nada. De comer ahora sin comer.
Si sin comer. Un par de nalgadas o .
Nalgadas ya no. Aplican, ya oye, pero ya están en desuso, ya no están en desuso, ya es violencia.
Fíjense, es que antes justamente lo que estás diciendo se creía que imponer el límite a base de nalgadas, de manotazos en la mesa a veces sí funcionaba. Pues pues sí, pero no es lo correcto, porque al final del día el mensaje que transmites es las cosas se arreglan con golpes, golpes es agresión.
Yo creo que eso para nada los golpes y es subestimar la inteligencia de los niños. Exactamente.
Entonces. Bueno, hoy se sabe que la la.
El respeto de los hijos se construye a través de límites y también se sana, se sana con amor y comunicación. Y por eso hoy les traigo tres reglas que son bien importantes y no negociables, porque sí o sí el respeto se debe de construir con los hijos.
La primera regla es la regla del boomerang. Esto es lo que tú das, recibes lo bonito, tu hablame bonito.
Si yo no te falto al respeto, tú no me faltas al respeto. Si no quieres que tu hijo te grite, no le te ofenda, no lo ofendas.
Si quieres que tu hijo te respete, empieza a respetándolo. Tú te haces su guía y sé su ejemplo.
Y son muy lejos, muy listillos porque evidentemente cuando les hablas en un tono pero cuando te enojas se dan cuenta, cambias el tono de tu voz, pero no le estás gritando. No, no, no, con firmeza.
Es que esa es una de las. El segundo punto o la regla es la regla del punto final.
Y esto quiere decir que cuando tu hijo se pase de la raya y empiece ya con conductas irrespetuosas, en lugar de engancharte y empezar a discutir, agarras y le pones punto final a la discusión. Y eso tan fácil, con una voz firme como estás diciendo.
Así, pablo, así no, así no a gritos. Tú y yo no podemos platicar.
Te das la media vuelta y te vas. Me alejarme y me sirve .
Sí, de acuerdo, lo que les pones el espacio. Pero si le dices a gritos no bajarle dos rayitas, como tú quieras.
Y la número tres es la regla del árbitro. Cuando un jugador hace algo, comete una falta.
El árbitro saca la tarjeta amarilla. La tarjeta roja no negocia, no discute y no cede.
Entonces es lo mismo que tenemos que hacer con nuestros hijos, porque al final de cuentas tiene que haber una autoridad que haga este. La regla, la saga.
Y te digo algo, ahí entra el famoso me va a doler más a mí que a ti, porque te tienes que salir a veces de la fiesta. Si no te sigues, si te sigues portando mal, nos vamos a ir de la fiesta y se lo tienes que cumplir.
Y ahí es cuando te duele más. Oye.
Sabes qué? Me gustó eso de las tarjetas del árbitro.
Lo voy a aplicar hasta. Físicamente y no ceder.
La amarilla, claro. Ya te saqué la roja.
Y haz tu reglamento con reglas y con consecuencias. Y bueno, ya mi consejo de mamá mamá, el respeto no llega de un día a otro, se construye despacito, con límites claros, consecuencias firmes.
Amor y ejemplo. Todos los.
El aplauso para nuestros actores.