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Lo que dice la historia de Silvia Pinal y Enrique Guzmán sobre el machismo mexicano de la época

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Investigadora explica por qué aunque muchas cosas han cambiado, aún sigue siendo relevante que se hable violencia de género

Tras recibir una bofetada de su esposo, Felipe Román, Silvia Pinal cae al piso. Desconcertada, logra levantarse e intenta alcanzar un candelabro para defenderse de la agresión, pero Felipe la somete, la tira al suelo de nuevo y le acerca el candelabro a la cara, amenazando con golpearla. “¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a separar de mí? ¡Ni se te ocurra!”, le grita a la actriz.

Esta escena, que forma parte de la bioserie creada por Carla Estrada, ‘Silvia Pinal, frente a ti’, retrata la violenta relación que la actriz tuvo con el cantante Enrique Guzmán, integrante del legendario grupo mexicano ‘Los Teen Tops’ y 11 años menor que ella. Interpretada por Itatí Cantoral y Gonzalo Guzmán en la historia transmitida por Las Estrellas, la pareja sostuvo una relación marcada por constantes abusos físicos, emocionales y sexuales a manos del artista, tal como lo muestra la bioserie en numerosas escenas.

Pero el caso particular de Silvia Pinal termina por reflejar el pulso de la violencia machista en el México de aquella época; finales de 1960 y gran parte de la década de 1970, periodo de tiempo en el que el cantante y la actriz estuvieron casados (de 1967 a 1976). Al respecto, Elvira Hernández Carballido, profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, habló con Las Estrellas .

“Lo que le pasó a Silvia Pinal con Guzmán coincide con un momento importante: en 1972, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó al año 1975 como el Año Internacional de la Mujer y eso coincide, a su vez, con la apertura del tema de la violencia machista y doméstica, que no se había abordado antes con tanta contundencia. Por primera vez, a principios de la década de 1970, las líderes feministas lo pusieron sobre la mesa de discusiones”, dice Hernández.

Cuando se abren estas discusiones, se empieza a visibilizar en la sociedad que la situación para las mujeres era realmente difícil, pues sus derechos todavía no se garantizaban cabalmente. “En la década de 1960 había pasado muy poco tiempo desde la promulgación del derecho al voto de la mujer en México (que inició el 12 de febrero de 1947), así que la sociedad seguía siendo conservadora y los temas de las mujeres, como la violencia doméstica, seguían invisibles. Se hablaba de esos temas en una esfera pública, se percibían como ‘cuestiones privadas’", explica la profesora.

Cuando en la serie Enrique Guzmán “enloquece”, se convierte en una manifestación cultural de aquella época, pues el cantante seguía los patrones machistas preponderantes de esos años, como la tradición del dominio y opresión (lo que termina por manifestarse en violencia de género), y lo regía un esquema patriarcal que no permitía que las mujeres ganaran más ni sobresalieran en el ámbito profesional. “En ese entonces México era (y sigue siendo en muchos sentidos) totalmente patriarcal”.

Antes de 1975, explica la Doctora en Historia Ana Lidia García Peña en el ensayo La privatización de la violencia conyugal en la Ciudad de México entre los siglos XVIII y XX: polémicas del liberalismo, regía "la vieja concepción liberal que consideraba a la violencia conyugal como un problema privado que sólo podía convertirse en causa judicial cuando ponía en peligro la vida de la mujer”.

Por otro lado, la serie refleja cómo a las poquísimas mujeres que lograban romper prejuicios, emanciparse y liberarse del yugo patriarcal, como pasó con Silvia Pinal en el medio profesional, pues se abrió camino en una industria históricamente dominada por hombres y machista, terminan por sentirse culpables por haber roto con ese esquema tan arraigado social y culturalmente. “Ella habla de esa culpa y refleja la culpa que sentían muchas mujeres cuando lograban romper con determinados patrones. A mí me gusta mirar la serie bajo la categoría de los 'cautiverios de mujeres' que expone la gran historiadora y feminista Marcela Lagarde", dice Hernández.

Si bien no es exclusivo de la época, los “cautiverios de las mujeres” sobre los que habla Lagarde se refieren a las formas de opresión de las mujeres en sus círculos vitales. “Las mujeres están cautivas porque han sido privadas de autonomía vital, de independencia para vivir, del gobierno sobre sí mismas, de la posibilidad de escoger y de la capacidad de decidir sobre los hechos fundamentales de sus vidas y del mundo”, expone en el libro Los Cautiverios de las mujeres .

En el caso de Silvia y de la mujeres cautivas en sus relaciones matrimoniales, Hernández hace referencia al cautiverio de las “madresposas”, que Lagarde define como aquellas mujeres que están “cautivas de y en la maternidad y la conyugalidad, con su entrega a cambio de un erotismo subsumido, negado, la filiación, la familia y la casa”.

Hernández también explica que el contexto de los últimos años de matrimonio de Silvia Pinal coincidió con un momento muy importante para el feminismo en México, pues este empezaba a reinventarse tras el auge del movimiento estudiantil del 68, la piedra angular de la llamada “segunda ola del movimiento feminista”, cuando lo personal se volvió político y lo privado público. Esto va de la mano con el hecho de que antes de ese resurgimiento feminista, los casos de violencia machista y doméstica no se denunciaban ni se condenaban (ni social ni legalmente).

En un artículo publicado en El Universal, la historiadora e investigadora del Colegio de México, Gabriela Cano, explica que en ese periodo las demandas feministas estuvieron relacionadas con el cuerpo, la sexualidad, la despenalización del aborto, la libre expresión y “la conceptualización la violencia masculina como un hecho de poder que debe controlarse, legislarse y penalizarse”.

En cuanto a la condena social a la violencia machista en aquella época, Hernández explica que los medios de comunicación no jugaban un papel importante como ahora porque esos temas apenas empezaban a abordarse a nivel público.

"Aunque a veces el México de aquel entonces parece ser el México de ahora, en estos tiempos la violencia contra las mujeres se ha hecho más transparente en el sentido de que ahora existen muchas formas de denunciar (redes sociales, movimientos como el #MeToo o #YoSíTeCreo). También hemos evolucionado en cuanto a las instituciones que se dedican a proteger a las mujeres y encontrar formas de sensibilizar a las nuevas generaciones sobre el tema".

En ese sentido, concluye Hernández, la serie acierta al abordar el tema con transparencia, pues demuestra que la violencia llega a cualquier nivel y que no es exclusiva de las mujeres en la pobreza o extrema precariedad, pero también logra que hagamos una reflexión que sigue vigente desde aquella segunda ola feminista: la lucha para erradicar por completo la violencia de género en México no ha terminado.