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Me da mucho gusto volver a verla y me felicito porque esa terapia que le da rodrigo le está sirviendo muchísimo. ¿no tendrá una tarjetita que me regalé?
Sí, claro que sí. Es que una psicóloga así de buena hay que recomendarla, ¿no?
Sobre todo por las técnicas que utiliza para curar a sus pacientes. Estoy muy agotado, estoy muy cansado.
Yo creo que ese viaje me va a hacer muy bien. Chef, ya hice las reservaciones.
¿y qué? ¿qué has pensado?
¿me vas a acompañar o no? Ah, y...
Bueno, ¿y a dónde sería? A los cabos.
Es un lugar muy relajado, muy pacífico. Sí.
Piénsalo, piénsalo, porque yo creo que nos vamos a divertir bastante. Ay, rodrigo, no sé si se lo he ocurrido.
De verdad. Yo creo.
Buenas noches. ¿cómo estás?
Bien, bien. ¿y tú cómo estás?
Bien. ¿qué haces aquí?
Vine a cenar con una amiga, pero no te pongas nervioso. No, no, no.
No estoy nervioso, solamente que me sorprendiste un poco. ¿estás bien?
Muy bien, mira. Qué coincidencia, ¿verdad?
Bueno, ¿y no me vas a presentar a tu amiguita? Porque me imagino que son amigos, ¿verdad?
Sí, bueno, sí, sí, ella es la doctora erika robledo. Hola, mariana.
Mariana franco. Pero también me dicen gaviota.
Bueno, este me decía mi gaviota. ¿y qué usted es?
Es la psicóloga de rodrigo montalvo. Qué chiquito es el mundo, ¿verdad, doctora?
¿quién iba a decir que la misma persona que me dijo que buscara al hombre que yo amaba, ahora lo está ayudando a olvidarse de mí? No, no, las cosas no son como aparentan, mariana.
¿aló? No, no, no.
Cuando rodrigo inició la terapia, él me hablaba de una mujer, sí, llamada gaviota, pero nunca dijo tu nombre. Mire, doctora, para el caso es lo mismo.
Me da mucho gusto volver a verla y la felicito porque... ¿por qué?
La terapia que le da rodrigo le está sirviendo muchísimo. ¿no tendrá una tarjetita que me regale?
Sí, claro que sí. Es que una psicóloga así de buena hay que recomendarla, ¿no?
Sobre todo por las técnicas que utiliza para curar a sus pacientes, como llevárselos de fin de semana a sesiones de terapia, acompañarlos a buscar oficinas, salir a cenar a restaurantes caros. Bueno, ya, ya, por favor.
No, no, espérame, ¿sí? No, yo no lo estoy diciendo por molestar ni tampoco la quiero ofender.
Francamente. Yo respeto mucho su trabajo.
Hasta admirada estoy por el milagro que hizo con este señorón. Porque, ¿aquí cómo lo ve?
No sabe la lata que me ha dado con esa cantaleta de que yo soy la mujer de su vida, la única en el planeta para él. Hasta que me hizo la primera fregadera cuando se casó.
Bueno, ya, es suficiente. Le puso un gorro con ese cuento de que yo era la primera y la única en su vida.
Y hasta mi gato se lo creyó. Bueno, no tengo gato, pero si lo tuviera, igual se lo hubiera creído.
Bueno, la verdad, la felicito porque logró sacarlo de esa equivocación tan grande en la que estaba metido. No, no, no, ¿sabes qué deberías de hacer?
Me deberías de levantar un altar a esta mujer que te curó de mí. Espérate, gaviota, espérate tantito.
Nancy, vámonos ya. Ya ves, te lo dije, sabía que no te ibas a poder aguantar.
Ay, bueno, pues me salió la gaviota que llevo adentro. Enseñé el cobre ya, les dije de todo, vámonos ya.
Vamos. Gaviota.
Ahí viene. Gaviota, espérate, espérate, espérate.
Váyase con su psicóloga. Décheles sus cuentos a ella.
Vámonos. ¿qué cuentos?
¿qué? No sucede nada, lo que pasa es que la señorita me quiere sacar de control, pero no lo va a lograr.
Rápido, saque el boleto. Sí, sí, sí.
Gaviota, espérate. ¿qué es lo que pretendes?
Pide el coche, por favor. Joven.
Sí, mira, si crees que vine a perseguirte, a espiarte o a pedirte que vuelvas conmigo, estás muy equivocado. Esto no fue nada más que un accidente, como todos los que me han pasado.
La vida desde que te conocí. Mira, yo sé muy bien que no estás aquí ni para perseguirme, ni para espiarme, ni mucho menos, porque tienes otras cosas mucho más importantes que atender.
Desde que te juré que no te iba a molestar más, me di cuenta de que había dejado de existir para ti. Pero entonces, ¿por qué estás molesta, agresiva?
¿por qué trataste así a la doctora? ¿para qué?
Ay, pobrecita. ¿a poco la ofendí o qué?
Seguro que ya le fuiste con el cuento de que yo soy tu maldición, tu perdición y quién sabe cuántas cosas más le habrás dicho de mí a la respingada. Mira, yo no quiero discutir contigo si me crees o no me crees, porque al fin y al cabo, yo sé que ya no te importo.
Tú tienes otras prioridades en este momento, tienes cosas mucho más importantes. Por ejemplo, dedicarte a tu trabajo, atender al doctor santoveña.
Por eso es que yo dejé de buscarte. Valiente sacrificio estás haciendo, invitando a la cenar y quién sabe cuántas cosas más.
Mira, cuando yo te juré que no te iba a buscar más, a ver, tú ni siquiera te detuviste a pensar o a preguntarme cómo le había hecho para cumplir ese juramento. ¿verdad que no?
Pero si lo quieres saber, te voy a decir que ese día yo perdí un pedazo de mi vida. Porque no podía hacerme la idea de que no te iba a volver a ver, de que ya no ibas a estar conmigo.
Ese día sentí que me moría. Pues sí, hasta que ella apareció.
Porque yo necesitaba ayuda y tú también. Necesitabas ayuda para que te quitaran de encima a este necio estúpido de rodrigo montalvo.
Yo viví muchísimos días muy oscuros, hasta sentí que estaba caminando en el mismito infierno. Pasaban los días y me seguía preguntando por qué, por qué, gabriela, por qué.
Y sin embargo, poco a poco, las cosas se me fueron aclarando y entendí muy bien que yo no te había sabido amar, que había cometido muchos errores y que lo seguía cometiendo uno, uno tras otro, uno tras otro. Errores terribles que todavía sigo pagando.
Porque siempre tomo las decisiones equivocadas. He sido un hombre muy inmaduro contigo, muy celoso, obsesivo, hostigante, vehemente.
He sido nada más un imbécil romántico que quiso luchar por tu amor y se aferró a no perderte. Y ese fue mi gran error.
Eso es lo que no me puedo perdonar. Pero no solamente te lastimé a ti, porque también me lastimé a mí mismo.
Las cosas empezaron a clarificar. Y quise cambiar mi vida, dirigir mis pasos hacia otra parte, empezar a olvidarte, ¿me entiendes?
Teniendo a tu psicólogo al lado, debió de haber sido muy fácil, ¿verdad? Sí, ¿de veras tú crees que fue muy fácil?
No averiguar de ti, resistir la tentación de llamarte, de saber cómo estabas, de preguntarte qué necesitabas. Incluso llegar a comprender y entender que era mejor que estuvieras con él.
Porque al fin y al cabo tengo que reconocer que el doctor santo... ...
Es un hombre que tiene muchísimas cualidades, ¿no? Inteligente, culto, exitoso, con un futuro prominente.
Yo estoy seguro que él nunca te hubiera armado los escándalos que yo te armé. Porque eso sí, él tiene otra particularidad.
Que su vida ya está hecha. Y la mía está hecha.
Está hecha a pedazos. Te juro que por más que trates de recoger esos pedazos y ponerlos juntos, y que se queden así, ordenados, juntitos, no lo logro.
La suerte no ha estado conmigo desde hace mucho tiempo. ¿tú te acuerdas que yo te dije un día que yo volvería contigo cuando mi vida ya estuviera resuelta y ordenada?
Pues ese día lo veo cada vez más lejos. Tú sí tienes mucha suerte.
¿por qué tienes a tu lado un hombre que te quiere, como el doctor santoveña? Ah, no, pues ahora sí entiendo por qué tú tienes mucha suerte de tener a tu doctora.
¿qué? A ver, ¿qué?
Ya andan muy organizados. ¿qué organizados ni qué nada?
¿qué te pasa? La doctora es tan importante para mí como lo es el doctor santoveña para ti.
No, a mí... Eso es todo, eso es...
Señorita, se va sin pagar la cuenta. Cárgala a la mía, por favor.
No, no, no, ni muerte. Ay, no se acerca, por favor.
Haga lo que le digo. Sí, señor.
Yo no quiero tener deudas con usted. Fabiota, ya no seas necia.
En este momento acabo de decidir lo que voy a hacer. Lo único que lamento es haberte fastidiado la noche con mi presencia.
En el fondo, me siento contenta de que estés bien y que tengas una buena compañera. Voy a rezar por ti.
Para que encuentres toda esa paz y la tranquilidad que estás buscando. Ah, sí, muchas gracias.
No, ¿qué estás haciendo, erika? ¿cómo crees?
Ah, no, es que pensé que no ibas a regresar, rodrigo. Y créeme que lo habría entendido.
No te preocupes. Pero te prometo que conservé la calma.
No sé lo que le pasó a gaviota. Perdió el control y fue muy agresiva contigo.
Ay, no. Créeme que estaba en su derecho.
Yo la entiendo perfectamente. Para ella, soy una traidora.
Ella me confió su intimidad, abrió su corazón. Yo era una extraña y ahora me convertí en una ribra.
Ay, lo siento, lo siento mucho, de veras. Me imagino que está de más preguntarte.
¿cómo te sientes? Bien, pero, rodrigo, después de esta confrontación con gaviota, necesitas, necesitamos meditar bien las cosas.
Lo voy a hacer. De veras, lamento mucho lo que pasó.
No te preocupes. Todo está bien.
Vine a verte para agradecerte todo lo que has hecho por mí. Pues no hay nada que agradecer, rodrigo.
¿cómo no? No.
Llegaste con un problema y te vas con él. No, pero cuando te conocí, no tenía ganas de vivir.
Había perdido la confianza en mí, en todo el mundo. ¿tú te acuerdas?
Sí. Tú te arriesgaste.
Te arriesgaste para sacarme de... De la depresión en que había caído por el amor de una mujer.
Pero rompiste todas las reglas para demostrarme que yo no estaba enfermo. Ni incapacitado, ni sexualmente, ni amorosamente.
Estuviste a mi lado. Me sobrellevaste, me soportaste.
Y empecé a descubrir en la psicóloga y en la mujer. Rodrigo, no tenías necesidad de venir y decirme todo esto para justificar que no vas a volver a verme.
Desde el principio yo supe a lo que me arriesgaba. Sin embargo, pues, no me pude detener, lo siento.
Y, bueno, yo sabía que esto era una batalla perdida porque tú nunca ibas a dejar de amarla. Pero yo no quiero que pienses que te he estado utilizando.
Eso no fue así, de veras. Tú me liberaste de la enfermedad, de celos que yo sentía por gaviota.
Fueron momentos maravillosos contigo. Maravillosos.
Pero fracasé, rodrigo. No, no fracasaste, ni como psicóloga, ni como mujer.
Me ayudaste a organizar mi vida, que estaba hecha un caos. Me ayudaste a despedirme.
Me ayudaste a descubrir que mi problema no era psicológico, sino de amor. Tienes todo lo que yo necesito para enamorarme de una mujer.
Absolutamente. Desgraciadamente no he podido olvidarme de gaviota.