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Me da gusto que lo haya hecho, porque usted, como bien dice, el diálogo es la solución. ¿verdad que sí?
Sí, sí, y para ser sincero, ana. Sí.
Perdón, me importa mucho lo que usted piense de mí. ¿ah, sí?
¿y por qué le importa lo que yo piense de usted, oiga, o qué? Hija.
Está preciosa, ¿verdad, papi? Sí, sí, sí, está usted muy guapa, muy guapa.
Muchas, muchas gracias. Nomás me hagas, porque me da como penita.
Ya, señor. No, perdón, perdón.
Fanny me dijo de vestido. ¿me lo quitó?
¿me bronca? No, no, no, no, no, no importa.
Está usted radiante, muy hermosa. Tampoco tienes mamá, ¿verdad?
Lo dijiste la otra vez. Qué buena memoria tiene mi corazón.
Dijiste que estabas en una casa, una casa. Una casa hogar.
Eso. Exacto.
Dijiste que sí te acuerdas de ella. Me acuerdo de sus manos.
Porque cuando yo la vi, la última vez estaba más chiquita que tú, imagínate. Ella tenía unas uñas rojas y tocaba la guitarra.
Y yo me acuerdo que me sentaba a escuchar su música y me cantaba canción. Ah.
Sí. Pero, ¿qué crees, angelito?
La voy a volver a ver. ¡ah!
Imagínate todo lo feliz que me siento, porque un titipuchal de tiempo buscando a tu mamá y de repente sabes que la conoces. Imagínate.
Oye, ¿sabes dónde están mis tortuguitas? Mmm, no.
¿la viste? ¿dónde la pusiste?
Sí. Voy por ella de volón, pim, pom.
Nosotros nunca te vamos a ver nunca. Sí.
¿por qué es tan bonita, es tan bonita, abuelita? Qué cosa más hermosa que eres.
Ahorita vengo. No me tardo, ¿eh?
¿quién es? Disculpe la hora, ana.
No se preocupe. ¿puedo pasar?
Pase, pase. Gracias.
Bueno, ¿y cómo le puedo ayudar, don...? ¿pudo hablar con fanny?
Ey. ¿qué le dijo ana?
Que no se dio cuenta de lo que pasó, señor. ¿me permite sentarme?
No, pues, si es su cama. Usted la compró y todo.
Siéntese, siéntese. Fanny, me echó en cara que...
Que no ha pasado mucho tiempo desde que se murió su mamá y usted, bueno... Bueno, ¿usted cree que un año es muy poco tiempo?
No, pues, ¿eso qué importa? Lo que yo piense.
El tiempo del dolor, del duelo, es de cada quien. Y es muy diferente perder una esposa que una mamá.
Díganmelo a mí. Sí, sí, sí, tiene razón, discúlpame.
Eh, eh, entonces, quería decir que fanny desaprueba mi relación con isabela. Ah, ¿tiene una relación con la señorita isabela?
En ciernes. No es cierto, yo lo ve ahí abajo.
Eh, no, no, ¿cómo? En ciernes, quiere decir que algo está empezando entre nosotros.
Empezando. Ah, en ciernes.
Evidentemente, yo no tendría una relación con nadie si mis hijos no la aprueban. No, pues, ya se quedó para vestir santos.
¿por qué lo dice? Porque a la fanny no le cae muy bien la señorita isabela.
No más. Pues sí, lo mejor es que hable con fanny directamente, no a través de intermediarios.
Porque el diálogo, señor, es la solución. Pero es que, creo que hace mucho tiempo no hablo con fanny, con mi hija.
Sí, de cosas que... De cosas del corazón.
Sí, del corazón. Eh, pues yo creo que ya es hora, ¿no?
Ah, no, no, es cierto, no es cierto, porque ya tiene usted mucho trabajo. No, no, ana, no, no, no, ya tengo.
Siempre he tenido mucho trabajo y si no, tengo tiempo. Ay, míralo.
Pues ojalá algún día ponga en orden sus prioridades, señor. Así como ordena los adjetivos para criticar a la gente, ponga en orden sus prioridades.
¿adjetivos para criticar a la gente? Sí.
¿de qué está hablando, ana, por dios? Ay, ahora va a ser como que la virgen le habla.
¿de qué virgen habla, hombre? No le comprendo, explíquese, por favor.
No. Ah, ¿quiere que me explique?
Por favor, se lo suplico. ¿seguro?
Se lo suplico. ¿está usted consciente de lo que me está diciendo?
¿por qué está tan molesta, ana? Pues es que tal vez porque soy una mujer bien diferente, ¿no?
Exótica, pintoresca, folclórica, vulgar, señor, yo, vulgar. Le ofrezco de todo corazón una disculpa, ana.
Yo no sabía que estaba espiando. Ah, ¿no?
¿yo no estaba espiando? Yo no tengo ninguna intención de andar espiando sus críticas con la señorita isabela.
Yo fui a buscar la tortuguita de luz. Pero no importa, señor, porque así me doy cuenta de lo que usted piensa de mí.
No, no, nunca fue mi intención ofender a ana. No, pues lo hizo, señor.
No. Y perdón que se lo diga así, pero es que yo soy derecha como la flecha.
Usted me disculpará. No, no, y ¿sabe qué?
Me da gusto que lo haya hecho porque usted, como bien dice, el diálogo es la solución. ¿verdad que sí?
Sí, sí, y para ser sincero, ana. Sí.
Mire, perdón. A mí me importa mucho lo que usted piense de mí.
¿ah, sí? Y, pues, ¿por qué le importa lo que yo piense de usted, o ella, o qué?
De cuidar la imagen que mis hijos tienen de mí, por eso, ana. Ah.
Sí, sí, y usted es la más acercada a ellos. Claro, por supuesto.
Pues, es que es lo único que importa, ¿no? ¿qué dirán?
No, no, no, no, no. Que la máscara...
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, de veras, ana. Sí, sí, sí, sí.
A mí, a mí, a mí me interesa saber en qué concepto usted... ¡ah!
Ni se meta en esas cosas, señor. No, no, sí quiero saber qué piensa de mí, caramba.
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no. Derecha la flecha, como usted dice.
No, no, no, no, no, no, no, no. No, no, no, hermano.
Es rectangular. ¡da lo mismo!
De todo se enoja. No entiende razones, es como lo de la caja del cereal obsesivo, ¿hmm?
Que le dicen. Es un hombre que desperdicia todo lo que tiene.
Que para cualquiera resulta en un amargado que se esconde en el trabajo porque le hace falta lo más importa... ¿qué?
¡el amor! ¿gae master?
No. Yo sé que ahí está mi ciega el dormido, don fernando.
Ábrame, por favor. Me puede abrir, por favor, que estoy bien arrepentida, don fernando.
Don fernando, no sea malo, no. No, fernando.
Señor. Sí.
Sí, lo es. Sí, lo es.
Sí, lo es. Cierra los ojos y traslo abrazo y nada más.
No pienses en nada. Y discúlpeme.
Señor. Hacemos otro.
Fernando. Señor.
No. Sabía yo que usted estuviera así, así, así como.
Ay, tabe toalla. Perdón, perdón, discúlpeme.
Perdón, es que yo venía a ofrecerle una disculpa, pero sí, sí. ¿cuál es la emergencia?
Me salí de bañar precisamente para eso. Mire, resulta que yo quería pedirle a usted dos disculpas ahora por lo de hace rato y por la de ahorita.
No hay ninguna emergencia, es solamente eso. Acepto sus disculpas, acepto y ya estamos a mano.
De hecho, se le va a caer aquí. Ana, ¿ya estamos a mano?
Sí, ¿de por? Pues porque el otro día yo le encontré en paños menores.
Ay, no, pero no tan menores. Le pido perdón por todo lo que le dije hace rato, señor.
Porque, ay, señor, qué difícil es hablar así. Lo que pasa es que, no solamente lo que le dije, sino que también usted es un excelente padre.
Es un buen hijo, muy responsable. Y así.
Perdón, señor. Acepto sus disculpas.
Gracias, ana. De nada, señor.
Ahora podemos seguir con lo que estábamos. Estábamos usted y yo.
Claro. Pero, ¿estás algo?
Quiero tomar una noche. Sí, claro, por supuesto, señor.
Perdón, eh. Y muy buenas noches, que descansen.
Ay, pero qué bruta soy. Pero ¿quién me está a los brazos?
¡santezana!