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Siempre he pensado que te hiciste sacerdote nada más para darles gusto. Y me acuerdo, sí, que estabas muy enamorado de esa mujer.
Joaquín. La verdad es que ustedes se dan baña para todo, consuelo.
Mi papá no tuvo hijos varones. Ay, no.
No. Entonces, pues, mi hermana y yo sabemos hacer, pues, de todo un poquito, ¿verdad?
Su padre debe ser un gran hombre. ¿y su viaje qué tal?
Productivo, sí, sí. Conseguimos negociar los plazos de la deuda con el banco.
Qué bueno. Sí.
Y me imagino que su señorita secretaria y usted aprovecharon y, pues, disfrutaron su tiempo juntos, ¿no? Sí, sí, claro.
Y qué suerte que facundo no vino a buscarla esta noche, porque si no, imagínese, nos quedamos sin luz hasta mañana. Pues, qué bueno.
¿verdad? Que cada quien tiene quien le ayude a salir de la oscuridad.
Sí, qué bueno, qué bueno. Eh, qué bueno.
Eh, yo voy a seguir con mi trabajo y, bueno, su señorita secretaria lo debe de estar esperando, entonces. Sí, sí, sí, claro, yo voy con ella y, por favor, no se quede hasta muy tarde y, cuando se vaya, me avisa y le pido su taxi.
Hombre, ni se preocupe, yo le llamo al facundo, el que me lleve. Sí, facundo, que la lleve.
Hasta mañana, entonces. Sí.
Hasta mañana. Que descanse.
Usted y su señorita secretaria. Se botaron las pastillas del sistema y fui a revisar la caja para restablecer la luz.
Oye, ¿y no te pasa que cuando todo se apaga, uno se pone a pensar en lo que realmente quiere? Yo sé qué es lo que quiero, joaquín, y lo tengo frente a mí.
Quedamos en esperar un poco, cassandra. Bueno, pero yo te necesito, mi amor.
No sabes cuánto te deseo, sí. No me digas que esta vez también vas a huir.
No. Perdón, perdón, perdón, perdón.
Déjalo, por una vez no contestes. Es lorena, debe estar preocupada por sus hijos.
Lorena, buenas noches. Sí, sí, aquí siguen tus hijos.
Déjame buscarlos y les digo que... Iván.
No, entiendo, hiciste muy bien en llamarme. Claro, voy para allá.
¿te vas a ir? ¿ahora?
Él, iván, está en el bar de lorena, se pasó de copas. Sí, sí, claro.
¿y esa mujer que no le puede pedir un taxi? ¿a fuerza tienes que ir tú?
Pues sí, porque se trata de mi hermano y lo conozco perfectamente. Se va a meter en problemas y no me quedaría tranquilo.
Sí, sí, sí. Bueno, ¿y yo qué quieres que haga, joaquín?
¿me llevas a mi departamento? ¿te espero aquí?
¿qué? ¿por qué no te quedas a dormir?
Es tarde. ¿sí?
Sí. Va.
No tardes. No.
Es el peso de la conciencia. ¿a poco no es el mejor compañero del insomnio?
A ver, no empieces con tus sermones, por favor. No son sermones.
Ya basta que tengo con la comida sin sal, con los tés sin azúcar. No cambias, de verdad.
Ya te podrías haber regresado a tu casa y mira, insistí en que te quedaras y aquí estás. Claro, significa.
Sí, que me atrapaste con culpa, con chantaje. Significa que no quieres seguir estando solo.
Somos hermanos, aurelio. Podemos hacernos compañía.
Además, pues aquí estás más cerca de verónica. Ay, verónica.
Mija, ¿no quieres saber nada de mí? No.
Sí. Aunque estemos en la misma vecindad, bien que se las arregla para no cruzarse conmigo.
Ah, pero sí. A ti, a chelo, los busca, los escucha.
Bueno, porque ella tiene heridas muy profundas, aurelio. Y no está cerrada, ¿eh?
No te engañes. También le duele tenerte lejos.
Y claro, también está chelo. Que te cuide.
Cuida a ti y a toda la familia comunal. Mi mujer, que en paz descanse, no pensaba lo mismo.
Siempre se llevó fatal con su hermana. ¿no te acuerdas cuando las conociste?
Al principio era chelo la que te gustaba o no. Ah, pero eso sí, beatriz hizo lo imposible por acaparar tu atención y lo logró.
Nuestros padres también pusieron lo suyo. A chelo nunca la quisieron.
En cambio, con beatriz estaban encantados. Y tú muy obediente, ¿no?
Porque siempre hiciste la voluntad de ellos. Siempre.
Pues tú también. Siempre he pensado que te hiciste sacerdote nada más para darles gusto.
Y me acuerdo, sí, que estabas muy enamorado de esa mujer. Yo creo que es muy tarde para hablar del pasado, ¿no?
Ya me voy a descansar y tú deberías hacer lo mismo. Ya se fue el último invitado.
Y yo me muero de sueño. ¿crees que me pueda quedar a dormir?
¡obvio! Gracias, val.
Gracias. Pues voy subiendo y le mando mensaje a mi mamá para avisarle.
Sí, va. ¿y esa carita?
Sí, yo la vi. Divertiéndose, ¿no?
Eso me pareció. Sí, sí, sí, es que no es eso.
Otra vez mal de amores. Te cuento, pero que quede entre nosotras, ¿ok?
Palabra. Hay dos chavos.
¿dos? Ajá.
Y lo peor es que los quiero a los dos. Ay, no entiendo cómo me puede pasar esto.
Oh, es complicado. Pero te lo puedo repetir.
Si tú me dejas, yo quiero ser parte de eso, de tu historia. Nada me haría más feliz que escuchar algún día a valeria llamarte.
Yo creo que hacemos un gran uno-dos con los chicos, ¿verdad? Ahí vamos a pesar de todo.
Sí, hacemos un buen uno-dos. Sí, ma, creo que por momentos me gusta un poquito más el chavo que no debería gustarme.
Le entiendo mucho más de lo que cree, señorita valeria. ¿qué hago?
¿qué le dice el corazón? Eso es lo que tiene que hacer.
¿y si no entiendo mi corazón, consuelo? Eso nos pasa a todas.
De ese tiempo, entonces, para entenderlo. Todo quedó hecho un desastre.
Ay, ¿quieres que te ayude a recoger? Para nada.
Váyase a descansar. Yo me encargo de todo.
No se preocupe. Es que ya es muy tarde, consuelo.
No sé. No me gustaría que te vayas a estas horas a tu casa.
¿te podrías quedar aquí? Es peligroso que salgas en la madrugada.
Yo estaría muy cansada. Me gustaría más tranquila que pasaras aquí la noche.
Si usted me lo pide, entonces sí. Vete.
Gracias, consuelo. Bueno, me voy a dormir.
Sí. Que descanse.