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¿puedo, berta? Sí, no puedo.
Lorena, lorena, lorena. No puedo.
Dime una cosa. ¿qué?
¿por qué no me dijiste que estabas embarazada? No, papá.
Deja de reírte, por favor. Es que la cara que puso tu madre cuando descubrió que nicolás es sacerdote.
A ver, a ver. Nadie nos imaginamos algo así.
Nadie. Claudia buscaba a su padre y es el padre de nicolás.
Bueno, ya. Ya deja de reírte.
Que ni mi mamá ni mi hermana se la están pasando nada bien con todo esto. Claro.
A ti te gusta que sea cura, ¿no? ¿eso qué tiene que ver?
Como es cura, sabes que no te va a volver a robar a mi mamá. ¿qué pasa?
¿se te quitaron las ganas de reír? No, perdón.
No, no, no. No hay servicio ahorita.
Estamos cerrados. Por favor, por favor, fuera.
Lorena, tranquila. Ellos son clientes.
No tienen culpa de nada. Qué bien.
Qué bien. Qué maravilla.
Ahora el padre nicolás me va a hablar de culpa. Y sí.
Podemos hablar de lo que quieras. Por eso estoy aquí.
También de culpa. Sobre todo de la mía.
Desde que era niña, cada noche le pedía a dios que tú volvieras. Que un día tocaras la puerta.
Y ahora que estás aquí, no sé qué decirte. Claudia, yo no sabía que existías.
Pero supe cuando me llamaste por teléfono. Y te juro que desde ese día me he tenido un minuto de paz.
Desde entonces te he buscado en cada oración. En cada momento de mi vida y estoy aquí.
Para mirarte a los ojos. Para decirte que si hubieras sabido, si hubiera tenido la oportunidad, yo habría estado ahí.
Habría estado ahí para ti. Y para tu madre.
No puedo. No puedo, no puedo.
Claudia, ya. Déjala, déjala, déjala, déjala, por favor.
Necesita respirar. Necesita asimilar.
Mira, no me digas que es cierto. No me desobedeces, ¿viste?
No te estoy dando órdenes, lorena. No debe ser nada fácil esto para ella.
Pero necesitas saber la verdad. ¿por qué nunca me dijiste que teníamos una hija?
Mira, nicolás. Tanto mal te hice.
Entra, olga, entra. ¿qué pasa, iván?
¿qué pasa? ¿cómo qué?
¿ya te has decidido a jugar o qué? ¿jugar?
No. A ver, ya te dije que no.
Esto es serio. Esto es importante.
Es nuestra hija, olga. ¿qué?
Majo, yo la escuché. ¿qué?
Parece que ella tiene... ¿qué?
¿qué? ¿qué tiene qué?
¿qué tiene? Dilo.
Tiene novio. No me digas.
¿lo has pillado con diego miranda? ¿nos has visto dándose un beso?
No, te estoy diciendo que esto es importante. ¿cómo diego?
Diego es como su primo. Por dios, iván, claro que no.
Claro que sí. Es el hermano de la hijada de su tío joaquín.
Es como si fueran parientes, como si fueran primos. Pero no lo son.
Ellos son novios, iván. Son novios.
Mis padres siempre soñaron con que yo fuera sacerdote. Y de niño lo escuchaba como si me hablaran de otra persona.
Porque yo quería otra cosa. Yo quería enamorarme.
Yo quería vivir mi vida. Y lo hice contigo.
Y después, no sé... Me quebré.
Me comenzaron a enloquecer los celos, la posesión. Discutíamos todo el tiempo, lorena, por dios.
Y todo por mi culpa siempre. Y un día entré a una iglesia sin saber por qué.
Y ahí me senté solo. Me quedé en silencio.
Y te juro que por primera vez en mucho tiempo, me sentí en casa. Entonces nunca me quisiste.
Al contrario. Te amé.
Con cada célula de mi cuerpo, de mi ser. Pero no sabía cómo sostener ese amor con todo lo que traía dentro.
Toda esa ira estaba hundiendo. Toda esa violencia.
Tenía que ir. Tenía que encontrar paz.
Y la encontraste. Encontraste esa paz.
Sí. Dios me la dio.
Él me enseñó a perdonarme. Y a perdonar.
Te fuiste como un cobarde, nicolás. Sin una sola explicación de un día para otro desapareciste.
El alma hecha trizas. Pello blanco.
Por encontrar paz. Te enojes.
¿cómo no quieres que me enoje? ¿cómo no crees?
Así es. Jura.
Sé que eres asurdote porque lo estoy viendo. Pero, de verdad.
No puedo. Presiona.
Lorena. Dime una cosa.
¿qué? ¿por qué no me dijiste que estabas embarazada?
¿por qué me lo ocultaste? ¿por qué me ocultaste que íbamos a ser padres?
Mamita, chelo. ¿tenemos alguna noticia de mi papá?
Ay, mi hijita. Estamos en la clínica.
¿por qué? ¿qué pasó?
Sufrió un infarto. Estaba embarazada.
Tú ya te habías ido, nicolás. Yo te busqué.
Es que... Y te trajo a la tierra.
Te desapareciste. Yo tenía que seguir.
Por mí. Y por mi hija.
Es que entré al seminario sin decírtelo. No.
¿sabes por qué? Porque en el fondo, sabía que si te veía, podías convencerme de quedarme.
Mira. Te voy a dejar mi número y la dirección de mi parroquia.
Ok, ok. Dile a claudia que se tome su tiempo.
Pero si algún día quieren hablar o solo escucharme, que me busque. Yo voy a estar ahí.
Perdóneme. Hasta luego, lore.
¿cómo que un infarto? Pero mi papá está vivo, ¿verdad?
Por favor, dime que mi papá está vivo. Ay, mi hijita.
Los médicos no han venido a decirnos nada. Pero cuando veníamos en la ambulancia, se le detuvo el corazón.
Ay, dios mío. Llegó muy grave a la clínica.
Lo único que me dijeron es que teníamos que prepararnos para lo peor, hijita. ¿dónde están?
Ya voy. Ahorita mismo voy para allá.