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Yo ya encontré a mi hija. Es una bronca familiar.
Por mi papá, que me tiene así como, como chípila. ¿qué le pasa a su padre?
No está muy bien de salud. Trae la presión alta y no se quiere cuidar.
Bueno, si en algo puedo ayudar, consuelo, por favor. Gracias, gracias.
No se preocupe, ahí la llevo, ¿eh? Yo he andado nerviosa.
Mire, hasta me corté hoy por andar de nerviosa, ¿sí? Sí.
No, no me había dado cuenta. Espero que no haya sido muy grande la herida.
No, ya estoy bien. Además, tuve una gran enfermera.
Fue valeria la que me curó. Ah, muy bien, muy bien.
No, pues váyase a su casa, descanse, por favor, que yo ya me entretuve bastante. A mí me encanta que me entretenga.
Es que se platica muy a gusto con usted. A mí también me gusta mucho hablar con usted.
Siento que nos... Entendemos.
Sí, sí, nos entendemos. Bueno, ya, me voy.
Que descanse, ¿eh? Hasta mañana.
Sí, hasta mañana, consuelo. Eh, discúlpeme.
Sí. Su bolsa.
Ay, ay, qué parte. Hombre.
¿qué pasó con el infeliz de facundo? No, todo bajo control.
Creo que entendió el mensaje. Si se atreve a abrir la boca, se va conmigo al abismo.
Ya entendió que no me debe de desarrollar. Así me gusta.
Pero entonces, si todo salió bien, ¿por qué llegas con esa cara? Por los malditos huérfanos, mamá.
Es que, de verdad, si no es uno, es otro. ¿no sabes el berrinche que armó diego en la oficina hoy?
¿y joaquín? Pues, frío, distante.
Entre los problemas de la escudería y los dramas de los escuincles, está, no sé, raro. Y yo cada vez me siento más...
¿cómo decirlo? Relegada.
¿sabes? Tienes que imponerte, hija.
Joaquín será el tutor de esos niños, pero tú... Tú vas a ser su mujer.
Si aceptas quedarte en segundo plano, lo vas a perder. ¿qué quieres que haga, mamá?
Es que, de verdad, cada vez que por fin siento que estamos avanzando, aunque sea tantito, sucede algo. O es el problema de valeria, o el berrinche de diego, o la pobrecita mudita, o la otra que creen los extraterrestres.
De verdad, me tienen harta. Tenemos que quitar a esos niños del camino.
Uno por uno. Vamos a pensar una estrategia.
Y algo se nos ocurrirá para asegurarnos que joaquín caiga rendido, sin vueltas. Y lo primero que tienes que hacer es instalarte en esa casa.
¿cómo, mamá? ¿cómo?
Por dios, no entiendo. ¿de dónde viene ese olor tan espantoso?
El portero avisó que están fumigando el departamento de al lado. Lo desocuparon, pero estaba infestado de ratas.
Qué asco. No me digas.
Sí. Una plaga.
Como los huérfanos. Cassandra, hija.
Se me acaba de ocurrir una idea maravillosa. Veo que no te has quitado el disfraz.
Salí de casa de los miranda y me vine directito para acá. ¿y entonces?
¿me vas a contar qué encontraste desde que te colaste a esa casa? ¿o también vas a decir que es por ética, que...
Que por algo personal no me puedes contar, que...? Eh, flores.
Estar ahí dentro no es lo que yo esperaba. Sí, estoy mirando, observo, apunto todo lo que puedo.
Pero es que todo está muy enredado. No es fácil, no es llegar y obtener la historia.
Ah. Estás trabajando en esa casa todos los días.
Me vas a decir que no hay nada turbio, ningún secreto sobre el pasado de navarro y miranda, que valga la pena contar. Por favor.
Lo que pasa en esa casa es delicado. Porque hay niños, una familia que intenta recomponerse.
Qué tierna. ¿y la periodista que llevas dentro?
¿se fue de vacaciones? ¿dónde está?
Tú no estás ahí para curar las heridas de nadie. Estás ahí para encontrar la verdad, la que nadie quiere contar.
Verónica, no te equivoques. Esa farsa tuya disfrazada de empleada, de infiltrada.
No sé si te das cuenta. No sé si alcanzas a dimensionar el riesgo legal en el que estás metida.
Y encima de todo me mientes a mí, que fui el que te abrió las puertas de esta revista. Cuando nadie, nadie apostaba por esa periodista de barrio.
No era mi intención traicionarte. Solo necesitaba tiempo para entender si sí había una historia que valía la pena publicar o no.
Y también cómo contarla, sino destruir lo que aún queda. No te confundas.
Esa historia no es tuya. Esa historia es mía, es de la revista.
Y si vuelves a jugar por tu cuenta, si vuelves a manipularme, te juro que voy a hacer que ninguna otra redacción de este país te abra las puertas. ¿te queda claro?
Tu prestigio está en juego, verónica. Así que o vuelves a ser la periodista que yo admiro, me da mucha pena, pero te vas por donde entraste.
Pero no me hables así. ¡tú no me hables así!
Yo sí te quise. Y te quiero, te quiero, te quiero con todo lo que soy.
Solo que era muy chiquita y no supe pelear por ti. No era fuerte en ese entonces.
Pero ahora, ahora no me importa si tengo que romper el mundo. Yo me voy a ganar tu amor.
Hijita santa, ¿qué tienes? Se está toda temblando.
No tienes idea el día que tuve hoy. Tuve una pelea muy fuerte.
No, no, no, no me cuentes. ¿con quién te peleaste?
¿me puedes explicar por qué estás vestida así? Mírate, por dios, pareces otra mujer.
Con razón estás sola, verónica. Por fin aparece un hombre como facundo.
Profesionista, trabajador. Y tú sales así, a la calle, como limosnera.
No estoy de humor para escucharte. Verónica, con facundo podrías tener la oportunidad de rehacer tu vida.
De tener una familia, de tener un hijo. Y dejar por fin el pasado atrás.
¡quiero un nieto! Tú y tu hermana me van a mandar al panteón sin haber conocido uno solo.
¿tú conociste una nieta, papá? No, no, eso no cuenta.
Eso fue un error. Algo que nunca debió pasar.
¡no! ¡y mi hija no fue ningún error!
Es lo más sagrado que yo tuve en la vida. Y tú me la arrebataste.
Pero no te preocupes, ya la encontré. Escuchaste bien.
Yo ya encontré a mi hija. No, no, no.