Actriz de ‘Smallville’ se declara culpable en caso de esclavas sexuales

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Allison Mack aceptó su responsabilidad en el caso de la secta NXIVM

La actriz Allison Mack se declaró culpable este lunes de haber manipulado a diversas mujeres para convertirse en esclavas sexuales para el líder espiritual del supuesto grupo de autoayuda llamado NXUVM, tras comenzar la selección del jurado para el juicio.

De acuerdo con la información de AP , Allison, quien fue arrestada en marzo de 2018 por este asunto, no contuvo el llanto cuando admitió sus crímenes, además de que pidió una disculpa a las mujeres que los fiscales dijeron fueron explotadas por Keith Raniere y la supuesta secta.

“Creí que la intención de Keith Raniere era ayudar a la gente. Me equivoqué. Sé que puedo ser una mejor persona”, declaró la intérprete de 36 años a un juez de una corte en Brooklyn, Nueva York, cuando admitió su responsabilidad.

Tras esta admisión de culpabilidad, la actriz, cuya audiencia para dictaminar su sentencia está programada para el 11 de septiembre, evitará ir a juicio con Raniere, con la heredera Clare Bronfman y Kathy Russell, otra persona del círculo de Rainere, quienes se han declarado inocentes y rechazaron haber cometido algún hecho ilícito.

Allison comenzó su carrera como actriz participando en comerciales a los cuatro años. Tiempo después se matriculó en el Young Actors Space de Los Ángeles y participó en varias puestas teatrales, además de diversas series y películas como Loca Academia de Policía 6, La familia Newton, Memorias del Sur y Hiller and Diller en la década de los años noventa.

En 2001 llegó su gran oportunidad al interpretar a “Chloe Sullivan”, la amiga cercana de “Superman” en la serie Smallville, en la que compartió créditos con Tom Welling, Kristin Kreuk y Michael Rosenbaum.

NXIVM tenía una fachada de un programa de autoayuda, cuyas doctrinas se centraban en la sanación de las personas a través de diversas tecnologías y técnicas como la hipnosis, además involucró actos como la esclavitud sexual.

“Las amas” reclutaban e iniciaban mujeres dentro de este grupo con sede en Albany, Nueva York, y les aseguraban que se trataba de un programa de empoderamiento femenino para superar sus miedos y dejar de ser víctimas. Para entrar debían pagar miles de dólares y ya dentro se les conocía como “esclavas”, marcando su piel con un cauterizador con los símbolos K y R, las iniciales del fundador.