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Y siguen bastos. ¿y ahora qué te pasa, mijita?
Es que yo te quería ayudar a planchar y se me cayó la plancha. ¿en los pies?
¡sí! ¿qué demonios te habías metido , mocosa del demonio?
¡tengo más de dos horas buscando la plancha! ¿en dónde está?
Voy a jugar futbolito, mira. Mira , chilindrina.
La semana pasada le prestaste el cordón de la plancha a chavo del ocho para que brincara la riata. Sí, papá, pero yo te lo devolví.
Bueno, sí, pero acabo de ver el puro cordón. Oye, ¿y buscaste bien por los dos extremos del cordón?
Digo, ¿pues qué crees que soy , mijita? ¿por qué crees que te lo pregunto?
Yo digo que... ¿en dónde está?
Dime qué hiciste con la plancha. Se la presté al chavo.
De manera que andas aplastando lombrices con la plancha, ¿eh? Sí.
¿usted sabe cómo quedan las lombrices después de que las aplasté? No, chavito, ¿cómo quedan?
Como lombrices aplastadas. Ay , ¿ya viste qué gran descubrimiento hizo el chavo , chilindrina?
¿ya viste cómo quedan las lombrices cuando las aplastas? Parecidas a usted.
¿qué? O sea , yo ya sé quién fue el culpable.
Lo ofrecí. Ay, doña clotilde, ¿pero para qué se molesta?
Por presumir, pero me quedó como para chuparse los dedos. Se ve bonito.
Tómenlo. Ay, gracias.
Ay, mira, por favor , me detiene aquí, me detiene. Con cuidado.
A ver, sí, a lo mejor esto da mejor resultado que el caramelo. ¿qué tal?
Bueno, doña clotilde, pues muchísimas gracias y, con su permiso, muchas gracias. Gracias, las que lo adornan.