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Yo no soy la autoridad de este bonito poblado mexicano. ¿qué?
No, ni ellos son mis empleados. ¡torro!
¿por qué todavía hay hormigas en mi chelería? Híjoles, yo creo que la hormiga difunta no le caía bien a nadie, ¿eh?
Ni sus familiares fueron al velorio. Pero ahora sí te lo prometo, te lo juro, que tengo el plan perfecto.
¿y cuál es? Mira, ahora le voy a poner azúcar a los contactos de la pared, mira.
Ay, y eso suena muy pegriloso, muy pegriloso. Hombre, es peligrosísimo.
Pero para las hormigas. Es que, mira, cuando vayan a comerse el azúcar, se van a electrocutar y ahora no va a quedar ni una sola.
Por favor, haznos los honores. Con mucho gusto.
Bueno, pues como representante de la belleza de chacaltepec, me congratulo en develar otra belleza. Chacaltepec.
Pero no se trata de otra buchona, no, se trata de nuestro tributo y monumento a la madre... ¿qué?
Ay, ay, ay, ay. Disculpe, doña lucha.
¿qué le parece? ¿qué madre es esta?
Es presa para usted, ¿a que sí? Sí.
Y es lo que vinieron a inaugurar el albertano, es un monumento a todas las madres, doña lucha. ¡sáquenle foto!
Ahora necesito hablar con la autoridad. Pueblo es mi hijo.
Ah, caray. ¿usted es la mamá de don gaspar?
¿cómo que gaspar ni que los reyes vagos? Albertano, albertano santa cruz.
¿qué? Búsquenle, viene ahí en su listita.
Jefa, hay algo que no sabes de mí, que te lo he estado escondiendo. Lo sé, hijo.
Ya sé que el melitón y tú se besaron en la secundaria, me lo confesó él mismo, pero no te preocupes, me aclaró que todo fue porque andaban bien borrachos. No, no, no, no es cierto, eso no.
Digo que la verdad es que yo... Yo no soy la autoridad de este bonito poblado mexicano.
¿qué? Ni ellos son mis empleados.
Ay, ya. La verdad es que son mis amigos y me ayudaron para que te fueras con la ilusión de que tu hijo no es un don nadie.
Albertano, hijo mío, ya lo sabía. ¿pero cómo estupó?
¿quién se lo dijo? Me lo dijo el sentido común.
Todo empezó cuando albertano se me cayó de la cuna. Entonces le vi el tremendo huecote en la mollera y dije, no, pues, licenciado, ya no fue.
O sea que... ¿todo ha sido mi culpa?
Ay. No, jefa.
Ay. Tranquila, tranquila.
Nada más está dando cuenta de que si albertano está rebaboso es por su culpa porque se le cayó de la cuna. No, no, no, jefa.
No llore, no llore, jefa. Haga pasado lo que haya pasado.
Yo soy feliz y ellos no serán mis empleados. Pero son mis más mejores amigos que nadie puede tener.
Solo ten cuidado con la servidumbre, porque no le vayas a dar demasiada confianza, no se vaya a hacer ilusiones de que pueda andar contigo, hijo. Estando bien alejadita de su hijo.
Ay, que me diga... Ay, no me diga, ya sé, quiere ir, cómo no.
¿a dónde está lo que... ¿a dónde vamos?
Alele, venga. ¿pero a dónde vamos?
No me hagas el menso de quedar con lo de la chelería. Unos mil pesos.
No me digas que con mil pesos voy a arreglar lo de la chelería. No, no.
Con mil pesos no iba a quedar ninguna hormiga beba.