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Se me largan en este momento. No las quiero en mi casa ni un minuto más.
Señora sheila, por favor. Por favor, nada.
Mi esposo ya no está. Así que no tengo ningún motivo para que ustedes se sigan quedando en mi casa.
¡se me van! ¡adiós!
¡se me van, se me van! ¡y aquí ya!
¡se me van! ¡vámonos!
¡vámonos! ¡no me importa!
¡vámonos! ¡se me largan!
Estoy buscando un prendedor que me quiero poner y no lo encuentro. Tal vez no te acuerdas en dónde lo guardaste.
No, no, lorena. Yo sé muy bien dónde guardo mis alhajas.
Y si no está aquí, es porque alguien lo tomó. Y quiero saber dónde lo voy a encontrar.
Mamá, espira. Mamá, espírame.
Señora sheila, ¿se le ofrece algo? Sí.
Se me ofrece quitarte tu carita de mosquita muerta. ¿qué pasa?
Esto es lo que pasa. ¿qué pasa?
Mira, hija, pasa que me robaste. Que eres una ladrona.
No. Mi prendedor estaba entre sus mugres.
Ella me lo robó. Que tu hija te lo diga, si no me crees.
Sí, papito. Yo vi cuando lo encontró en el cuarto de la chabela.
Chabela dice que no sabe por qué esa joya tuya estaba entre sus cosas. ¡ah, bueno!
¡muy bien! Ella puede decir lo que sea y tú le crees.
¿por qué? ¿qué?
¿qué le debes? ¿acaso hay algo más entre tú y esa sirvienta?
Sheila, por favor. Loren está aquí.
Pues está bien. Que sepa de una vez por qué tienes tantas consideraciones con esa mujer y con su hija.
Como para creerles encima de tu propia esposa. Porque te has empeñado en que las corra.
Y qué casualidad que de un tiempo para acá ocurren cosas como esta o como la del juego de té que perjudican a chabela. La quiero fuera porque es una incompetente y ahora también una ratera.
Ya basta, sheila. No voy a dejar sin trabajo una mujer con una hija solo por tus celos absurdos.
No peleen. No se riten.
No me gustan. Pues se lo agradeces a chabela y a tu amiguita.
Por su culpa es que tu papá y yo nos peleamos. Chabela.
Señor, yo estoy muy acongojada. No te preocupes, chabela.
Ya hablé con sheila. Seguro hubo malentendidos con lo del prendedor, pero tú te quedas.
No quiero que vaya a pensar que yo estoy insinuando cosas malas de la señora. Descuida, chabela.
La conozco y le permito muchas cosas, pero no voy a permitir una injusticia contra una mamá que se esfuerza por sacar adelante a su hija solo por intrigas. Señor, es que usted es un santo.
Tú eres una buena mujer, chabela. Y no vas a padecer por los prejuicios ni por la discriminación de nadie.
Yo... Yo le prometo no dar más problemas.
Sí, disculpa. No era mi intención incomodarte.
Con permiso. Ya no llores para que te duermas, hija.
No me gusta que pelees con mi papito. Mientras esa sirvienta y su hija sigan aquí, tu papá y yo pelearemos.
Pero marta es mi amiga y es buena. ¿por qué no la quieres?
¿por qué? Porque en verdad son malas, hija.
Tu papá las trata bien y les disculpa todo porque en realidad marta es tu hermana. ¿qué?
Ellas no van a descansar hasta quitarte todo lo que te corresponde, incluyendo el cariño de tu papito porque... Tu papito se metió con chabela y...
Marta es hija de tu papá. Marta es tu hermana, mi amor.
Pero marta es mi amiga. Es mi camarita del té.
Te juntas con nosotras, pero solo has quitado a tu papito y ya no eres... Sí, es verdad.
Tu mamá se metió con mi papá y los quieren quitar todos. Por eso ya no te quiero.
Claro que sí. Ustedes son malas y tú no me vas a quitar el cariño de mi papito.
Eres mala. ¿qué pasó, eladio?
No te tengo buenas noticias, vicente. ¿qué ocurrió?
Las inversiones que realizaste no salieron como esperabas. No, no puede ser, eladio.
Parecía una muy buena opción. Resultó ser un mal negocio.
Lo siento, vicente. Perdiste todo tu dinero.
¿estás bien? Vicente, ¿qué pasa?
Yo no puedo estar en la ruina. Vicente, vicente, por favor.
Vicente, responde. ¡vicente!
¡vicente! ¡vicente!
¡vicente, responde! ¡vicente!
¡pronto llame en una ambulancia! ¡vicente, no, por favor!
¡vicente! A mí también, mi amor.
Pero es un dolor muy grande para su familia y tenemos que respetarlo. Ya lo lloraremos nosotras por nuestro lado.
¡se me largan en este momento! ¡no las quiero en mi casa ni un minuto más!
Señora sheila, por favor. ¡por favor, nada!
Mi esposo ya no está así que no tengo ningún motivo para que ustedes se sigan quedando en mi casa. ¡se me van!
¡adiós! ¡se me van!
¡se me van! ¡ya!
¡se me van! ¡vámonos!
¡no me importa! ¡vámonos!
¡se me largan en mi casa! ¡vámonos!
¡no volveré a verlas en mi casa! Espérame.
¡mi hijita! Mi amor, ¿estás bien?
Sí, mami. Pero las casas están muy dolidas por la muerte del señor.
Vente, mi amor. Vamos.
Hermanos y yo ya estamos listos para que nos lleves al colegio. Sí, hija.
¿ya desayunaron? ¿eres tan estúpida, lorena?
Vamos a una cena de negocios muy importante y la camisa que quiero ponerme está mal planchada. Discúlpame, francisco.
No, no, no disculpo que seas tan buena para nada. Que no sirvas ni para revisar que la servidumbre planche las camisas como a mí me gusta.
Yo misma la voy a planchar para que no haya descuidos. No, déjala.
Yo me puse esta. ¿no ves?
Y tú, mejor cámbiate, mamacita, que no pienso llevarte así con los socios. ¿pero por qué?
Porque... Voy con mi esposa y no puedes parecer una cualquiera.
Órale. ¿qué esperas?
Ponte algo decente que no quiero llegar tarde por tu culpa. Eres una inútil.
No me tardo.