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Tú eres la prieta, hija de la sirvienta, ¿verdad? ¿de qué hablas?
Sí, lorena. Tu mamá ya me conoce.
¿y qué reconocí, mugrosa? Es ella.
Es marta. Aquella chamaca que tu padre protegía porque esta mujer es tu hermana.
¿qué? ¿y cómo ves cómo te dejé?
Guau. Vaya que sí me echaste una manita.
Pero de gato. Solo le saqué partido a lo guapa que ya eres.
Me siento muy bien con mi nueva apariencia. Seguro así ya vas a cautivar a cierto abogado.
Vengo a consultarte algo. Te ves hermosa.
Muchas gracias, braulio. Bueno, ¿qué consulta querías hacerme?
No lo sé. Lo único que puedo pensar en este momento es en invitarte a cenar.
¿qué dices? ¿vamos mañana?
Será un placer. Hola, mamá.
Hola. No puedo creer que hayas caído tan bajo, hija.
Viviendo en este lugar inmundo. Tan pequeño.
Yo aquí me siento feliz. Porque estoy tranquila, en paz, mamá.
Eres una tonta. Después de ser la esposa de un millonario, ahora eres una peluquera de barrio.
Estoy saliendo adelante. Dejando atrás una vida de violencia, mamá.
Hija, por fa... Aún estás a tiempo.
Ve, busca a francisco. Suplícale que te perdone, mi amor.
Es tu esposo. Mamá, no pienso volver con él.
Francisco me humillaba. Me pegaba.
Me violaba. Ay, no, por favor.
¿cómo dices que te violaba? Es tu esposo.
No, mamá. Es mi esposo, hija.
Eso no le da el derecho de faltarme al respeto, mamá. Y lo he aprendido gracias a mi abogada.
Tu abogaducha lo único que ha hecho es llevarte por un camino del mal. La única persona que te puede aconsejar bien soy yo, tu madre.
Sí, eres mi mamá y te quiero. Pero ya no quiero que me sigas diciendo esas cosas.
Esta es mi vida y seré muy feliz si es que quieres participar en ella. El lugar me encantó.
Y la comida está muy rica. Para mí lo mejor es tu compañía, marta.
Estoy muy emocionada de que me hayas invitado a salir, braulio. Yo no sabía cómo hablarte de mis sentimientos.
No quería que nuestra relación de trabajo cambiara. ¿por qué no me lo decías?
Es que... Me ganaba la seriedad.
No me atrevía a demostrar nada. Tú me gustas, marta.
Y he empezado a quererte. Quiero pedirte que...
Que seas mi novia. Me encantaría, braulio.
Sí quiero ser tu novia. Braulio se animó y me pidió que fuera su novia.
Y yo acepté. Estoy segura que van a ser muy felices.
¿cómo están? Sí, lorena.
Tu mamá ya me conoce. ¿y qué reconocí, mugrosa?
Es ella. Es marta.
Aquella chamaca que tu padre protegía porque esta mujer es tu hermana. ¿qué?
Sí, lorena. Yo soy marta.
La niña con la que jugabas las comadritas del té. No, no puede ser.
Ahora entiendo todo. Se encargó de arruinarte la vida porque no pudo quedarse con nada.
Porque es hija de tu papá. Yo hubiera dado todo por ser hija de un hombre tan bueno como don vicente.
Pero no es así. No, no puedo creerlo.
Lorena, escúchame. No, lo mejor es que te vayas.
Estoy en shock. Sí, comprendo.
Niñas, váyanse a su cuarto. Te dije, te lo dije, que esa abogada de cuarta te estaba malaconsejando.
Date cuenta, hija. Esa mujer...
Mamá, de lo que me doy cuenta es que tú me has destrozado la vida. Pero, hija, ¿de qué estás hablando?
Yo lo único que... Tú eres la persona que me ha malaconsejado.
No quiero seguir escuchándote. Estoy muy aturdida.
Vete, por favor. Dígame, suegra.
Vengo a hablarte de lorena. Usted sabe lo que a ella le conviene.
Sí, así es. Por eso vengo a decirte dónde la puedes encontrar.
A ella y a tus hijas. Me duele que lorena no me haya permitido explicarle.
Dale tiempo para pensar las cosas. ¿bueno?
Hola, marta. Te llamo porque me gustaría que nos viéramos para aclarar las cosas.
A mí también, lorena. Te veo en tu casa.
Hasta luego. El juez le dictó una larga condena a francisco por incumplir la orden de restricción.
Y por tratar de matarte va a pasar muchos años en la cárcel. Ya estás a salvo.
Perdóname, marta, por las humillaciones del pasado, por las cosas que te dije en el colegio, por cuando me alegré que te arrojaran en un charco de agua. No tengo nada que perdonarte, lorena.
Fuimos víctimas de las intrigas de tu mamá. Pero yo nunca dejé de quererte como mi mejor amiga.
Y sí, eres mi mejor amiga. Gracias a ti estoy viva.
Me da tanto gusto verlas así, y más por la sorpresa que les tengo. Pero antes que nada, mi hijita, quiero que sepas que todo lo que decía tu mamá eran mentiras, ¿eh?
Yo nunca le falté el respeto a tu papá, que era un santo. Ay, van a decir que estoy loca, pero me siento triste de saberlo porque me hubiera encantado que marta sí fuera mi hermana.
Pero eso va a salir bien. Sí, hermanas, porque así nos queremos.
Y miren lo que les tengo para que brinden por este momento tan especial. Cuando recogí el juego de té, lo guardé para pegar las piezas.
Y qué bueno que lo hice para este momento tan especial. Salud, comadrita.
Salud, comadrita. Mmm.
Esos tamales huelen bien. Yo misma los hice.
Son los favoritos de tu mamá. Vénganse, vámonos.
A ver, ¿tú dónde te vas a sentar? ¿qué?
A ver, ya. Ay, qué rico.
Uy, no saben, bea. Te ayudo a servir.
Puedes ir bien, ¿no? Sí, por favor.
Uy, a ver, ¿qué tal? Platitos.
A ver, súbemelos. La amistad entre nosotras las mujeres es muy importante.
Y esa amistad debe derivarse siempre a la sororidad. Y la sororidad no es otra cosa más que la empatía y el apoyo, que una mujer tiene hacia otra, en los momentos difíciles de la vida, donde el patriarcado machista nos hace daño a las mujeres.
Pero es entre nosotras las mujeres apoyándonos que viviremos en paz, en respeto, en armonía. Porque a pesar de las diferencias que podamos tener, todas las mujeres somos las comadritas del té.