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No vengo a reconciliarme con ustedes. Ya entendí que ustedes nunca fueron mis amigas.
Solo vengo a pedirte que hagamos lo correcto. ¿de qué hablas?
Tenemos que decir la verdad sobre el maestro de literatura. Tú me dijiste que inventaste todo porque no quise subirte la calificación.
Yo no voy a decir nada, así que deja de estar molestando. Si tú no lo dices, yo voy a hablar con la directora para que sepa la verdad.
Solo quería que lo supieras. Pues no cabe duda que ya te lavaron la cabeza.
Pero ni me extraña, porque eres la hija de un asesino. ¿qué dijiste?
La verdad, eres la hija de un maldito que no sabe respetar a las mujeres. Y ¿sabes qué?
Ojalá que tu papá se pudra en la cárcel. ¡de mi papá no va a estar hablando!
Qué bueno que regresaste. La verdad no sé qué decirte.
¿debo agradecerte por haber matado a una mujer para defenderme? No espero que lo hagas.
Sé perfectamente que a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una flor. Pero me dio rabia, me dio mucho coraje al ver lo que se hizo.
Esa mujer quería hacerte. Sabía que en el mundo hay maldad.
Pero siempre pensé que entre mujeres nos íbamos a apoyar. Y es verdad.
Pero hay muchas mujeres solidarias que comprenden entre sí lo que se vive por el simple hecho de ser mujer. Pero no todas.
Algunas son capaces de hacernos daño. Y lamento el haberte expuesto por mis errores.
Espero que me perdones. Claro que te perdono, papá.
No es anormal. Pero sí debes saber que te perdono y no te guardo rencor por el pasado.
Ay, virgencita. Yo sé que no estoy mal al pedir que a las mujeres se nos respete y no se nos trate como alguien inferior por el simple hecho de ser mujeres.
Pero ahora entiendo que tengo que hacer las cosas con más conciencia. Es nuestro derecho alzar la voz para que no haya más femeninos.
Se nos trate con dignidad. Porque todos tenemos los mismos derechos.
Pero también tenemos que entender que no todos los hombres son iguales. Y no todos quieren lastimarnos.
Por eso te pido, madre mía, que pueda distinguir la diferencia. Porque ahora entiendo que lo único que debe existir entre hombres y mujeres es el imperio de la reconciliación.
Tenemos que hablar. No sé de qué.
Nosotras no queremos estar cerca de la hija de un femenino. No vengo a reconciliarme con ustedes.
Yo entendí que ustedes nunca fueron mis amigas. Solo vengo a pedirte que hagamos lo correcto.
¿de qué hablas? Tenemos que decir la verdad.
La verdad sobre el maestro de literatura. Tú me dijiste que inventaste todo porque no quise subirte la calificación.
Yo no voy a decir nada. Así que deja de estar molestando.
Si tú no lo dices, yo voy a hablar con la directora para que sepa la verdad. Solo quería que lo supieras.
Pues no cabe duda que ya te lavaron la cabeza. Pero ni me extraña.
Porque eres la hija de un asesino. ¿qué dijiste?
La verdad. Eres la hija de un maldito que no sabe respetar a las mujeres.
¿y sabes qué? Ojalá que tu papá se pudra en la cárcel.
De ahí tu papá no va a estar hablando. ¿con este hombre no vamos a defendernos?
A ver, no voy a ponerles una mano encima. Tampoco voy a dejar que le sigan pegando a perla.
Y por eso fue el pleito. Porque le dije a brenda que teníamos que decir la verdad.
El maestro nunca le pidió que se acostara con él. Pues hicieron muy mal en hacer esa acusación.
Por esa mentira, el maestro perdió su empleo. Lo lamento.
Quise que él pagara por el daño que nos han hecho otros hombres y estuvo mal. Por eso ahora estoy diciendo la verdad.
Ojalá aún esté a tiempo para corregir mi error. Espero que entienda que tuve que tomar la decisión de cesarlo porque no había quien respaldara su versión.
Pero ahora que perla ha dicho la verdad, puede usted recuperar su trabajo. Y te agradezco que lo hayas hecho.
Me vi tan perjudicado por el escándalo que nadie ha querido darme trabajo. De verdad lo siento mucho.
Voy a encargarme de publicar en mis redes sociales que todo lo que pasó fue una mentira. Y que usted siempre ha sido un maestro muy respetuoso para tratar de limpiar su nombre.
Me harías un gran favor. No quiero ser señalado por algo que yo no hice.
No es ningún favor. Es reconocer que usted es un maestro justo.
Que nosotras nos equivocamos. Me siento muy orgullosa de ti, hija.
Hiciste lo correcto y tu maestro pudo recuperar su trabajo. Es lo mínimo que podía hacer.
Ya comprendí que no todos los hombres son malos. Lo tuve que entender después de enterarme de lo que le pasó a mi papá.
Yo sé que tu papá se ha equivocado varias veces. Pero eso no lo hace un mal hombre.
Todos tenemos nuestros defectos y eso debemos de entenderlo. Dime una cosa, mamá.
¿tú ya lo perdonaste por haberte sido infiel? Ay, hija.
Han pasado tantos años que yo ya ni pienso en eso. Entonces, ¿irías a visitarlo conmigo?
Puede ser. Ya no recuerdo muy bien la receta de la ropa vieja.
Ese era el guiso favorito de tu papá. Pero prometo hacer el intento de volver a prepararlo.
Gracias, mamá. No me lo agradezcas.
Muchos años guardé el secreto que te mantuvo aquí. Estuve alejada de tu padre.
Y es tiempo de recuperar el tiempo perdido. Lo haremos.
Ahora sé que el pedir que nos respeten como mujeres no quiere decir que estemos peleadas con los hombres. Y que al luchar por nuestro respeto, debe existir el imperio de la reconciliación.
Claro que las mujeres tenemos el derecho de pedir que se nos respete. Y tenemos la obligación de alzar la voz para decir ya basta de feminicidios y violaciones.
Por supuesto que hay machos. Y el machismo mata.
Por eso hay razones para manifestarse. El asesinato de la gran activista marisela escobedo sigue impune.
Y la realidad es que no sirvió de nada su lucha pacífica frente al palacio de gobierno de chihuahua. Pero no debemos dejar que nuestro dolor y rabia nos hagan confundir a los enemigos.
Porque también hay hombres buenos. Tengamos presente que el ojo por ojo va a dejar al mundo ciego.
Cuando en realidad lo que el mundo necesita es el imperio de la reconciliación. Gracias por ver el video.