Catalina Creel

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El rostro de la maldad encarnada en mujer.

Es compleja, sofisticada, elegante y de belleza enigmática, pero vacía de corazón. Posee una mente fría y calculadora, no tiene límites morales y llegado el caso, tampoco ataduras emocionales. Es una estratega brillante que puede trazar planes y llevarlos a cabo sobre la marcha. Ha sabido construir una red de complicidades, fuera del marco legal y moral, que la mantienen a salvo de cualquier escrutinio.

Entre sus principales objetivos se encuentra acumular poder y prestigio a través del dinero. Crear la imagen de la Catalina Creel que siempre ha idealizado: una reina, poderosa y seductora, capaz de controlar un imperio. Es la metáfora de una loba, capaz de justificar con creces el derramamiento de sangre para perpetuar su liderazgo dentro de la manada.

Su escala de valores está basada en la supremacía de su casta, en el poder, el prestigio y el dinero. Ningún otro valor le merece el suficiente respeto. La familia, el amor, la lealtad, la gratitud, la solidaridad e incluso la maternidad, se convierten en obstáculos a eliminar si se interponen en su camino.

Padece un trastorno de personalidad antisocial que le impide sentir empatía por el sufrimiento de los demás. En ocasiones se deja llevar por el rencor y la venganza.

Aunque ni siquiera se lo plantea, siente una necesidad erótica por Francisco, su cuñado, quien representa lo más parecido al amor que ella ha podido experimentar.

Entre sus principales obstáculos se encuentran: José Carlos, hijo del primer matrimonio de Carlos Larios, Leonora, y, finalmente, la bisexualidad de Alejandro su único hijo, a quien utilizará como el medio para conseguir la descendencia que el difunto patriarca estableció como condición para heredar la inmensa fortuna familiar.