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Hoy la despedimos, pero no decimos adiós para siempre. Algún día volveremos a verla.
Las campanas de alerta. No puede estar helada, yo consulté el estado del tiempo con el servicio meteorológico.
Como bien dijo, ya se estotó la helada, ya los chonchones están listos, nomás hay que encenderlos. La gente ya debe estar en el viñedo.
Hay que actuar inmediatamente, vamos. Julián, ven inmediato a la viña y saca todas las turbinas.
Avísale a bernabé que viene la helada. ¿cómo?
¿no lo sabías? Yo le advertí como usted me lo pidió.
¿qué es eso de los chonchones? Es un sistema muy antiguo que ya no se ocupa en ninguna parte, salvo en la viña de mi abuelo.
Dirás lo que quieras, pero funcionan muy bien para las heladas. Vete para la viña.
Yo me voy a quedar a velar a rosa. Como diga.
Vámonos. ¿quieres decir por qué no le hiciste caso a mariano?
Tu abuelo jamás se ha equivocado. Perdóname, pero el que a mi abuelo le duele la rodilla.
No significa que sea un pronóstico del clima. Eso es un idiotez.
No, el idiota eres tú porque no te costaba nada sacar las turbinas y tener a la gente al pendiente. ¿dimensionas cuánto tiempo vamos a tardar en llevar esos aparatos hasta la viña?
Por supuesto que lo sé, ya deja de recriminarme. Más te vale que no se pierda una sola uva por tu negligencia.
Muévete. ¿puedo ayudar?
Enséñame cómo hacerlo. Agarra la palma con las dos manos, con cuidado porque está filosa.
Jale el aire caliente. Hacia las uvas.
No, despacio, despacio. Cuando regrese, el aire regresa a alimentar el chonchón.
Y toma el aire caliente y se le echa a las uvas como si fuera una caricia. Despacio, así.
¿qué hora es? Son las seis.
No podemos cosechar. Maldita sea.
Que todo esto es por tu culpa, ¿eh? Por tu negligencia.
Está perfecta. ¡que empiece la vendimia!
Venga, muchachos. Buenos días, don vicente.
Buenos días. ¿cómo va la recolección?
De maravilla. Y todo gracias a su rodilla.
La helada no hizo de las suyas. Menos mal.
¿usted cómo está? Te podrás imaginar.
No es un buen día. Se fue rosa.
No la voy a volver a ver. Y de verdad no me puedo hacer la idea.
Todos estamos igual. Nos va a costar mucho acostumbrarnos a su ausencia.
A rosa le ha encantado la vendimia. La disfrutaba como nadie.
Decía que era una fiesta que celebraba la vida. Es una coincidencia que justo se haya ido en estos días.
Su nieta ángela anda muy activa. Está apoyando en la recolección de la uva.
Me parece una buena muchacha. No se deje llevar por las apariencias.
A mí hay algo que no entiendo. No me termina de gustar.
Mariano, eres demasiado desconfiado. No se puede ser así.
Hay que aprender a confiar en la gente. Más vale pecar de desconfiado a que se aprovechen de uno.
Que la nieta de doña rosa haya venido a verla en su lecho de muerte no quiere decir que sea buena persona. El interés tiene pies.
Lo dudo. ¿qué interés podría tener?
Olvídelo. Nada más viene a inquietarlo.
El primer cargamento ya está en la tolva, listo para pasar a la despalilladora. Bien.
Me gustaría ir a ver cómo está la maduración de la uva, pero ya mero es la hora de la misa de rusa. Por favor, recuérdaselo, ángela.
Yo le digo. Hijo, ¿has visto a fidel?
No, parece que no está. Ay, ¿cómo es posible que un día tan importante para mí se desaparezca?
Debería estar aquí. ¿quién va a manejar el carro?
Bueno, pues, yo creo que si fidel no aparece, la vas a tener que manejar tú, ¿eh? Ay, hijos, gracias.
Gracias por apoyarme. Estoy muy nervioso, ¿eh?
No veo por qué, pa. O sea, ya es la cuarta vez que te casas, ¿no?
Ya deberías estar acostumbrado. Bueno, efectivamente, pero me siento como si fuera la primera vez.
Casarme a mi edad con una mujer tan joven, tan inteligente, tan llena de vida, ¿eh? Ni en mis mejores sueños lo hubiera imaginado.
Nunca pensé que una mujer así se fijara en mí, ¿eh? Tienes mucha suerte.
Lo sé. Y tú, hijo, ¿cuándo vas a encontrar a una mujer para formar tu propia familia?
No sé. Hoy más que nunca me siento muy lejos de encontrarla.
No puedo creer que por fin llegó el día. Muero porque seas mi esposa.
Pero, ¿qué? ¿qué pasa?
¿qué es esto? Ábreme.
¡patrón! ¡patrón!
Lo siento, pero no se va a poder casar porque hay un funeral. ¿cómo de que no?
Aparté la iglesia hace dos semanas. Sí, pues.
Pues sí, pero no contábamos con que la señora rosa se iba a morir ayer. El padrecito dijo que se puede casar a las cinco.
¿qué haces aquí, juan? Te mandé a decir con fidel que la boda se le atrasaba.
No me digas que no le avisaste. Eh, este, ahí arréglense ustedes.
Yo tengo que regresar a la bicicleta. Ahí se ven.
¡fidel! Explícame, ¿qué está pasando?
La boda puede retrasarse y puede esperar. La muerte, no.
No. Ahora, si me permiten, tengo que oficiar una misa.
Con permiso. No, no, oye, pero no me hagas eso.
Mi amor, mi amor. No te preocupes.
Podemos esperar. Es más, si no, nos casamos otro día.
Pero, ¿cómo otro día, mi amor? No pasa nada.
Papá, ya no podemos hacer nada. Mejor vámonos.
Ven, ven, ven. Ya, papá, vente.
Vamos. No pasa nada, no pasa nada.
¿qué vamos a hacer? Hermanos.
Hoy nos encontramos ante el cuerpo de nuestra hermana rosa. Aquí están sus restos.
Pero su espíritu ya ha partido al encuentro con el señor. Mirar este féretro nos recuerda que la vida terrenal es pasajera.
Pero también que la fe en cristo nos asegura que la muerte no es el final, sino el paso a la vida eterna. Este es el momento de acompañar a rosa con nuestras oraciones.
Así como en vida ella estuvo rodeada de cariño, ahora la abrazamos espiritualmente, pidiendo al señor que le abran las puertas del cielo. No la dejemos sola.
Nuestras plegarias son el puente que une a la tierra con la eternidad. Hoy la despedimos, pero no decimos adiós para siempre.
Algún día volveremos a verla. Cuando cristo nos reúna a todos en su reino, elevemos nuestra súplica.
Señor, dale el descanso eterno a tu hija rosa. Y brille para ella la luz perpetua.
Dale, señor, el gozo de tu presencia. Y a nosotros la paz de saber que en ti la vida no termina, sino que se transforma.