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Alguien que abandona a una mujer como doña rosa no merece el perdón de dios. Ella es un gran corazón, es una gran mujer.
Es ángela, la nieta de la señora rosa. Bienvenida.
Tu abuela anhelaba conocerte. Hazle, por favor.
Margarita, hija, pensé que no ibas a venir. Aquí estoy, mamá.
Todo va a estar bien. Me perdonas.
Sí, mamá, te perdono. Gracias.
Me da mucha paz escucharlo. Cansa, mamá.
Fiesta. Ella está bien.
Quería venir a conocerte, pero desafortunadamente no pudo. Pero te manda muchos saludos.
Se quedó muy triste. Dile que aunque no la conocí, no hubo un día en que no pensara en ella y que me la llevo en el corazón.
Abuela, abuela. Adelante.
No imaginé que la viña fuera tan grande. Siéntate, por favor.
Gracias. Adelante.
¿tú te dedicas a dar los recorridos? No, no, no, yo soy el enólogo.
Me encargo de supervisar el proceso del vino. Desde que se siembra la uva hasta que lo embotillamos.
Bueno, pues, con mayor razón te agradezco el recorrido. Debes de estar muy ocupado y aún así te tomaste el tiempo de enseñarme todo.
Bueno, es que me dijeron que eras una visita muy especial. ¿ah, sí?
Me dijeron que eras una reina de belleza, pero no pensé que fueras tan hermosa. Eres mucho mejor de lo que esperaba.
Gracias. Ah, ya llegaron.
Buenas tardes. ¿tú quién eres?
La futura reina de la vendimia. ¿perdón?
No, ella no es la modelo que contraté. ¿ah, no?
Entonces, ¿quién? Mi amor, llegaste.
Ay, qué bueno que están aquí los dos. Te presento a mis hijos, julián y bernabé.
Amparo, mi futura esposa. Vaya, juan, sí que tienes buen gusto.
Mariano, ¿qué pasó? Ya quedaron instalados todos los chonchones.
Gracias, moncho. En cuanto sintamos que se viene la helada, hay que encenderlos.
Está bueno. Voy a recorrer el viñedo para avisarle a todos.
Mamá, mi abuela acaba de morir. Mamá, ¿me estás escuchando?
¿no vas a decir nada? Mi abuela murió.
Sí, te escucho. Me confundió contigo.
Creyó que habías venido porque la habías perdonado. Eso le dio alivio y paz antes de morir.
Mamá, todavía estás a tiempo de venir a su funeral. No, hija, no insistas.
Es tu madre, tienes que venir. Mañana es el último día que puedes venir a despedirte de ella antes del funeral.
Ya te dije que no me interesa. Después hablamos.
No puede ser que seas tan insensible, mamá. La casa de doña rosa está muy grave.
Mi padre se debe de sentir fatal. ¿me acompañas?
No, no, yo nunca me he parado en esa casa ni pienso hacerlo. Es más, tú deberías de hacer lo mismo.
No pienso dejar a mi padre solo en una situación así. Deberías entenderlo.
Hijo, qué bueno que llegaste. ¿qué pasó?
¿me acompañas a ver a tu abuelo? Sí, claro, vamos.
Nos vemos más tarde. ¿tú?
¿qué haces aquí? Aquí vivo.
¿cómo que aquí vives? Sí, sí, sí, soy mariano, el hijo de finomena, el capataz de viña del embrujo.
Ahora dígame, ¿qué hace aquí? ¿quién es usted?
Soy ángela, la nieta de la señora rosa. ¿con qué esas tenemos?
Usted es la famosa nieta. Yo jamás me imaginé que fuera a venir a ver a su abuela.
Según sé, ni siquiera la conocía. En 27 años no se apareció por aquí, y mire que ella siempre las buscó a usted y a su mamá y siempre le dieron la espalda.
¿y tú qué sabes, eh? Más de lo que se imagina.
Doña rosa sufrió mucho por su abandono. Yo clarito recuerdo cómo lloraba cada vez que les llamaba y ustedes ni siquiera le contestaban el teléfono y por supuesto que sé de lo que hablo.
Ya bájale, tú no eres nadie para juzgarme. No me conoces.
Tienes razón, no la conozco, y tampoco me interesa conocerla. Alguien que abandona a una mujer como doña rosa no merece el perdón de dios.
Ella es un gran corazón, es una gran mujer. En cambio, usted no es más que una joven caprichosa que se aparece así de repente para limpiar su culpa derramando un par de lágrimas.
Mi abuela murió, y aunque no lo creas, me duele en el alma. No le hagas caso.
Ese imbécil solo es el hijo de la cocinera. Y como te podrás dar cuenta, todavía no le queda claro qué lugar le corresponde.
Tomás sarmiento, nieto del hombre con el que tu abuela... Discúlpame, discúlpame, ha sido un día terrible y no quiero escuchar nada más.
Entiendo. Solo te quería decir que lamento tu pérdida y te ofrezco mi apoyo.
Gracias. Ay, qué bueno que estás aquí.
Te quiero presentar a amparo. Es nuestra nueva madrastra.
¿qué? Amparo mena, mucho gusto.
Virginia no es solo mi hija, sino que la doctora del pueblo, ¿eh? ¿eh?
Y él es fidel, quien nos ayuda con la casa. Fidel ordóñez, para servirle.
Por favor, fidel, por un lugar extra en la mesa. Sí.
¿ellas eran tus esposas? Sí, las madres de mis tres hijos, rebeca, meche y ornela.
Así que eres la novia de mi papá. Así es.
¿y en serio te vas a casar con él? Sí.
¿y de dónde eres? De querétaro.
Ya tendrán tiempo de conocerse. Quiero mostrarte dónde te vas a quedar esta noche para que te instales, ¿eh?
Con permiso. Adelante.
Gracias. Ay, no lo puedo creer.
Ahora sí se voló la barda mi papá con esa novia de nuestra edad. Ya sé, ¿de dónde lo habrá conocido?
¿y ahora tú? ¿no vas a decir nada?
No. Buenas noches.
¿en serio le vamos a decir mamá? Eh.
Mariano. Se nos fue lucero.
Ay, la señora rosa se nos fue. Tarde o temprano iba a suceder.
Ya estaba muy mal. Así es la vida.
Por más que uno sepa que las personas que uno quiere se tienen que ir, no hay manera de entenderlo. Tenemos que despedirla como a ella le hubiera gustado, ¿no?
Sin lágrimas, sin dolor. A lo mejor donde quiera que esté.
Yo lo sé, pero me va a costar mucho acostumbrarme a su ausencia. Y cómo no la voy a extrañar si era una gran mujer.
Siempre tenía una palabra de aliento, de cariño para todos nosotros. Y más para ti, que era como tu propia madre.
También me va a hacer mucha falta. Me voy a sentir muy sola sin ella, pero tengo que ser fuerte y sobreponerme a que ella no esté.
No vas a estar sola. Yo voy a estar siempre a tu lado.
Don vicente tenía razón. Llegó la helada.