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Inocencia de doña rosa, yo quisiera pedirle formalmente la mano de lucero. Listas.
Me honra que semejante belleza sea mi compañera esta tarde. Oye, ¿y ella quién es o qué?
Es virginia. Bueno, es que pareces a otra hermanita.
Estás tan bella, tan bella como lo era tu madre. Bueno, ya vámonos, ¿no?
Ya es tarde. Sí, ya vámonos.
Vámonos. Ay, qué gusto verte.
¿cómo estás? Muy bien, ¿y tú?
Bien, bien también. Ya esperando que llegue el domingo para casarme.
Ay, este lugar es increíble. Aquí el amor florece por todas partes.
Para donde uno mire, hay parejas pensando en casarse. ¿a poco tú también te vas a casar?
Ay, no, no, no, a mí no me interesa todavía. Pero sí andas de novia con tomás, ¿no?
¿ángela? ¿eh?
Que sí andas de novia con tomás. Ah, no.
No, no, estamos saliendo apenas. Ah.
Voy por una copita de vino, ¿gustás? No, no, gracias, estoy bien.
Vale. Amparo, ¿cómo te lo estás pasando?
Bien, bien, ¿tú? Pues, no tanto.
Estoy rodeado de gente feliz y eso me recuerda a mi soledad. Y también que la mujer que amo no será mía.
A nombre mío y al del lucero, quiero agradecerles su presencia hoy, en este día tan especial para nosotros. Don vicente, en ausencia de doña rosa, yo quisiera pedirle formalmente la mano de lucero.
Lucero y yo crecimos juntos. Compartimos la infancia entre carencias, pequeñas tristezas, pero también entre risas, entre sueños y esperanzas.
Con el paso de los años, lucero dejó de ser aquella niña de sonrisa inocente para convertirse en una mujer de luz, de un gran corazón, que ha sabido ser mi refugio en los días difíciles y mi alegría en los buenos. Yo en sus palabras encuentro siempre el consuelo que necesito y en su presencia la fuerza para salir adelante.
Y por eso y por todo lo que significa en mi vida, hoy, hoy quiero dar un paso más allá, ante ustedes y con todo el respeto que le tengo a don vicente. Yo quisiera pedirle que me conceda su mano en matrimonio.
Por supuesto que te concedo la mano de lucero. No podría desear para ella un hombre más leal y sincero que tú.
El amor que se tienen es verdadero. Y yo sé que a tu lado no le va a faltar ni el cuidado ni la devoción que ella merece.
Te he visto crecer hasta convertirte en un hombre de bien. Me siento muy orgulloso de ti, como si fueras mi propio hijo.
Y por lo mismo no solo te entrego la mano de lucero, también les deseo lo mejor de este universo. Y que siempre tengan una vida plena.
Una vida llena de felicidad. Muchas gracias por sus palabras, don vicente.
Y con mi madre de testigo yo prometo cuidar, amar y respetar a lucero todos los días de mi vida. Yo a ti, mariana.
Te amo. Hoy en este brindis vamos a celebrar no solo el compromiso de esta pareja, sino también la promesa de un camino compartido.
Un camino lleno de esperanza. De sueños, de respeto y de alegría.
Salud. ¡salud!
Que dios nuestro señor los bendiga. Tu abuelo siente un gran cariño por mariano.
A veces pienso que está más orgulloso de él que de mí, que llevo su sangre. ¿y mi suegro no va a cenar con nosotros?
No, señora. Se fue al compromiso de lucero y mariano.
¿se van a casar? Sí.
Ah. ¿y antonia?
No sé. Ni ella ni el joven tomás han llegado.
¿y mi mamá? Tampoco.
Bueno, pues, ni modo. Sírvenos de cenar y dile al señor que esta noche va a dormir en el sofá.
Señor, dice la señora que esta noche va a dormir en el sofá. ¿ah, sí?
Pues, dile a la señora que ni se le ocurra pedírmelo. Dice el señor que ni se le ocurra...
Dile... Que a mi cuarto no entra.
Dice la señora que... Ya, ya la escuché.
Por dios. ¿se puede saber qué pretendes?
¿echarme de esta casa poco a poco? Dile a tu patrón que no voy a...
Ya, ya, por favor. Ya, por dios.
Ya, párale con tu jueguito tonto. Somos adultos y los adultos hablamos.
Dile que aquí la única adulta soy yo. Ay, señora, discúlpeme, pero el señor arruinó el juego desde hace rato.
Está bien, sirve la cena. ¿y de veras pretende sacarme de nuestra habitación?
Ah, y tráele al señor su caldito de pollo. Y a mí las enchiladas de molino.
¡ah, chata! Sí, sí, ya sé que habíamos quedado.
No puedo, voy a llegar más tarde. Estoy ocupado en una estúpida fiesta en casa de rosa.
En cuanto me desocupe, te marco. ¿y por qué piensas que es una fiesta estúpida?
Disculpa, no me referí a tu discurso, que a decir verdad fue muy emotivo. Espero que el día que me comprometa digas unas palabras tan emotivas y bonitas como las que dijiste hoy.
Con lo que dijiste me quedó claro que prefieres al hijo de la cocinera que a mí, que soy sangre de tu sangre. Ni al caso tu comentario.
El cariño que siento por mariano no tiene nada que ver con el cariño que te tengo a ti. Ay, ay, ay, por favor, abuelo, es evidente tu preferencia por él.
No tienes idea de lo que dices. No voy a discutir contigo, ese es mi sentir.
Y ¿sabes qué? Mejor regresaste a la fiesta porque te deben de estar esperando.
Y algo me dice que si te vas a querétaro ya no vas a regresar. ¿por qué piensas eso?
Pues porque allá tienes todo, tu vida, tu mamá, tus amigos. Pero voy a volver, aquí también hay muchas cosas que me interesan.
¿como yo? Acuérdate que estamos en plena vendimia, así que no me obligues a dejar todo para ir a buscarte.
No, no va a ser necesario. Solo voy a llevar las muestras del mosto, de la tierra, del agua y de las hojas al laboratorio.
Y después paso a ver a mi mamá. Oye, ¿y como cuánto tiempo tardan en entregar los resultados de las muestras?
No lo sé, supongo que van a mandar las muestras del mosto a estados unidos. ¿muestras del mosto?
¿y qué andan estos dos? Buenos días, don vicente.
Buen día. ¿qué te pasa?
¿traes una cara? Ayer te comprometiste con la mujer de tu vida y no lo parece.
No, no es por eso. ¿entonces?
Me temo que la señorita ángela no se va a quedar con los brazos cruzados. ¿por qué lo dices?
Está obsesionada con investigar cuál es el secreto del vino. Se acaba de ir a querétaro y lleva muestras de todo.
Mosto, hojas de las parras, agua, tierra del embrujo. ¿no le preocupa?
Yo mismo vi las muestras. No pasa nada.
Nada. Que haga los análisis que quiera.
Solo va a perder su tiempo y a gastar dinero en balde. No va a encontrar nada que no esté plasmado en las etiquetas de nuestro vino.
Tranquilo.