Victoria Ruffo revela que tuvo Covid-19 y da detalles de las secuelas: “Perdí gusto y olfato”

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La mamá de José Eduardo Derbez contó cómo se encuentran sus pulmones tras su contagio

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Además de destapar cómo celebró sus 20 años de casada con Omar Fayad, Victoria Ruffo impactó al revelar que tuvo Covid-19 y que hasta la fecha sigue batallando con las secuelas del virus, pues no ha podido recuperar al cien por ciento el gusto ni el olfato.

De acuerdo con la llamada ‘Queen de las telenovelas’, su contagio, que también afectó a sus hijos Anuar y Vicky, ocurrió a finales de 2020, cuando ya se había reencontrado con su esposo, el gobernador de Hidalgo.

“Ya nos dio a todos. Omar fue el primero en enfermarse y estuvo bastante delicado. Tuvo fiebres de 41 y 42 grados, ya desvariaba. Cuando mi marido salió de la Covid, viajé a Pachuca. Eso fue en noviembre del año pasado, supongo que algo que entró del súper llevaba el virus y nos contagiamos Anuar, Vicky y yo”, contó en entrevista a TVyNovelas.

La actriz detalló que fueron 20 días los que cada miembro de la familia tuvo que estar aislado y aunque señaló que sus hijos estuvieron casi asintomáticos, sí destapó los síntomas que ella presentó, así como las secuelas que aún tiene.

“Estuvimos encerrados 20 días cada uno en su habitación. Gracias a Dios, ellos fueron casi asintomáticos, se recuperaron sin problemas. Yo tuve algo de tos, diarrea, perdí gusto y olfato y hasta hoy no los recupero cien por ciento”, reveló.

La intérprete de 58 años también aseguró que sus pulmones no presentaron ningún daño y que en su último estudio de tórax salieron limpios.

“En diciembre fui a ver al otorrino y me mandó hacer una placa de tórax. Me advirtió: ‘Si estás mal, te enviaré con un neumólogo’, ¡y no!, la sorpresa fue que mis pulmones están limpios. Otra bendición de Dios”, reconoció.

Finalmente, Victoria Ruffo reveló que uno de los efectos positivos de la pandemia es que pudo dejar de fumar, lo que en cierto aspecto ayudó en su recuperación y a que el Covid-19 no complicara su salud.

Dejé de fumar en plena pandemia. Un día hablaba con Gaby y le dije: ‘Espera, voy a prender un cigarro’. Lo encendí y me dio un mareo horrible, se me movió toda la casa, me dolían los ojos, la cabeza… Pensé que me desmayaría. Me recuperé; como buena fumadora creí que era pasajero, le di una segunda fumada, sentí ganas de vomitar, apagué el cigarro y no volví a fumar (…) Hasta hoy pienso en el cigarro y se me revuelve el mundo”.