'Me dijeron que no servía como payasita': Gomita cuenta qué la alentó a trabajar desde los 8 años

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En exclusiva con Las Estrellas, la conductora relató todo lo que pasó para convertirse en Gomita

Gomita saltó a la fama a nivel nacional e internacional gracias al programa Sabadazo. Sin embargo, desde que Araceli Ordaz, nombre real de la hoy presentadora, era pequeña, mostró su interés por los escenarios. En exclusiva para Las Estrellas, recordó cómo nació su icónico personaje y qué la alentó a trabajar desde los 8 años.

“Empezó por la inquietud de trabajar en los escenarios con mi abuelito, quien tenía un grupo musical y al cual amo y extraño, él ha sido mi gran ejemplo a seguir. Mi papá era el baterista, yo era la bailarina de ese grupo a los 4 años, cuando cumplí 6 años mi papá me dijo que ya estaba creciendo y que no le gustaba. A los 8 años le dije que me diera chance de entrar de payasita ,porque yo no veía otra actividad que pudiera hacer en mi casa que me guiara hacia el mundo del entretenimiento más que esa forma”, detalló.

Ante la insistencia de su hija, el padre de Gomita accedió a que la niña comenzara a trabajar como payasita, quien se presentaba en una explanada y con su rutina lograba juntar mucho dinero, lo que fue despertando la envidia del resto de los payasos.

“Era muy inteligente y me puse a trabajar de payasita. Al año de empezar a trabajar en la calle, en una explanada donde yo pedía una cooperación, yo ya era la que más ganaba, porque era una niña. A los ocho años trabajando en la calle, todos decían 'ay, qué ternura la niña', entonces ganaba más dinero. Por eso, esos cab**nes que trabajaban conmigo en la calle me corrieron, porque me dijeron ‘no, no sirves para ser payasita’. Entonces mandaron llamar a mi papá y le dijeron: ‘no sirve su hija para trabajar, sáquela de esto'. Y en ese momento mi papá me dijo ‘no, mi hija tiene el potencial’”, recordó.

Pese a los comentarios, Gomita acepta que su padre supo reconocer su talento y desde ese momento comenzó a buscar escuelas para payasos, en las que la instruyeron y le enseñaron todo acerca de dicha disciplina.

Mi papá fue quien me descubrió y dijo: ‘mi hija puede, mi hija lo va a lograr’. Entonces mi papá se puso a buscar escuelas para payasos y cuando la encontró me metió a estudiar y me dieron clases de magia, de malabares, me enseñaron a armar una rutina de principio a fin; me enseñaron lo que eran los chistes, cómo armarlos, me enseñaron de mercadotecnia, porque también teníamos que saber cómo podíamos vender mejor nuestros productos”.

“Duré ahí un año y me volvieron a cambiar a otra escuela porque ahí eran puros adultos hombres, y decían: ‘es que es una niña, no podemos cotorrear porque está aquí la niña’. Entonces me vuelven a correr de esa escuela por ser una niña y así me fui a la siguiente escuela. Hasta que un día llegué y le dije a mi papá: ‘¿sabes qué? quiero las clases para mi sola’, y entonces pagamos clases privadas”, narró.

Tras convertirse en payasita, Gomita descubrió un universo completamente diferente, el cual no solo llenaba sus ganas de triunfar en el espectáculo, sino que también le daba una gran remuneración económica, la cual se convirtió en uno de sus principales motivos para seguir adelante.

“Lo que más me llenó, aparte de los aplausos y las risas, yo creo que como cualquier ser humano fue el dinero. Además, las ganas de salir adelante y de ofrecerle una mejor vida a mi familia creo que fue lo que más me alentó a que pudiera seguir trabajando y ayudando a mis papás, porque mi papá no ganaba exageradamente bien, mi mamá no trabajaba, era una ama de casa, entonces poder aportar dinero a mi casa era muy satisfactorio para mí; hasta la fecha lo es y me siento muy contenta y orgullosa”, precisó.

Aunque comenzó a trabajar desde muy pequeña, para Gomita su infancia fue una de las etapas más bonitas de su vida, ya que disfrutó sus travesuras y aunque nunca fue la mejor estudiante, recuerda que su papá siempre le exigía.

Mi infancia fue una etapa muy divertida, aunque la disfruté hasta los ocho años; no la pude disfrutar más porque desde los ocho años empecé a trabajar. Fui una niña muy vanidosa, muy chistosa, desde muy chiquita me gustó bailar, cantar y disfrutaba mucho que me lo aplaudieran. No fui la mejor en los estudios, pero tampoco fui la peor, lo que sí es que desde muy chiquita mi papá me inculcó que el número 8 era el peor, entonces tenía que ser niña de 9 o 10 a fuerzas. Eso tampoco lo disfruté tanto”, concluyó.