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Cuatro mujeres narran cómo fue sobrevivir a la Enfermedad por Implantes Mamarios

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Ivy, Karen, Roxana y Brenda cuentan su historia por primera vez sobre cómo fue lidiar durante años con este silencioso padecimiento

Aunque no existe un diagnóstico específico para detectar la Enfermedad por Implantes Mamarios , los siguientes cuatro testimonios son de mujeres que sabían que algo andaba mal con sus cuerpos y que se fueron convenciendo de que esos cambios negativos fueron apareciendo a raíz de sus implantes de seno. A través de sus voces buscan que otras mujeres, que puedan estar pasando por algo parecido sin que nadie les de un diagnóstico certero, puedan encontrar una respuesta a esas dudas que ni siquiera sus médicos les aclaran.

Ivy Talamás, psicoterapeuta corporal:

Yo soy psicoterapeuta corporal y sí creo que el cuerpo nos habla, todo es un constante lenguaje para el cuerpo, todo tiene que ver con algo de nuestro propio sistema, él reacciona si tiene alguna alergia o un malestar. De la misma manera, como cuando el cuerpo te pide plátano porque necesita potasio, yo sentí que tenía que quitarme los plásticos de encima. Un día fui al baño a quitarme los lentes de contacto, la copa menstrual y le dije a mi cuerpo: “Dame dos semanas y te quito los implantes”.

Al principio, lo que me orilló a ponerme implantes fue mi propia inseguridad, pensaba que si no tenía ciertas características físicas, definitivamente algo me faltaba, como si hubiera nacido sin algo.

En los últimos 7 años, antes de explantarme (procedimiento para retirar los implantes), comencé a tener problemas de acné muy fuertes, cansancio crónico, piel opaca, y ya en el último año, tenía problemas para respirar y hasta comencé a usar el nebulizador para asmáticos.

Esto tenía que parar, así que comencé a buscar información sobre implantes y di con varios testimonios sobre la Enfermedad por Implantes Mamarios, y de una lista de síntomas que encontré yo tenía muchísimos. Entre ellos: dolor muscular y de articulaciones, fatiga crónica, problemas de memoria y concentración; problemas respiratorios; problemas para dormir; un acné terrible; dolores de cabeza; problemas gastrointestinales; falta de claridad mental; piel opaca; ojeras, y falta de ánimo y energía.

La corazonada que me había pedido que me los quitara tiempo atrás hizo que diera con el problema real. Desde que me los quité todo mejoró y desaparecieron los problemas casi instantáneamente, todo cambió.

Roxana Juárez, key account manager:

Yo era muy insegura con mi cuerpo. Era muy delgada, y pues, para mí, la operación de implantes era la opción de remediar lo que no lograba reflejar con mi cuerpo natural.

Mi cirugía de aumento de pechos fue hace aproximadamente 11 años, yo solo tenía 22, estaba muy chica, y pues a esa edad te cuesta pensar a largo plazo, además que me vendieron la operación como que era algo muy sencillo y para toda la vida.

Por ahí de los 26, 27 años empecé a pensar “me los quiero quitar”, principalmente por estética, pensaba que estaban muy grandes y me sentía muy limitada con los implantes, sobre todo en la ropa.

También comenzaron a pasarme cosas que antes no me ocurrían. Tenía una fatiga que no me la quitaba con nada, comencé a perder el pelo, y aunque yo siempre he sido muy delgada, tenía todo el cuerpo hinchado, sobre todo la cara. No pasó mucho tiempo cuando empecé a encontrar testimonios en internet sobre la Enfermedad por Implantes Mamarios y ahí fue cuando entré en psicosis, me quería operar ya.

Después me relajé y me di cuenta de que no hay un diagnóstico certero, yo no puedo comprobar con una prueba diagnóstico que sí tuve La Enfermedad por Implantes Mamarios, pero no tengo razones para dudar que la tuve, nunca pasé por otros problemas de salud fuertes hasta que tuve implantes.

Empecé a consultar opiniones y lo más difícil fue que los primeros médicos, famosos cirujanos con los que acudí, me dijeron que “eso no existe”, que “no iba a quedar bien”, y que si me operaban iba a quedar fatal y tenían que ponerme unos implantes más pequeños.

No fue hasta que di con el doctor adecuado que me dijo que debía quitarme los implantes en bloque, esto es cuando te sacan la cápsula que genera tu cuerpo cuando tienes los implantes adentro, es como un mecanismo de defensa que tu cuerpo genera para recubrirlos, ahí descubrí entonces que lo más importante, no solo era que me quitaran el implante, sino también la cápsula, porque hay cirujanos que no la extirpan.

Cuando me los quité lo primero que note radicalmente fue un cambio en mi energía. En mi caso, los implantes estaban perfectos, pero el cambio de energía que tuve fue muy fuerte, empecé a sentirme mucho mejor. En cuanto a temas estéticos, mucha más seguridad.

Fue después de mi operación que me di cuenta que mis implantes no sanaron mis inseguridades, yo les diría

a otras mujeres que se piensan operar que valoren el riesgo beneficio y que vayan con cirujanos certificados.

Hay muchas mujeres que les va perfecto con implantes, pero siempre existirá el riesgo, en mi caso tuve algunos síntomas, sin embargo, no existe un diagnóstico para esta enfermedad.

Brenda Plancarte, lic. en comunicación:

Yo me operé como a los 29 años, y en aquel entonces, la presión social de la televisión y los videos musicales me hacían sentir insegura porque sentía que me faltaba volumen en el pecho. De lo que sí estaba segura era que los implantes me harían sentir más feliz conmigo misma.

Mi esposo nunca tuvo un problema con el tamaño natural de mis senos, yo tengo 20 años de casada, pero era algo que yo necesitaba por mis inseguridades.

Llegó el día en que me los operé y ahí sentí el dolor más fuerte de toda mi vida, mucho peor que el parto. Me dolía horrible la espalda, yo me sentía como piñata paleada.

El cirujano me explicó que para introducir el implante debieron hacer un espacio en el músculo para que ahí entrara, este procedimiento no funcionó y con el tiempo los implantes se fueron subiendo mientras el pezón se bajaba derivando una deformación terrible que se fue agravando con los años.

Me avente 11 años así, pero cada vez se contracturaban más, parecía que me explotaban, era insostenible. En internet, me tope con videos sobre la Enfermedad por implantes Mamarios, antes incluso de saber que necesitaba el cambio. Me llegó muy oportuna la información. Hace 12 años esto no era popular, así que aunque conoces algunos de los riesgos, le entras. El cirujano con el que me operé nunca me advirtió nada, solo me dijo: “quieres implantes, te quedan bien”, ya.

Al tener a mi segundo hijo la sintomatología de la enfermedad se hizo presente por primera vez, porque antes, a pesar de tenerlos contracturados, no me dolían tanto. Comencé con un cansancio terrible y dolores corporales, que yo los adjudicaba a que tener un hijo, pues la experiencia en sí puede llegar a ser muy estresante.

Más adelante, ya no podía disfrutar de una película con mis hijos porque no tenía energía. No podía dedicarles tiempo y me subía a dormir. Y era inexplicable, porque yo no fumo, no consumo drogas y tengo una vida sana en general.

Traía un dolor en el hombro izquierdo y los pechos estaban súper lastimados. También se me empezaron a olvidar cosas, la piel se me acartonó, aunque yo vivo en Cancún donde hay mucha humedad. Ahí fue cuando decidí que ya no iba a pasar por eso.

Fui con mi doctor para revisarme, pero no me recomendó quitármelos. Entonces encontré a una influencer que se había hecho una explantación en bloque; investigando conocí los síntomas. Me sentí afortunada de conocer la información, así que decidí aprovechar todo.

El miedo que sentí al hacerme la explantación fue brutal, ya que los implantes podían estar encima de los órganos vitales. Había escuchado que el implante podía estar adherido a las costillas y tenían que raspar.

Después de hacerme la explantación me cambió la vida. Casi como por arte de magia ya no tenía dolor de nada, incluso después de haber pasado por dos procedimientos, no me dolió nada, el doctor solo me mandó desinflamatorios y a los 7 días me sentí con energía y completamente liberada de las bolsas tóxicas.

Karen Vázquez, arquitecta:

Me operé hace como 6 años, pues solo quería tener un escote más voluminoso para sentirme más segura con mi cuerpo. Al principio cuando investigué sobre la operación todo fue miel sobre hojuelas, todo era perfecto, pero a los dos años de aumentarme los senos comencé a tener problemas con los implantes.

Recuerdo que yo todavía estaba en la universidad y comencé a notar un problema con mi retención de memoria. Yo nunca tuve problemas de memoria, pero aún así, este cambio no fue lo suficientemente alarmante como para hacerlo un problema. No le di importancia.

Mis falta de memoria y concentración comenzaron a crecer de manera alarmante, y no solo eso, me comencé a llenar de brotes de acné. Tenía dolores de cabeza severos, y sobre todo, una ansiedad sin precedentes.

Decidí entrar a internet para encontrar respuesta a todos estos padecimientos que cada vez se hacían más claros, y un día en Youtube, vi el testimonio de una mujer que había tenido la Enfermedad por Implantes Mamarios, y hablaba mucho sobre el tema. Inmediatamente hice click con muchas de las cosas que ella comentaba, y además, con los síntomas que padeció alguna vez.

Después de esta investigación, mi ansiedad creció a niveles inimaginables, supe en ese momento que tenía que quitarme los implantes. Lo malo es que no hay mucha información sobre el tema. Solo conociendo los testimonios de otras mujeres te das cuenta de que no eres la única padeciendo esta enfermedad. Así fue como llegué al grupo de ayuda Breast Implant Illness and Healing by Nicole , pero en este grupo solo había una mayoría de mujeres europeas y norteamericanas, no pude evitar preguntarme: “¿Se conocerá sobre este padecimiento en México?”.

Yo soy de Oaxaca, de Tehuantepec, y desafortunadamente en mi ciudad, así como existen cirujanos plásticos certificados, otros no lo son, lo que causa que muchas mujeres se operen con estos falsos doctores. Y no solo eso, aquí no hay doctores que sepan quitarlos, pues el tema de la explantación es otra historia. Lo único que mi cirujano me decía era que no me los quitara, que me veía muy bien, pero entre más investigaba, más me obsesionaba la idea de sacármelos del cuerpo. Más tarde, en ese mismo grupo de ayuda postearon un lista de médicos certificados que hacían la explantación, y ahí fue que di con mi doctor en la Ciudad de México.

A dos años de mi explantación no me arrepiento ni un segundo. Me preguntaban: “¿Qué va a decir tu esposo?”, pero él siempre puso mi felicidad sobre mi apariencia física, él sabía lo mal que yo la estaba pasando. Aún así, después de removerme los implantes, en mi expediente médico quedó el antecedente de haber sufrido esta enfermedad y de poder desarrollar, a partir de ella, otros padecimientos. Si pudiera regresar el tiempo atrás me ahorraría todos estos problemas.

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