¿Qué opinan las mujeres mayores sobre el movimiento feminista?

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Esto opinan 10 mujeres mayores sobre el movimiento feminista actual

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Entrevistamos a diez mujeres entre 60 y 88 años para conocer cómo vivieron su juventud y qué opinan sobre los movimientos feministas

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, las mujeres de Las Estrellas nos dimos a la tarea de preguntarle a mujeres mayores cómo vivieron su juventud, qué les gustaba hacer cuando eran jóvenes y el cambio que perciben respecto a la apertura del diálogo y acciones alrededor de temas que hoy son de suma importancia, como el acoso, abuso sexual y la violencia contra las mujeres.

Para ello, entrevisté a diez mujeres entre los 60 y 88 años, quienes vivieron su juventud en distintas partes de la República Mexicana y que, por lo tanto, pasaron por situaciones muy diferentes debido a su educación y sus niveles socioeconómicos determinados.

A pesar de sus contextos particulares, que varían enormemente unos de los otros, todas tienen algo en común: desean que la violencia contra las mujeres cese. Estos son sus testimonios.

María Elena, 60 años

María Elena creció en la Ciudad de México y considera que es gracias al uso actual que hacemos de las redes sociales que se puede saber más sobre las personas que han sufrido algún tipo de abuso, ya que cuando era niña no se hablaban de esos temas, y cuando lo hacían personas de “cierta edad”, lo conversaban de tal manera para que los menores no se enteraran o no comprendieran.

A pesar de que sabía que fuera de su hogar había personas que ejercían violencia, María no la sufrió ni con su familia o su pareja. “Siempre hubo de todo, pero a mí nunca me tocó; ahora todo está muy descarado". En cuanto a su vida personal, se casó a los 19 años y tuvo cinco hijos, pero en ningún momento sintió que era algo que tenía que hacer solo por el simple hecho de ser mujer, ya que en su familia no la presionaron.

Debido al incremento de actos violentos contra las mujeres, María opina que está bien que salgan a manifestarse. Respecto al Paro Nacional, piensa que es difícil que todas puedan hacerlo, ya que muchas deben salir de sus hogares por sus hijos. “Ojalá con esta marcha logren una mejoría, un bienestar mayor para todas las mujeres”.

Liliana, 61 años

Liliana creció en la Ciudad de México, y a pesar de que se mudó en dos ocasiones, vivió una juventud muy despreocupada porque nunca sufrió acoso por parte de los hombres y en la zona en la que vivía no era común oír historias sobre mujeres que eran violentadas.

“Seguramente había secuestros o violaciones, pero antes no lo daban a conocer los medios como ahora. Todo lo que pasa lo ponían en horarios para que la gente no se enterara, o no sé. Pero me imagino que en todas las épocas sí había caso de tocamientos a mujeres”, precisó.

Una parte por la que Liliana no sufrió del acoso en las calles fue porque desde pequeña sus padres la llevaban a todos lados en automóvil y su mamá le cedió su coche cuando tuvo edad para conducir. Al vivir al sur de la capital, ella prefería quedarse en casa de sus amigas si iba a alguna fiesta, pero no por cuestión de seguridad, sino para disfrutar más tiempo de la reunión, ya que si se iba antes debía invertir más tiempo en el traslado a su hogar.

Liliana tuvo todo el apoyo de su familia para estudiar una carrera universitaria, pero a diferencia de lo que se acostumbraba en su generación, nunca estuvo entre sus planes casarse y así lo hizo, dedicándose a su trabajo.

En cuanto a su opinión por las recientes manifestaciones feministas, ella está de acuerdo con que las mujeres alcen la voz y se hagan escuchar, pero cree que el Paro Nacional es innecesario. “Ahora se viene el problema de que nadie va a trabajar y las señoras que no tienen un salario fijo no van a poder darle de comer a sus hijos, llevar el sustento a su casa”, contó.

Mónica, 63 años

Mónica es la hermana mayor de Liliana y considera que tuvo una juventud muy parecida a la de ella, la cual describe como “muy bonita y muy tranquila”, ya que donde vivían no sonaban casos de violencia de género, además de que sus padres siempre les tuvieron mucha confianza y las apoyaron para que terminaran una carrera.

A diferencia de su hermana, ella sí quiso casarse y lo hizo a los 33 años. “En esa época se podría decir que yo ya era una persona que estaba grande y era muy difícil que se casara; casi todas mis compañeras de la escuela, cuando yo me casé, ya hasta tenían hijos, no el primero, sino como tres. Entonces yo era una ‘señorita ya quedada’ porque tenía 33 años, casi todas las mujeres se casaban a los 20, 25, en una edad más pequeña”, enfatizó.

Temas como el acoso y la violencia en la familia no se hablaban, pero sí sabía que en su entorno existían. “El acoso siempre ha existido. Estoy de acuerdo en que se hagan manifestaciones para que la sociedad sepa que uno no está de acuerdo en que pasen todas esas cosas, creo que no hay otra manera de hacer ver todo lo que ha estado pasando, las muertes y demás, creo que es la única manera en la que se pueden manifestar para que la sociedad se entere”, finalizó.

María Concepción, 64 años

María creció en la Ciudad de México y en su juventud acostumbraba a ir a un lugar llamado ‘Las Peñas’, que en aquella época estaba de moda y no temía regresar a las 11 o 12 de la noche.

“En esa época en el país, las mujeres ya podíamos votar, íbamos a la universidad, trabajamos y estudiábamos; yo salía de los exámenes a la una o dos de la mañana de mi escuela, íbamos en camión, no había acoso, había a lo mejor algún tipo que se te pegaba mucho, pero con que te retiraras no pasaba nada. Yo no sufrí ningún acoso y cuando llegué a sentir que molestaban a una jovencita yo me les enfrentaba a los viejos y nunca tuve mayor problema”, recuerda.

En el ambiente en el que ella creció no se tocaban temas relacionados con la violencia, el acoso en las calles o el abuso sexual, pero piensa que la educación es primordial para detener esa clase de comportamientos misóginos.

“Yo considero que la ola de protestas está bien, pero si no hay educación en los hogares, donde se les hable a las mujeres de que no debe ser normal que un hombre te maltrate o te grite, pues esto no se va a terminar porque vemos que la mayoría de los feminicidios son cometidos por la pareja, el marido y el padre, pues esto viene dentro de los hogares, la mayoría de los casos. Lo que necesitamos es tener valores, educación y concientizar a las mujeres de que no deben de permitir eso por nada, ni porque sea el padre, el novio o el hijo, de nadie”, dijo.

Blanca Elena, 66 años.

Blanca creció en la Ciudad de México y opina que su juventud fue muy diferente a la de muchas personas, pues la define como “tranquila”. No salía a muchos lados, ya que su rutina diaria consistía en ir a la escuela y regresar a su hogar. Con el tiempo, se le permitió acudir a las casas de sus amigas. “Ya después tuve a mi novio y me acompañaba mi hermana, normalmente no salía casi sola o salíamos con los compañeros de la escuela”, platicó.

Al preguntarle si hablaban de violencia hacia las mujeres en su entorno, de inmediato dijo que no: “No fuimos chicas que tuviéramos novio tan jóvenes, como ahora se escucha, en realidad yo no supe que alguna de ellas sufriera violencia”, contó.

Al enfocarse en sus estudios, Blanca se casó a los 22 años y tuvo a su primer hijo hasta los 26. “Siempre fue primordial estudiar mi carrera y ya cuando decidí casarme, como estaba estudiando la normal de especialización en ese entonces, pues hablé con mi novio de ‘sí nos casamos, pero hasta que yo termine mi carrera pensaremos en tener algún hijo’ y él estuvo de acuerdo”, expresó.

A pesar de que no sufrió acoso en su juventud, considera que siempre ha existido, pero es ahora que hay una mayor apertura para hablar de esos temas y pide que se detengan los abusos.

“Desgraciadamente se ha dado desde siempre en muchos lugares y sí estoy de acuerdo en que hay que poner un alto, que ya no sigan estas situaciones, que ya no debe haber violencia para las mujeres y en general. Está bien que se manifiesten y que ya se ponga un alto. Yo creo que las autoridades ya tienen que ponerse las pilas y ver que no sucedan estas cosas. (…) tienen que ponerse más estrictos con esas personas, que no los dejen salir”, compartió, refiriéndose a los casos que no obtienen justicia.

Crissanta, 67 años

Doña Cris, como suelen decirle, creció en Ixmiquilpan, Hidalgo, hasta los 12 años, cuando se mudó a Veracruz con la promesa de estudiar, aunque eso finalmente no ocurrió. Ella empezó a trabajar desde que tenía 8 años en el campo después de regresar de la escuela, ya que su tío, quien la crió, decidió inscribirla y después le pedía que realizara algunas labores en la casa, como hacer las tortillas y limpiar.

“Estuve hasta cuarto año de primaria y ya fue cuando me fui a Veracruz con el fin de que supuestamente iba a seguir estudiando y pues ya no, mi tía tenía una casa que alquilaba cuartos a los estudiantes. Ahí crecí y me vine al D.F (Ciudad de México) al trabajar hasta los 20 años, cuando conocí a mi esposo dejé de trabajar para seguir trabajando en casa, doble trabajo”, dijo, entre risas, refiriéndose a los labores que hacía en su hogar para educar a sus tres hijos.

En aquella época, salía con sus primas a Chapultepec y siente que había más confianza, por ello no había tantos casos de agresiones a las mujeres. “El acoso siempre ha existido, pero no como ahora; está muy triste la situación. Ahorita está más feo. Se recataba más la gente, los hombres, en hacer tanta cosa… no se veía tanto como ahorita”, contó.

En cuanto a las manifestaciones, Doña Cris considera que se puede hacer con respeto, pero no le gustan los desastres que se han ocasionado ya que es el pueblo, con sus impuestos, quienes pagan todo ello. “Yo digo que están bien para que sean escuchadas, ojalá que seamos escuchadas, pero yo no estoy de acuerdo en lo que hacen. Debemos de manifestarnos y ojalá y Dios que seamos escuchadas, pero todo tiene su límite y su forma de pedir”, precisó.

Rufina, 68 años

Rufina vivió en Puebla hasta los 8 años y después se mudó a la Ciudad de México, donde actualmente vive con su esposo y su hija. En su juventud le gustaba mucho la música, ya que creció entre las décadas de 1960 y 1970, pero en cuanto a los derechos de las mujeres recordó que “no había información, no había difusión, por eso no puedo hablar de esto”.

A diferencia de otras mujeres de su edad, Rufina se casó a los 31 años y tuvo a su primera y única hija a los 38, pero no se sintió presionada porque siempre quiso tener un bebé. “Era un deseo de mi misma, no me sentí presionada”.

En cuanto a las manifestaciones, ella se pone en el lugar de las mujeres que no cuentan con un sueldo fijo y en caso de no trabajar un día no tendrán el dinero para alimentar a sus hijos. “Los paros están bien, pero también hay un detalle, que yo veo muy personal, un día sin mujeres… ¿Dónde quedan nuestros hijos, los bebés, a los que tenemos que dar de comer? No podemos dejar de salir a la calle”, indicó.

Josefina, 80 años

Josefina vivió algunos años de su infancia en Puebla, pero después se mudó con su madre a la Ciudad de México. Ella estima que debido al ambiente donde creció no se le permitió tener muchos gustos, ya que “hubiera querido tener un poco más de libertad, pero como mujer e hija de familia, y de una mamá que era un poco rígida, no era mucho lo que yo pudiera hacer”.

Su madre le permitió estudiar, pero después de ir a la escuela debía regresar a casa. “Yo estudié en colegios de puras mujeres; amigas tenía como 3, pero porque teníamos más confianza en nuestro trato, nos visitábamos en nuestras casas, pero no era mucho tiempo, alguna tarea o algo así, mi mamá no era de las que me permitiera convivir mucho”, precisó.

A los 21 años, Josefina decidió que sí se casaría y a su esposo, con quien tuvo cuatro hijos, lo conoció porque era primo de una de sus compañeras de la escuela; fue él quien habló con su madre y así que comenzaron a salir, pero eran contadas sus citas, ya que no tenían mucho tiempo para estar juntos.

“La violencia en la calle siempre ha habido, yo la llegué a sufrir, pero ¿qué podíamos decir? Así era el asunto, se quejaba uno de ello entre pláticas, que había abusivos en la calle, siempre los ha habido. Luego encuentra uno el calificativo porque subíamos a los camiones y no faltaba el que quisiera meterte mano. Hacia uno su berrinche o su sentimiento, pero eso era todo”, compartió.

Al hablar sobre las manifestaciones feministas, Josefina compartió que: “Es bueno que alcen la voz y que busquen los medios para que se les escuche, pero también creo que se les pasa, pierden la perspectiva; no le encuentro el caso de que vayan haciendo la manifestación con agresiones. Yo veo que se mete gente para perjudicar, no ayuda”.

María del Carmen, 87 años.

María del Carmen vivió en varios lugares de la Ciudad de México, pero como era hija única solo se le permitía salir con sus primas y a las fiestas familiares, como bodas o XV años, pero nunca iba sola por órdenes de su progenitora. “Me casé a los 23 años. Conocía mi esposo por la misma familia, siete años duré de novia y luego me casé y tuve tres hijas”, compartió.

En su juventud, María del Carmen considera que no había tanto acoso, ya que le permitían ir sola a la escuela, además está segura que la violencia intrafamiliar existía, pero era algo que se quedaba “calladito” y gracias a los periódicos amarillistas se enteraba si alguien había sido asesinado, ya que “no se oían de secuestros de niñas o muchachas”.

Ahora, por la televisión y la tablet de su hija mayor, se entera de las manifestaciones feministas, además de los feminicidos que trascienden en las noticias que han ocurrido en la Ciudad de México y en otras partes del país, pero estima que las protestas deberían ser más cercanas al Presidente.

“Deberían de ir con el presidente a su casa a hacerle las manifestaciones, de pintarrajear, para que vea todo lo que está pasando, pero tampoco es culpa de él, porque todos están como, no sé, se les ha agotado la canica, porque eso no existía antes. (…) Nosotros solo estamos para mirar, ¿qué podemos hacer?”, concluyó.

Josefina, 88 años

Josefina nunca supo quién fue su padre y su madre murió cuando era muy joven, quedando al cuidado de sus abuelos, quienes desde pequeña le enseñaron las labores del campo y aprendió a sembrar y cosechar diversas frutas y verduras durante el tiempo que vivió en Veracruz.

Al hablar de su juventud, Josefina cuenta que a ella le gustaba sembrar maíz, chile, algodón, arroz, sandía y plátano macho. “Yo no tenía amigos, mis amigos eran mis primos porque el abuelito no me daba permiso de que anduviera en ningún lado, era muy estricto. Con mis primos nos íbamos al río a pescar; por eso ahora me duele todo porque no me cuidé”, relató.

En cuanto a la situación que viven actualmente las mujeres, Josefina piensa que está muy bien que se preparen y que alcen la voz si sufren algún tipo de maltrato, ya que “deben tener un lugar y que no las maltraten porque se supone que eso es así”. “Antes la mujer nada más era para ser ama de casa, ya no, ella tiene muchos derechos; (yo opino) que las comprendan, las respeten, que no las maltraten”, destacó.