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Que alivianada nos dio mi suegra al traernos arroz. Mira,así me lo puedes preparar con un huevito frito bien rico, ¿eh?
Ahora no trajo nada como para hacer un flan, ¿verdad? Oye, no, agustín.
No es para que te lo tomes así. Tiene un poco de vergüenza, ¿no?
Gordita, no te me pongas exquisita. No, no me pongo de ningún modo, agustín.
Pero ya no puedo más con la incertidumbre de saber si vas a aportar algo para comer, para que nuestros hijos coman, para la casa. Se me cae la cara de vergüenza con mi mamá porque tengo que aceptarle la ayuda nada más porque tú no resuelves.
Seguro te cansaste de hablarle mal de mí a mi suegra, ¿verdad? A ti te encanta desprestigiarme.
Hacerme ver como poco hombre delante de todo. No, no hace falta decirlo.
Salta a la vista con cualquiera que no das el ancho de jefe de familia. ¡me estás robando, eva!
Tú me pones una mano encima, te refundo en la cárcel. Ya.
Ya guardé tus medicinas en el cajón de siempre, mamá. Gracias, mi hijita.
No tengo cómo pagarte todas tus atenciones. Ay, mamá, no me debes nada.
Mira, ya terminé de pintar a nuestra señora de guadalupe en la tapa. La caja está lista.
Y mira, también se puede colgar. Pero es para ti.
Mamá, te quedo hermosa. ¿y es para qué?
Para que tú guardes todo lo que tú consideres más importante y nuestra señora del cielo te lo cuide. Muchas gracias.
Tú eres de lo más importante para mí y ¿no cabes aquí? Creo que no.
Te amo, mamá. Te adoro.
Voy a guardar la tira del sorteo magno de la lotería aquí en la caja de la virgen de guadalupe para que esté bien cuidada. Tú de veras ya ni la muelas, ¿eh?
Sí. ¿te la pasas ahí jorobándome día y noche con lo del dinero para que despilparres todo en boletos de lotería?
¿en serio? Ay, agustín, es la primera vez que lo hago.
Además, solo gasté lo de un cachito. Don luis me fue el resto de la tira para que se la pague cuando gane.
Ay, sí, cómo no. Son puros cuentos.
Nada más te mareó para que le quedaras a deber. Y tú, ay, confiadota, ¿no?
Ay, quise hacerlo porque el número de los billetes coincide con el cumpleaños de leonardo. Ay, mira, qué linda.
Mira, yo nada más te digo que no me estés fregando al rato con que te dé dinero para pagarle al viejito ese, ¿eh? No mezcles las cosas, ¿sí, agustín?
Esto no te deslinda de que no estés cumpliendo con tu responsabilidad como jefe de familia. Ya deja de discutir con mi papá.
Hasta parece que no lo quieres. Lo que yo quiero es que mis hijos no padezcan.
Entiende, leonardo. Yo sí te entiendo, ma.
Y te apoyo. Pues yo no.
Yo quiero a mi papá. Y no voy a dejar que nadie lo desprecie.
Qué alivianada nos dio mi suegra. Al traernos arroz.
Mira, así me lo puedes preparar con un huevito frito bien rico, ¿eh? Ahora no trajo nada como para hacer un flan, ¿verdad?
Oye, no, agustín. No es para que te lo tomes así.
Tiene un poco de vergüenza, ¿no? Gordita, no te me pongas exquisita.
No, no me pongo de ningún modo, agustín. Pero ya no puedo más con la incertidumbre de saber si vas a aportar algo para comer, para que nuestros hijos coman, para la casa.
Se me cae la cara de vergüenza con mi mamá porque tengo que aceptarle la ayuda nada más porque... Porque tú no resuelves.
Seguro te cansaste de hablarle mal de mí a mi suegra, ¿verdad? ¡a ti te encanta desprestigiarme!
¡hacerme ver como poco hombre delante de todo! No, no hace falta decirlo.
Salta a la vista con cualquiera que no das el ancho de jefe de familia. ¡¿me estás hablando?!
¡¿dónde le vas?! Tú me pones una mano encima, te refundo en la cárcel.
No eres capaz. Pues no pienso quedarme a averiguarlo.
Esta es la gota que derramó el vaso y necesito que nos separemos. Te pido que hoy mismo te vayas de la casa.
Estás loca. Esto no es mi casa, mujer.
Yo no me voy de aquí. Perfecto.
Entonces soy yo la que se va. ¡no te pongas loca, vieja!
Estoy decidida, agustín. Por el bien de mis hijos, que son el cachito de mi corazón, es que yo me voy con ellos.
Encontré esta maleta hecha en mi cuarto. ¿y por qué tú estás haciendo la tuya?
Porque nos vamos de la casa. Y les dejé un cambio de ropa para que se cambien el uniforme.
Papá y yo nos vamos a separar. He tratado de que entren razón.
Pero su mamá está como una loca. Ya no puedo sostener esta situación.
Y antes de que ocurra algo peor, lo mejor es que mis hijos y yo nos vayamos. Sí, ma.
Entiendo perfecto tus razones. Y me voy contigo.
Pues yo no. Yo me quedo con mi papá.
Leonardo, por favor. Tú tienes que estar conmigo.
No te puedes quedar. Si tú te quieres ir, vete con mi hermana.
Yo me quedo con mi papá. Te prometo que vamos a estar muy bien juntos, hijo.
De ninguna manera lo voy a consentir, agustín. Leonardo es mi hijo y tiene que estar con su mamá.
Así es que te vas a cambiar el uniforme y te vas conmigo a casa de tu abuela porque te vas conmigo. Ándale.
Tú también, mi amor, ve. No me digas nada.
No entiende que esto es lo mejor para nuestra familia, hijo. No, no lo entiendo.
Y te vas a arrepentir de obligarme a abandonar a mi papá. Te odio, mamá.
¡te odio! ¡hijo!
Yo me odié y era lo que no quería. Leonardo es un tarado, mamá.
No le hagas caso. Hija, entiéndelo.
Tampoco es una situación fácil para él y no lo dice en serio. Quizás no, mamá, pero tengo que hacer de tripas corazón.
Mi hijo no lo entiende, pero yo lo hago por su bien. Ya terminé de acomodar mis cosas.
Y aquí voy a dejar la caja de la virgen de guadalupe. Donde tengo guardada la tira de billetes del sorteo magno de la lotería.
Y otros papeles importantes. Ay, mi hijita.
Yo no sé si hiciste bien en dejar a tu marido en un momento de arrebato. Es que no fue un arrebato, mamá.
Agustín me levantó la mano para pegarme. Sí, bueno.
Pero igual fue al calor de la discusión. Y finalmente no lo hizo.
Porque no se lo permití. Y no me iba a quedar a averiguar si lo iba a hacer después o a mis hijos.
Tienes razón. Perdóname, no debí ni haberlo mencionado.
Yo... Yo crecí en otras épocas.
Pero estuvo bien. De que te dieras tu lugar desde el principio.
Y que no dejes que nadie te falte al respeto. Voy a ver cómo le hago, pero voy a salir adelante para mis hijos.
Claro que sí, mi hijita. Vas a ver que le vas a pegar al premio mayor.
Y todo se te va a solucionar. Bueno, sí, es una esperanza, mamá.
Pero no me puedo quedar cruzada de brazos esperando la suerte. Se trata de la alimentación de mis hijos, de su educación, de su vestido.
No. Yo tengo que buscar un trabajo formal para sacarlos adelante.
Sí.