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No le digas ni una palabra al conde de lo que hiciste. ¿cómo?
¿que no se lo dijiste tú? No.
Le di a entender que me di cuenta de todo por mi lado. Tú no puedes perder tu empleo por esto.
Y te pido que quede entre nosotros dos. Gracias.
A mí no me gusta que se piense mal de mí. Así que no me quedé tranquila y averigüé qué es lo que pasó realmente con las acciones de rubí.
Elena, yo prefiero dar por terminado ese asunto. Ya revisé en la casa de...
¿y qué viste? ¿que las acciones efectivamente estaban a nombre de tu esposa?
Pero eso fue porque alguien las volvió a comprar. ¿me pediste que te lo demostrara?
Allí están los estados financieros. Veloz, por favor.
¿quién hizo tu movimiento? Yo jamás los autoricé.
Si te fijas en la fecha, el día que tú fuiste a la casa de bolsa, justo ese día, todo volvió a estar normal, como siempre. Héctor, lo siento.
Pero parece que el conde... ¿qué?
Compró de nuevo las acciones para rubí. ¿verdad?
¿por qué hizo eso, lucio? ¿qué interés tiene en mi mujer?
Eso vas a tener que averiguarlo con él o con tu esposa. Yo solamente quería comprobarte que lo que yo te había dicho era verdad.
Me precipité al juzgarte, discúlpame. Me equivoqué.
Pero comprenderás que una situación así se sale completamente de lo normal. Yo nunca di mi autorización para que rubí vendiera sus acciones.
A lo mejor sí la diste y no te diste cuenta, héctor. Yo nunca firmo los documentos sin leerlos.
Lo sé, pero le tienes una confianza ciega a rubí. ¿qué me estás queriendo decir?
Héctor, por favor. Eso no lo pudo haber hecho el conde solo.
Por supuesto que sí. Basta con que haya falsificado mi firma.
Pero no importa cómo lo haya hecho. De todos modos, es un fraude porque fue sin mi consentimiento.
Héctor, date cuenta. Voy a llegar hasta el fondo de este asunto.
Porque lucio va a tener que explicarme cómo y por qué compró las acciones de mi esposa y luego las puso de nuevo a su nombre. ¿qué significa esto?
Compra y venta de acciones en la bolsa. Que está mal.
Los movimientos son de las acciones de rubí. Al grano, héctor.
¿qué sucede con las acciones de tu esposa? Tú falsificaste mi firma para obtenerlas.
¿me estás acusando de hacerte un fraude? ¿a mí?
Yo no firmé ningún documento. Yo no di mi consentimiento para esa venta.
Yo creo que te refieres a este documento. ¿es mi firma?
Claro que es tu firma, héctor. ¿por quién me tomas?
Me ofende tu acusación. De veras.
Debería de echarte de aquí en este momento. Pero yo entiendo que estás nervioso, confundido.
Yo no di mi autorización para esa venta. Bueno, pues eso vas a tener que hablarlo con rubí.
Yo pensé que estabas al tanto de lo que ella hacía porque según tú, entre ustedes, no hay secretos. Rubí te dio este documento.
Sí. ¿pero cuál es el problema?
Tu estado financiero está mejor que antes porque las acciones del hotel repuntaron. Y finalmente, rubí sigue conservando su porcentaje.
El problema es que esto fue hecho a mis espaldas. Que tú compraste acciones para ella.
Con el mismo dinero que recibió ella al venderlas. Era dinero de ustedes.
Y todo esto rubí lo hizo por ti, héctor. Me dijo que tenías problemas con la constructora.
Lo único que quería era ayudarte. Aún así estuvo mal hecho.
Te advierto que fue la última vez que hiciste un movimiento de las acciones de mi mujer. Sin que yo lo sepa.
Este es el documento que tenía lucio. Y es mi firma.
Pues este es el papel que yo vi. ¿rubí sabía de esto?
No sé. Voy a hablar con ella ahora.
Héctor, no sé si mañana voy a estar aquí. ¿por qué lo dices?
Bueno, pues porque... Por querer probarte que no te mentí.
Hice algo que seguramente el conde no me va a perdonar. No me arrepiento de haberte traído esos documentos.
Porque lo que yo quería era recuperar tu confianza en mí. Por supuesto, elena.
Perdóname por haber dudado de ti. No le digas ni una palabra al conde de lo que hiciste.
¿cómo? ¿que no se lo dijiste tú?
No. Le di a entender que me di cuenta de todo por mi lado.
Tú no puedes perder tu empleo por esto. Y te pido que quede entre nosotros dos.
Gracias. Ese va a ser nuestro secreto.
Gracias, elena. Gracias por todo.
A vos. ¿qué va a pasar ahora?
Por lo pronto, le voy a exigir una explicación a rubí. Héctor, regresaste muy temprano.
Rubí, ¿por qué vendiste tus acciones del hotel sin decírmelo? ¿y cuándo te firmé este documento?
¡explícamelo! Diciendo siempre que nosotros no nos ocultamos nada.
Y mira, me engañaste, rubí. Me hiciste firmar sin que lo supiera.
¿por qué me hiciste esto? ¿por qué?
¡lo hice por ti! Estábamos en una crisis por tu problema financiero.
Y tú no querías aceptar la ayuda de nadie. Yo sabía que te estaba acabando la preocupación.
Por eso lo hice. Eso no te justifica.
Cometiste un fraude. ¡no me importa!
Hubiera hecho lo que fuera necesario para ayudarte. Pero aún así no aprecias lo que hago.
Lo que hiciste fue correr un riesgo muy grande. Sí, pero salimos adelante.
Y ahora de nuevo tengo las acciones a mi nombre. Tuviste suerte.
Pero no vuelvas a tomar ninguna decisión sobre tus acciones sin consultarme. ¿no te da vergüenza?
También el conde creyó de buena fe que yo había firmado ese papel. Pues qué bueno que lo tienes.
Porque con eso se acaba el problema. Te aseguro que no vuelvo a hacer nada parecido nunca más.
Me traicionaste. Le diste a héctor el documento que yo le hice firmar.
Héctor descubrió lo que hicimos con tus acciones. Y yo no podía negar algo tan obvio como fechas de compra y ventas de acciones.
Pensó que yo había falsificado su firma. Me estaba acusando de fraude.
De todas maneras, no cumpliste tu palabra. Hice lo que pude, rubí.
Le dije a tu esposo que todo lo habías hecho por él para ayudarlo cuando tenía problemas económicos. Tú me comentaste eso.
¿eso una vez? Sí.
Qué bueno que yo le dije lo mismo. ¿ya ves cómo tú y yo pensamos igual?
Hay un entendimiento, una conexión entre nosotros. Lucio, no me hables de eso.
Cuando tú me pediste que confiara en ti, me fallaste. Te equivocas.
Entiende que negarlo hubiera sido peor porque héctor hubiera seguido averiguando. Y ya no queremos otro problema con la justicia, ¿verdad?
En cambio, así podemos dar el asunto por cerrado. Me causaste un problema con héctor.
Ah, estoy seguro que con tu carita angelical tú ya arreglaste ese problema con él. Sobre todo porque al fin le vas a dar lo que tanto ansiaba, ¿no?
No sé a qué te refieres y creo que tú y yo no tenemos nada más de qué hablar. Coincido contigo.
Es una lástima porque nuestro juego era interesante, rubí. Excitante.
Hubieras podido seguir aprendiendo muchas cosas a mi lado, pero en tu estado no lo creo conveniente. ¿ya lo sabes?
Rubí, voy a ser sincero contigo. Hay pocas cosas que yo respeto, pero un hijo, la descendencia, es una de ellas.
¿así que ya no vas a seguir enseñándome a jugar el ajedrez de la vida? No, definitivamente no.
Es obvio que nuestra relación va a cambiar. Entre nosotros no había ninguna relación.
Sí la había. Los dos sabíamos perfectamente que estábamos jugando un juego de seducción, de poder.
Pero el juego deja de ser divertido si hay una criatura de por medio. Yo nunca caí en tu juego.
¿sí? Sé que el obstáculo entre nosotros es en realidad tu obsesión, tu terquedad por el tal alejandro.
No es terquedad, es amor. Y si sigo obsesionada con él es porque no he conocido a ningún hombre que se le compare.
¿haces mal en comparar? Sí.
Cada quien es distinto y te puede dar diferentes cosas. Veo que te molesta competir con alguien como alejandro.
No, a mí solo me gusta competir con quien realmente es un adversario. A los demás simplemente los muevo como piezas de ajedrez.
Adiós, ruby.