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Tu presencia no me incomoda y pudiste atraer a rubi. Yo ya superé el daño que me hizo.
¿sabes que eres en verdad una gran mujer? Tan buena y generosa como mi madrina.
Maribel, perdóname. No sabes cómo lamento no haberme casado contigo.
¡lisa! ¿tú crees que le gusta tu papá?
Claro que sí, estoy segurísima. ¡ay, ojalá!
Maribel... Doña lisa, yo le quiero dar las gracias porque desde que apareció en la vida de mi papá, él volvió a ilusionarse, a hacer planes, a ser feliz.
¿tú crees? Sí.
Y yo también me siento muy contenta porque voy a tener cerca de mí a alguien que me escuche, que me aconseja, alguien que yo quiero mucho. Gracias por tus palabras, maribel.
Maribel, yo nunca podré ocupar el lugar de tu mamá, pero voy a tratar de darte lo mejor de mí. Esta boda significa tanto para mí.
No sé, después de todo lo que pasó, cuando yo ya sentía que para una mujer como yo, se había acabado el tiempo de amar, tu padre me demostró lo contrario. Y eso me permitió recuperarme, porque solo las mujeres que me han sido engañadas saben más cuánto cuesta reponerse.
Cuando héctor me dijo, creí que no iba a sobrevivir, pero ahora con alejandro soy tan feliz. Estuve con héctor y me dijo que me quería mucho y que me deseaba lo mejor.
Así que no debo ponerme triste. Hoy tenemos que estar felices.
Mi felicidad también se la debo a usted, doña lisa. ¿cómo crees?
Sí, porque usted me aconsejó que me atreviera a confesarle mi amor a alejandro. Gracias a eso estamos juntos ahora.
Y es nada más el principio, porque estoy segura que muy pronto también te vas a casar. Ese sería mi sueño, casarme con el hombre que amo.
Como tiene que ser. Cuando uno se casa, es porque el amor es verdadero.
Y ese amor... Vamos a empezar la ceremonia.
Sé lo que estás pensando, tranquilízate. Si de verdad todo está bien con rubi, no tienes por qué preocuparte por alejandro.
Además, si ya estás aquí, no puedes arruinarle la boda a tu madrina. Sonríe.
Hijo, qué bueno que viniste. ¿cómo no iba a venir, madrina?
Llegaste justo a tiempo para la ceremonia. Ven, ven conmigo.
Los declaro marido y mujer. Muy feliz, papá.
Felicidades, madrina. Oye, lisa, ¿por qué te decidiste venir?
Es muy importante para tu madrina que estés aquí. Lo sé.
Había dudado en venir porque no quise imponerte la presencia de rubi. Creo que con la mía ya tiene suficiente molestia.
No, héctor. Tu presencia no me incomoda y pudiste traer a rubi.
Yo ya superé el daño que me hizo. ¿sabes que eres en verdad una gran mujer?
Tan buena y generosa como mi madrina. Maribel, perdóname.
No sabes cómo lamento no haberme casado contigo. ¿por qué me dijiste eso?
¿qué pasó? Es que ahora que te veo aquí, en una boda...
... Me arrepiento tanto de haberte lastimado.
Tú no lo merecías. Me dolió mucho lo que me hiciste porque tú eras todo para mí.
Fue muy humillante que me dejaras en una iglesia sin haber tenido el valor de cancelar antes la boda. Me porté tan mal contigo.
Me costó mucho trabajo asimilarlo, pero con el tiempo lo entendí. No sé cómo disculparme.
Tú hiciste lo que tu corazón te dictó. Y espero que haya valido la pena y que rubi sí te haga feliz.
Sé que me lo dices de corazón, maribel. Yo no te guardo resentimiento.
Y menos ahora que vamos a ser como una familia por doña elisa. Sí.
Y ella es como mi madre. Sabes que ella siempre te ha querido mucho.
Yo también la quiero. Desde que tú y yo nos conocimos.
¿cuándo nos íbamos a casar? ¿para qué nos acordamos, no?
Tienes razón. Lo que hice ya está hecho y no se puede cambiar.
Solo te pido, otra vez, que me perdones por haberte lastimado. Con permiso.
Nada más teníamos que hablar. Es bueno dejar a un lado los rencores, porque a partir de ahora vamos a vernos con más frecuencia.
Buenas tardes. Buenas tardes.
¿ya viste? Aquí está tu gran amigo.
Sí. Precisamente vine para hablar con alejandro, doña carla.
Héctor. Sí.
Tú y yo tenemos que hablar. Desde hace tiempo debimos hacerlo.
Ven conmigo, por favor. Quiero felicitarle y desearle lo mejor.
Mi padre, genaro, me pidió que le dijera que ojalá encuentre con don arturo toda la felicidad que él nos supo darle. Gracias, luis.
Yo también hablé con él y lo noté muy deprimido. Lo entiendo.
Pasamos juntos más de treinta años y eso no se olvida tan fácilmente. Sí.
Para mi papá no ha sido fácil aceptarlo. Bueno, también es muy difícil para ti y para mí estar hablando de esto ahora que me casé con arturo.
Lo curioso es que finalmente parece como si tu destino y el mío fuera conocernos y convivir a pesar de todo. Lo cierto es que tú le destrozaste la vida a mi hija.
Créame, don arturo, que es un error que voy a pagar toda mi vida. Con el tiempo mi hija ha salido adelante.
Y me da gusto ver ahora que ella ha entregado su amor a alguien que sí sabe valorarla. Alejandro es un gran hombre.
Y estoy seguro que la va a hacer feliz. Espero que maribel sea feliz porque se lo merece.
Pero con alejandro dudo que pueda hacerlo. Creo que tú eres el menos indicado para decir eso.
Lo siento, don arturo, pero alejandro... Alejandro sólo ha tenido atenciones para con mi hija.
La procura, la cuida. Es un hombre digno que no la va a lastimar.
Y aunque así fuera, tú no tienes por qué meterte. Es cierto, discúlpeme, no debo intervenir.
Héctor, en realidad te pedí que habláramos, no para reprocharnos por lo que ha sucedido, sino por elisa. Tú eres su hijo, ella te quiere mucho y además ahora vas a darle un nieto.
Así es. Supongo que por eso bebé ella querrá estar más cerca de ti y yo la amo.
Por eso te propongo una tregua. Tolerarnos y hacer más sencillas las cosas para elisa.
Estoy de acuerdo. Además yo no tengo nada en su contra, don arturo.
También quería decirte que te agradezco que no hayas traído a rubí, aunque... Mi esposa no me acompañó porque debe guardar reposo por su embarazo.
Pero ella me acompaña donde yo voy. Hubieras podido traerla.
Porque mi hija ya es una mujer diferente. Ahora maribel sabe muy bien lo que vale.
Y rubí nunca más va a poder lastimarla. No quiero que te vayas a dejar nada de eso.
No, no. Yo te lo digo.
Míralas.