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Y yo tengo que hablar con él antes de que lo haga alejandro. Claro, ¿para qué, tu amado?
Además, el pobrecito le espera la sorpresa de la demanda. No le ha llegado el citatorio, ¿verdad?
No, le pregunté a dora y me dijo que no, pero ya no debe de tardar. Y ni modo, lo siento por héctor, pero llegó el momento de decirle que lo nuestro terminó, que nunca lo amé.
¿cómo te sientes? ¿se te pasó el dolor?
Estoy mejor. Sí, mejor.
Dico, sabes, me desespera este dolor, no lo controlo. De repente me deja como me diste, sin poder moverme.
Lo bueno es que hay manera de controlarlo. Elena, gracias por cuidarme.
Te habló rubi. ¿qué le dijiste?
La verdad, que te pusiste mal y que te tuviste que quedar. Te dejo para que la llames.
Te traje algo, gracias. Me consientes demasiado, elena, me vas a malacusinar.
Me gusta hacerlo. Te dejo desayunar, regreso al gato.
No, no, espera, acompáñame, ¿sí? ¿no prefieres estar solo?
No, me gusta platicar contigo. Me quedé pensando en lo que me dijiste de mi fidelidad a rubi.
Yo no siempre fui fiel. Ay, por favor, eso es algo que no te puedo creer.
Yo tenía una novia a la que le fui infiel. La dejé plantada en el altar por rubi.
¿tuviste capaz de hacer algo así? Sí, y no es algo de lo que me siento orgulloso, al contrario.
Aquella vez hice mucho daño. ¿y ese error?
No, no quiero volver a cometer. Tal vez con esto que te acabo de contar, cambie la imagen que tienes de mí.
¿sabes qué me dijo alguien una vez? Ahora conozco otra parte de ti.
Bueno, somos perfectos, ¿no? Me gusta que tengas la confianza de contarme de ti.
Es hora de tu masaje en la espalda con la pomada que te recetó el doctor. ¿te ayudo?
No, gracias, yo puedo. ¿te ayudo?
Por favor. Volteate.
Ay, no me gusta que me veas tan débil. Esto que tú llamas debilidad es un problema muy serio de salud.
Y por ahora, piensa que yo soy tu enfermera. Muy bien, enfermera, gracias.
Ay, se siente rico. Ojalá mañana me pueda levantar para regresar a méxico.
Esta vez, aunque no quieras viajar conmigo, vas a tener que hacerlo. Tu espalda sigue en la espalda.
No puedo dejar que deje solita. Ahora no quiero que te sientas comprometida.
No, si no crees que es algo nuevo por ti. Si me regreso sola, ¿quién me va a defender de las arañas?
Cuidado, cuidado, una araña. Una araña, una araña.
Elena, elena. Cuidado.
Elena. Cuidado.
Tranquila, tranquila, estabas soñando. Tenías una pesadilla, estabas hablando de una araña, por eso te desperté.
Sí. Estabas jugando en casa de mis papás.
Tranquila, no sueñes nada más. Entonces, ¿no es la primera vez que tienes esas pesadillas?
No. No, pero últimamente han sido muy frecuentes.
Regresando a méxico, voy a seguir tu consejo y voy a buscar a un especialista. El otro día ya no quise preguntarte para que no te pusieras más nerviosa, pero tal vez sea bueno que hables de lo que te cause tanto dolor.
¿quieres? Tenía cuatro años cuando mi hermana tenía dos.
Se enfermó y se la llevaron al hospital, pero no sobrevivió. ¿de qué estaba enferma?
No sé. Ese era un tema que no se tocaba en mi casa.
Después de que mi hermana murió, mis papás, sobre todo mi mamá, cambiaron mucho. Ella se volvió callada, melancólica.
Tal vez sea tiempo de que sepas bien qué pasó. ¿por qué no le hablas con tus papás?
Mi papá ya murió y mi mamá tiene años que no la veo. Ella prefirió distanciarse de mí.
Lo lamento porque veo que te duele. No, no, no.
En realidad, mi mamá y yo nunca nos llevamos bien. Nunca congeniamos.
Tienes razón y a lo mejor tengo que buscarla para aclarar estos recuerdos que me hacen daño. Gracias, héctor.
Rubí, mi amor, al fin puedo comunicarme contigo. Ah, sí, ¿cómo sigues?
Me dijo elena que te volvió a dar el dolor de espalda. Sí, por eso me tuve que quedar hasta hoy.
Entiendo. Lo que me pareció raro fue que elena me contestara a tu teléfono.
Que ella te estuvo cuidando en tu habitación todo el tiempo, ¿eh? Rubí, no pienses mal.
Sabes cómo es esto. Yo no me podía mover.
Ella me ayudó, llamó al médico. Héctor, no te estoy pidiendo explicaciones.
Tú puedes hacer lo que creas conveniente porque tú y yo estamos separados. Por favor, no hables así.
Yo solo te amo a ti, tú lo sabes. Por eso quería irme de aquí desde ayer para ir a verte.
Yo ya estoy en méxico y cuando llegues tenemos que hablar seriamente. De acuerdo.
Hasta pronto, rubí. ¿nos vamos?
Vamos. Ya vi que tu marido viene para acá.
Sí, y yo tengo que hablar con él antes de que lo haga alejandro. Claro, ¿para qué, tu amado?
Le esperan la sorpresa de la demanda. No le ha llegado el citatorio, ¿verdad?
No. Le pregunté a dora y me dijo que no, pero ya no debe de tardar.
Y ni modo. Lo siento por héctor, pero llegó el momento de decirle que lo nuestro terminó.
Que nunca lo amé. Que el amor de mi vida es alejandro.
Ahora sí me voy. Sí.
¡pero me cuentas! Te juro que no vine a pelearme contigo.
Lo que quiero es que nos reconciliemos. No me digas.
No es tan fácil, rubí. Sigo sin entender por qué lo hiciste.
Pero... Tengo que reconocer que gracias al encuentro que me preparaste...
... Con cayetano, ahora estoy casada con el hombre que amo.
No sabes el gusto que me da por ti, cris. ¿ya ves?
Te dije que yo estaba cambiando. Y si ahora vine a verte...
... Es para decirte que yo también me voy a casar con el hombre que amo.
Me caso con alejandro. Después de todos los errores que cometí...
... Me di cuenta de que el amor sí es lo más importante en la vida.
No sé cómo no le hice caso a mamá. Lo mejor de todo es que alejandro me perdonó.
Que está dispuesto a darme una nueva oportunidad. Pues era porque te ama demasiado.
No sé cómo lo convenciste porque lo que le hiciste... ...
No tiene perdón. Además, ¿qué vas a hacer con héctor?
He sufrido por mis errores. No sabes el infierno en el que vivo.
Héctor me maltrata y siempre me está celando de todo. Mi vida no es lo que yo creí que iba a ser.
Rubí... Rubí...
¿por qué pones esa cara? A ver, déjame adivinar.
Ya te enteraste que regresé con alejandro... ...
Y que vamos a esperar a mi divorcio para podernos casar. Por eso es esa carita, ¿verdad?
Ojalá él recapacite a tiempo y no cometa el peor error de su vida. Ay, maribel.
Es que no sabes fingir bien. Se te nota que te duele mucho, pero ni modo.
Así es la vida. Primero te quité a héctor...
... Y ahora me voy a quedar con alejandro.
Qué cosas, ¿verdad? Cállate, descarada.
Pues yo creo que los hombres prefieren a las descaradas como yo... ...
Porque tú, que eres una santuruna, no has tenido mucha suerte, que digamos, ¿o sí? Creo que tuya más suerte no va a estar siempre de tu lado.
Y entonces sí, preocúpate, rubí. Por supuesto que la suerte va a seguir de mi lado.
Imagínate, me caso con alejandro... ...
Y no hay recompensa más grande que esa para todo lo que he sufrido. Porque vieras cuánto he sufrido.
Tú no te mereces nada, rubí. Tú no mereces a alguien como alejandro.
¿eso? Eso no lo decides tú.
Y finalmente yo soy la que se va a casar con él. A ver, cuéntame, ¿qué se siente perderlo?
Aunque pensándolo bien, alejandro, no te lo quité. Él siempre ha sido mío.