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Conquista a mariano, engáñalo, róbale el secreto. Ay, tomás, pasa, pasa.
Gracias. Perdón por la facha, no te esperaba.
No, no se preocupe. ¿le puede avisar a ángela que estoy aquí, por favor?
Ángela no está aquí, está en el pueblo. No, mamá, aquí estoy.
¿qué haces aquí? ¿a qué hora llegaste?
Anoche. ¿cómo está antonia?
Bien, por favor, perdóname. Con tantos problemas me olvidé regresar por ti.
No entiendo nada. ¿qué hace eso ahí?
¿quién vino contigo anoche? ¿viniste con alguien?
Sí, con regina. Estuvimos platicando hasta tarde.
¿qué regina? Mamá, tengo muchas amigas que no conoces.
Me la encontré en el antro después de que ustedes se fueron y ella me hizo el favor de traerme. Ah, qué bueno.
Así no me siento tan culpable por haberte dejado sola. No pasa nada.
Bueno, tenemos que regresar a montalegre. Voy a darme un baño, no me tardo.
Pues yo sigo sin entender qué hacen aquí y ahora resulta que ya se van. Vinimos a la feria del vino y tenemos un evento en la viña.
Vamos a recibir a un grupo de personas que van a conocerla. Aprovechando que la veo, mis abogados ya están trabajando para impugnar el testamento.
Esa casa va a ser suya, como debe de ser. Muchísimas gracias, tomás.
Lo mejor que puede hacer antonia es quedarse unos días en querétaro para olvidarse de todo lo que ha pasado. ¿estás de acuerdo?
Ángela. ¿qué?
Perdón, ¿qué me decías? A ver, ¿qué te pasa?
No has puesto atención a nada de lo que te he dicho desde que salimos de querétaro. Discúlpame, venía pensando en la casa de mi abuela.
¿y qué tal tú pensabas? Pues que hasta hace unos días mi mamá era la dueña y ahora solo soy una invitada de lucero.
Eso va a ser por poco tiempo porque mis abogados ya están trabajando para impugnar ese testamento. No, tú no puedes hacer eso.
La casa es de lucero. Mi abuela se la dejó a ella.
Perdóname que te lo diga, pero es que a veces eres demasiado ingenua. ¿por qué tu abuela le dejaría la casa a los sirvientes?
Lucero no era una sirvienta, era como su hija. ¿y quién te lo dijo, ella o filomena?
Te digo que tengas ingenua. A ver, ¿sabes qué?
Mejor dime quién estaba contigo anoche porque ese cuento de que estabas con tu amiguita yo no te lo creo. ¿no vas a despedirte?
¿para qué? Si este pueblo es tan chico que seguro al rato nos volvemos a topar.
Bueno, no te cuesta nada decirme adiós. Está bien, si esto te hace feliz, adiós.
Elisa, espera. Gracias por haberme ayudado anoche a subirme el ánimo.
Solo traté de que dejaras de pensar en tus problemas porque sé lo que se siente. ¿tú qué clase de problemas puedes tener?
¿te parece poco unos papás a los que no les importas? Adiós.
Amparito cumplió su palabra. Se fue.
Ayúdame. Ayúdame a pensar qué puedo hacer para que vuelva.
Intenté detenerla, pero fue inútil. No escuchó razones.
Agarró su maleta y salió sin importarle el daño que iba a provocar. Sé.
¿qué voy a hacer sin ella? Ser fuerte, papá.
Es lo único que puedes hacer. Gracias por acompañarme en mi dolor.
Entonces, ¿me acompañas al evento? Claro, por supuesto.
Estupendo. Oye, además te quiero proponer algo.
Es sobre el secreto del vino. Creo que debemos atacar por el lado de mariano.
Es obvio que él lo sabe y tiene que existir alguna forma de llegar hasta él. Mariano se cortaría la lengua antes de decir lo que sabe.
De algún modo debe de haber, ¿no? ¿y no has pensado que tú podrías ser una pieza clave en esto?
¿yo? ¿cómo?
No te entiendo. Es hermosa, atractiva, inteligente.
Siendo sinceros, la ciega no es rival para ti. ¿qué estás insinuando, tomás?
Que el único camino viable para descubrir el secreto de mi abuelo es que conquistes a mariano. ¿estás loco?
¿me estás pidiendo que lo seduzca? No, no, yo no lo llamaría seducción, lo llamaría estrategia.
Qué poco me conoces. ¿cómo se te ocurre pensar que estoy dispuesta a hacer una bajeza de esa índole para conseguir el secreto del vino?
Es que no sé por qué te ofendes. Lo que te estoy pidiendo, no es nada del otro mundo.
Simplemente que lo seduzcas y ya. No, no, no.
Jamás lo haría, no. Mi amor, mi amor, piensa en lo que está en juego, ¿sí?
Eres encantadora. Y las mujeres como tú han logrado arrancar secretos de estado.
Es más, las grandes espías siempre han sido mujeres. Entre ti cualquier hombre que haya rendido.
Es amparo, ¿se ve mal? Amparo, ¿qué te pasa?
Me voy. ¿por qué?
¿se canceló tu boda con juan? Por favor, no me hagan preguntas.
Vine aquí porque no sabía dónde más ir. Aquí fue donde llegué y, no sé, pensé que alguien podría llevarme a la estación.
¿pero qué pasó? Prefiero no hablar.
Yo voy a tener que empezar de nuevo. No, no te preocupes.
Puedo pedirle a mi mamá que te reciba. Te puedes quedar en mi recámara.
No, ¿sabes qué? No hace falta.
Con mucho gusto te puedes quedar en mi departamento. Está en buena zona y casi siempre estás ocupado.
Ay, muchas gracias. De verdad, no saben cuántos ya los agradezco.
Diosito los puso en mi camino. Bueno, voy a ver quién te puede llevar.
¿me acompañas? No, no, beto, prefiero quedarme con ella.
No, te vienes conmigo porque todavía tenemos cosas que hablar. No te preocupes, ve con tomás.
Yo aquí me quedo. Vamos.
Gracias. Qué buen detalle prestarle tu departamento a amparo.
Gracias. Siempre estoy dispuesto a ayudar a quien lo necesita.
Qué bien. Entonces, olvídate del asunto de la casa de mi abuela.
Ellos la necesitan más que mi mamá. Eso es distinto.
Esa gente manipuló a tu abuela para que se la dejara a la ciega. Eso no te consta y, por favor, no le digas así.
Lucero es una buena persona. Está bien, como tú quieras, pero insisto en que así fue.
Ellos la manipularon. ¿o que tú de verdad crees que doña rosa iba a dejarle todo a sus empleados?
Sí, sí lo creo. Su decisión no tiene nada que ver con el dinero.
Ay, ángela, claro que sí. No.
Yo estoy segura de que mi abuela no veía a filomena, a lucero y a mariano como simples empleados. ¿y tú cómo sabes?
¿cómo puedes afirmarlo si la conociste el día que se murió? No puedes saber lo que pasaba por su cabeza ni cómo los consideraba.
Y ya que metiste a mariano en esta ecuación, insisto en que lo conquistes a como dé lugar. Tienes que conseguir ese secreto.
Discúlpame, pero estábamos hablando de la casa de mi abuela. No, no, no te equivocas.
Yo estoy hablando de mariano y tú, no de la casa. Y mira, no quiero discutir.
Lo que me interesa es el secreto. Mira, el día que se murió tu abuela se me echó a perder gran parte de la cosecha.
Sí, lo sé. No tengo suficiente materia prima para cumplir con los compromisos de la viña.
Es por eso que necesito que el poco tinto que voy a producir sea de una calidad superior. Estoy hablando de dinero, ángela, de mucho dinero.
Te entiendo, pero entonces hagamos las cosas como se debe. Empecemos de nuevo.
Tomemos pruebas de mosto. No, no puedo perder más tiempo.
Cada día que pasa es crucial. Me estoy jugando la vida con la producción de este año.
Mi papá todavía no sabe que perdimos buena parte de la cosecha y para cuando se dé cuenta, yo debo tener una solución. Ahora me entiendes por qué me urge conocer ese secreto.
No te lo pediría si no estuviera en juego el futuro de la viña. Por favor, ayúdame.
Conquista a mariano, engáñalo, que le roben el secreto.