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Salud. Pues cómo te iba diciendo, después empecé a sumergirme, pero así, mira, así.
¿dije 50? Eran 100 metros.
¿qué digo 100, hombre? Eran 200 metros.
Al rato va a decir que salió por el mar de china. Como quien dice, ¿no me crees que me sumergí 200 metros?
- pos no. - ¿quién va a pagar la cuenta?
- pues, ¿entonces? ¡ah!
Sí, no, no, no, sí, sí, sí. Y oiga, ¿y qué hizo cuando iba a 200 metros de profundidad?
Ah, no, no, pues todo salió muy fácil. Ya tranquilamente empecé a subir a la superficie.
Ah, pero ahí vino lo peor. Un tiburón.
Oigan, no, pues en estas playas no hay tiburones. ¿cómo?
Digo, no, no, no, no. No hay tiburones chiquitos.
Aquí cualquier tiburón mide dos metros. - ¿cuánto?
- tres metros. ¿cinco?
Veinte. Sí, de veras.
Ah, ¿espantarme, yo? ¡ja!
¿qué va, hombre? Agarré mi arpón, le medí, y zacazonapan.
En el mero corazón. Pero en el mero centro del corazón.
¿alguien lo duda? Digo...
No, no, no, no, nadie, nadie, nadie, no. Es más, ahí en la playa le están quitando las escamas unos amigos, ahí se los dejé pa que le quiten todas las escamas.
¡basta! ¿qué traes, chavito?
Los tiburones no tienen escamas. Oye, ¿alguna vez tú has estado a medio metro de un tiburón?
- sí. - ¿y no te escamas?
Digo, salud, chavito. Échatela tranquilito.
¡es más! Qué bueno que se vaya para que no oiga la vez que me peleé con un pulpo de 43 brazos.
- en total eran... - 58, ¿no?
- 58. - 58...
Bueno, claro ¿pa qué echar largas? Sí, sí, uno sí le faltaba.
Un platillo volador. Acabo de ver un platillo volador.
Oye, muchachito, que inventa cuentos soy yo. No es cuento, les juro que acabo de ver un platillo volador.
Espérate. ¿vas a pagar la cuenta?
- no. - entonces, cállate y lárgate.
- era un platillo volador. - me tienen que creer.
- fuera. - era un platillo.
Fuera. Fuera, fuera, fuera, fuera, fuera, fuera, fuera.
Pues cómo te iba diciendo, y ¿qué crees que venía atrás? Una sirena.
Bueno, nomás que la mitad, pero sirena sí era. ¡oh!
¿y ahora quién podrá defender? ¡yo!
El chapulín colorado. No contaban con mi astucia.
Qué bueno que llegaste, chapulín colorado. Acabo de ver un platillo volador.
- ¿un platillo vola qué? - "dor".
¡chanfle! ¿dónde está?
Pues, se perdió entre el ramaje. - ¿se perdió entre el ra qué?
- "maje". - tú lo serás.
- no, chapulín. Debes hacer algo, chapulín, por lo que más quieras.
Esto puede representar la invasión de la tierra por seres de otros planetas. Calma, calma, en primer lugar, eso de los platillos voladores no pasa de ser producto de la imaginación de la gente.
Generalmente le pasa que tiende a imaginarse que ve objetos voladores. Sí, sí, así es.
Y no pongas esa cara de perro deslumbrado en el periférico. Es más, también es probable que haya sido el cometa kohoutek, que...
- ya no lo veo, chapulín. Pero ¿verdad que era un platillo volador?
- sí, estoy seguro. - ahí está.
Claro. No una cosa así que digan: "qué bruto, qué seguro está este cuate".
La verdad de las cosas es que como puede que sí, puede que no, lo más seguro es que quién sabe. Pues yo sí estoy seguro, chapulín.
Es más, dicen que aquí en la tierra ya hay habitantes de otros planetas con apariencia de seres humanos. Que hasta a lo mejor pudieron - ¿tú de dónde eres?
- ¿yo? De pénjamo.
Oye, ¿no estarás dudando de mí? Marcianos no sabemos.
¿de casualidad no tienes una batería de transistores en vez de ombligo? Claro que no, chapulín.
A ver, quítate la camisa. Quiero ver.
- no. - quítate la camisa.
¿viste eso? Es el primer terrícola que veo que lleva antenas en la cabeza.
No. Recuerda que aquí no debes hablar marciano.
No. Eso es francés.
Recuerda que aquí hablan español. - ya.
- ay, ya. Ay, es que todavía no aprendo bien a usar la pulsera telemagnética.
Pues deberías. Recuerda que tiene muchas aplicaciones.
Sí, ya sé, ya sé. Pero en lugar de regañarme, ¿por qué no vamos a buscar al terrícola ese que tiene antenas en la cabeza?
Tienes razón. Vamos.
¿cómo? No, no, no, señor.
Para valientes, yo, señor. Yo que me he peleado frente a frente con peces espadas.
Y con peces oros. Y peces bastos.
Y peces copas. Es más, el otro día tuve un altercado con un comodín.
Así sí. ¡aguas!
¡deténganlo! No dejen que me agarre, por favor.
¡agárrenlo! No le hagan caso.
Pretende hacernos creer que lo está persiguiendo un marcianito. - ¿no cree usted?
- ¿en marcianos? No, pues yo no creo en marcianos.
¿qué voy a creer en marcianos? Pero por si las dudas, con permisito, dijo monchito.
¡ey, espere! ¿quién va a pagar la cuenta?
Mire, cantinero, yo... ¡chanfle!
Sí es cierto. ¡un marciano!
- ¿no vieron a un marciano? - - pues a un marinero...
- ¡socorro! Perdone, joven.
¿y ahora qué les pasa? - oiga.
- ¡ey, no, espere, no me mate! Le quiero hacer una pregunta.
Bueno, ¿qué les pasa? Piensan que tú eres un marciano.
Que yo soy un... ¡chanfle!
¿y tú quién eres? Yo soy 6-12-18.
¿y tú? No, yo no tengo teléfono.
Pero me dejan recados ahí en el estanquillo de la esquina. Creo que no me has entendido muy bien.
6-12-18 es mi nombre. ¡chanfle!
¿te bautizaron con agua de acumulador? Bueno, no has contestado a mi pregunta.
¿quién eres? Yo soy el chapulín colorado.
¡chanfle! No contaban con mi astucia.
El chapulín colorado se ha distinguido siempre por ser el defensor de todos los oprimidos, de los débiles, de los que son víctimas de algún villano o de algún malhechor, de cualquiera que llega... ¿dónde estás?
Güera. ¿dónde estás?
Buenas tardes. ¡un marciano!
Perdóname, es que... No me lo vas a creer, pero acabo de ver a un marciano.
¿cómo? Ahora comprendo por qué la fama del chapulín colorado ha trascendido más allá del sistema solar.
¿por qué? Porque solamente un ser con poderes sobrenaturales pudo haber sabido de que yo soy un marciano.
Pues sí, es que... - ¿quién es el marciano?
- ¿yo? Ay, sí, yo soy marciano.
No, hombre, en serio. - mira, estaba yo en la...
- yo venía en son de paz. Yo...
Ay, no seas payaso. ¿a quién vas a impresionar con un juguete?
No es ningún juguete. Ay, no, no, no es juguete.
Mira, estoy temblando de miedo. Mira nada más.
¿qué pasó? El rayo descuajaringador?
Sí, mira. De veras, perdóname, chapulín, es que...
... Yo no sabía que tú existieras de verdad.
Y, pues, con esas fachas, pues... ...
Cualquiera te confunde con un marciano. Ah, bueno, claro, por las antenitas.
Y el tamañito pues. Digo, digo...
Además, tú también mí me confundiste con marciano, chapulín. Con esas aletas en las patas, cualquiera te confunde con un ajolote de agua puerca.
¿qué pasó, qué pasó? Vamos, ay, chapulín, digo.
Espera, espera. Deja que el chapulín nos acabe de contar eso del chiflado que se creía marciano.
Ah, sí, ah, sí. Bueno, pues, les estaba diciendo.
El tipo sacó una como pistolita de juguete y trató de asustarme. - ¿y?
- me asustó. Bueno, no me asustó a mí, me asustó la idea de pensar que pudiera asustar a las demás gentes, ¿no?
Claro, claro, sí. Entonces, agarró la pistola y me disparó.
- ¿y qué? - no me acuerdo.
Oye. ¿y qué tal si de veras fuera resultando que fueran cierto lo de los marcianos?
¿tú lo crees? Pues digo.
Podrían ser. No, no, no.
Los marcianos no existen. Pues quién sabe, ¿eh?
Calma, calma, que no panda el cúnico. Recuerden que el chapulín colorado no ha sido derrotado nunca jamás.
Sí, chapulín, ya lo sabemos, pero... ...
Tú nunca te has enfrentado a seres de otros planetas. ¿y qué me importa?
¿no has visto el bíceps que tiene el chapulín colorado? ¡aguas!
No te preocupes. De todas maneras, si llega a venir un marciano acá, lo agarro de un botellazo...
¡cuidado! ¡cuidado, chapulín!
- ¿qué pasó? - ¿cómo qué?
Estoy mojado. Por el miedo.
Pero no te preocupes. Aprendan al chapulín colorado que no sabe lo que es tener miedo en este mundo.
- chapulín. - - chapulín.
- perdón. Acabo de ver una cosa horrible en la playa.
Ah, bueno, bueno, bueno. En esa playa se fue a nadar mi mujer.
No, no, no, no es su mujer. Igual de redondo, ¡chanfle!
Mi suegra. No, no, tampoco.
- bueno, pero entonces, ¿qué? - ¡un platillo volador!
Y dale ya te he dicho 1000 veces que el platillo volador es una ilusión óptica. Sí, pero una ilusión óptica manejada por un hombre.
- sí. - ¿de anteojos?
- sí. - ¿chamarra clara?
- sí. Jamás lo he visto en la vida.
¿y qué más? ¿y qué más?
Que el hombre dejó caer esto. ¡chanfle!
Es la pi... De jugue...
La pi.. La pi...
No, no, no, no, no es, no es. Dirán lo que quieran, pero yo voy a investigar a ver qué es esto.
Oye, pero... Debemos recuperar el rayo descuajaringador.
Los terrícolas todavía no están preparados para usar ciertos aparatos. Yo me encargo de eso.
Ya sé cuáles son los métodos que usan aquí las mujeres cuando quieren conseguir algo. ¿sí?
¿y usted me reg a cambio de la pistola del marciano? Así es.
¿dónde la tiene escondida? Un momento, la pulsera es muy bonita, pero la pistola del marciano se la tengo que entregar a las autoridades.
- usted sabe. - claro, claro, yo comprendo, pero, de todas maneras, le regalo la pulsera.
Se lo agradezco mucho, pero no puedo aceptar. Por lo menos póngasela para ver cómo se le ve.
Bueno, eso sí. Es bonita la...
La... ¿qué me pasa?
¿por qué se mueve mi brazo contra mi voluntad? Porque viene puesta la pulsera telemagnética.
Tal como lo oye. Teniendo puesta la pulsera, su mano se moverá de acuerdo con las vibraciones magnéticas de este aparato - sí.
Y ahora deme la pistola del marciano. Se equivoca.
Se equivoca si cree que le voy a dar la pistola. Estate quieta.
Se equivoca usted. Se equivoca.
Se equivoca si cree que le voy a dar la... Pistola de marciano.
Suéltame. Suéltame, mano.
Suéltame. Gracias.
Por nada. Y le advierto que seguiré manejando la pulsera a control remoto.
Chau. ¡chanfle!
Oye, acabo de ver al marciano. No me lo vas a creer, pero aparece y desaparece.
Perdóname, chapulín colorado. Fue sin querer.
- ¿sin querer? - sí, chapulín.
Mira, te voy a explicar, lo que pasa es que... Fue sin querer.
Se aprovechan de mi nobleza. No, chapulín.
Mira, yo estaba aquí... - chapulín.
- sí, sí, sí, ya sé, ya sé. - fue sin querer, ¿verdad?
Sí, se nota que fue sin querer. Es que...
Fue sin querer. No, chapulín.
Tú no me entiendes. Yo no te pegué.
La que te pegó fue mi mano. - ah, sí, claro.
- sí, chapulín. Tú no me entiendes.
Yo no te pegué. El que te pegó fue mi chipote chillón.
Chapulín, por lo que más quieras... - - fue sin querer.
- - fue sin querer. - - fue sin querer.
Ahora... Ahora ¿me vas a decir algo más?
Gracias. - gracias, chapulín.
- ¿gracias. Sí.
Gracias por qué? Es que gracias a los golpes que me diste, se me cayó la pulsera.
Aviso a las autoridades. Oye, no, espérate.
¿cuáles autoridades? El platillo volador ya se fue hace rato.
¡oye! Chapulín, ¿qué pasó?
¿hay o no hay marcianos? Sí, sí hay.
Sí hay. - por fin.
- ¿por fin qué? Digo, pues, me estás diciendo que sí y al mismo tiempo que no.
- ¿estás loco? - no.
¿loco? Bueno, pues, ¿hay o no hay marcianos, chapulín?
Más bien dicho, ha... Había porque ya se fue el platillo volador.
- ¿se fueron? - sí.
- ¿y por dónde se fueron? - se fue por allá.
¿por... Por dónde?
¿por dónde? - ¿por dónde qué?
- ¿por dónde se fueron? Te estoy diciendo que por allá.
Pero espérame, chapulín. Con la cabeza me estás y con la mano para allá.
Tú hazle caso a la cabeza. Donde manda chirimoya no gobierna mano bruta.
Entonces, ¿de plano se fueron para allá? Sí, eso sí estoy seguro.
¡oh! Tú no te metas en lo que no te importa.
- ¿estás bien, chapulín? - sí.
- hola. ¿no interrumpo?
- no, no, pásele. Mira, te voy a explicar qué es lo que ha pasado acá.
A ver. Estábamos, el marinero y yo aquí en el muelle, cuando me empezó a decir que había visto un platillo volador.
Sí, yo creí que estaba bromeando al principio, pero me asomé y efectivamente estaba ahí un platillo volador. Entonces, lo seguimos por un rato en el cielo y nos quedamos asombrados.
Echaba lumbre por todos lados. Y nos quedamos muy asustados, y yo le dije: "quédate quieto, no vayas a gritar porque puede asustarte toda la gente que está por acá".
Entonces, el marinero entró corriendo a decirnos lo del platillo volador. Y nosotros le dijimos...
Que de todas maneras... - ¿quién lo empujó?
- ¿tú? Mira, no me empieces con mentiras porque a la primera mentira te doy un golpe que te voy a...
- chapulín, ¿qué pasó? - ten cuidado, ten cuidado.
- ¿quién me pegó? - tú.
Te dije que no me dijeras mentiras porque te iba yo... - oye, no, chapulín, espérate.
- ahora sí... Oye, chapulín.
Oye, no es hora de chistes. Chapulín colorado.
Se me olvidó decirte que no te fueras a poner la pulsera. Debes saber que esa...
¿qué pasa? Esto es obra del marciano.
¿me hablabas? Ah, aquí estás.
Ahora sí te voy a... Listo.
Quítale la pulsera. Sí, sí, sí, déjame pasar.
Rápido, ándale. Me la pondré yo para evitar riesgos.
- vámonos cuanto antes, vamos. - sí, claro.
La pulsera. Era exactamente lo que te hacía mover la mano.
Lo sospeché desde un principio. La marciana lo manejaba a control remoto con un aparatito que parecía radio de transistores.
¿ah, sí? ¿como este?
¿cómo? ¡chanfle!
¿dónde lo conseguiste? Bueno, se lo birlé a la marcianita mientras te estaban quitando la pulsera.
Y es que los marcianos aún no están preparados para contrarrestar ciertas técnicas de los terrícolas, ¿no? Espere, espere.
¿y qué tal si el que va trae puesta la pulsera? Es exactamente lo que estaba yo pensando.
Permíteme.