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Y ahora, les voy a presentar un postre muy especial. El tradicional helado de vainilla con crema holandesa tahiti.
Con granos de vainilla de madagascar. Trozos de chocolate cho, el más caro del mundo.
Adornado con frutas confitadas, almendras cubiertas de hojas de oro de 24 kilates. Mufa de chocolate, cereza de mazapán, servido con una cuchara de perlas y una flor de azúcar.
¿me cae? No, pues, está más grande el nombre que su postrecito, oiga.
No traerá de casualidad ate de membrillo. ¡no lo puedo comer!
No, no, no, tampoco se esponje, mr. Del nabo.
¿de nabú? Por eso, del nabú.
Pero es que su postre ni sabe ni amarra. Lo creo de ser por la porción tan pichicata que nos sirvió.
Así es. Es la alta cocina.
Porciones pequeñas, pero de calidad. No, pues me quedo con la cocina económica.
Le pagué una fortuna para que nos sirva esto. Mucha cocina, francesa, pero no llena.
Y sabe muy raro. Lo que pasa es que sus palatares no están preparados.
Están del nabo. Ahí se le falló.
Es del nabú. Sus palatares no están preparados para estos manjares.
¿preparados? No, pues ni el paladar ni yo fuimos a la universidad.
Ahí te ves. Bueno, después de esa pausa involuntaria, podemos seguir.
¿en qué íbamos? Pues, en que ya acabó mi hora de cena y lo que sirvieron ni siquiera me llenó.
Ah, pues falta de confianza, mi leo. Si tú quieres, te puedo invitar a los caldos de gallina.
No, hombre, ahí dan unos platotes bien servidos y hasta le ponen su guacala. Vamos, ándale.
Y así te sigo diciendo cosas bonitas. Germán, muchas gracias por la cita.
Pero solo fue una cita, porque tú y yo solamente somos amigos. Oye, mi leo, suponiendo, solamente suponiendo que de repente así de la nada se acabara toda la gente del mundo y solamente quedáramos tú y tu servilleta, ¿podríamos ser algo más que amigos?
Bueno, pues... Supongo que sí.
Digo, si no hay nadie más en todo el mundo y estoy muy aburrida, y estoy muy desesperada, y muy deprimida, y a punto de morir, y un poco ciega, pues sí, tal vez sí. Desesperada, aburrida.
Bueno, ¿y eso fue un sí o un no? La traigo muerta.
Mira, sobró sopalañón. Yo digo que ya cayó.
Ájale, suegro, ya extrañaba ese olor. Pues es que mire nomás, estas mollejitas sí llenan, me cae.
Son unas simples mollejitas. No tienen, no tienen estrellitas.
Arturo, creo que magdalena quiere decirte algo, ¿verdad? Arturo.
Sí. Quizá, es probable que para algunas personas pudiera parecer que te hubiese faltado al respeto.
Disculpa, abuela. Que no me digas abuela, morrizón.
Arturo, lo que quiero decirte es que, no, te pones muy sensible cuando tienes hambre y... Ay, ya, magdalena, ya.
Ok, está bien. Arturo, sírveme la cena.
Me muero por unas mollejitas en salsa verde. ¿cómo?
No te oí. Que me muero por unas mollejitas en salsa verde.
No te oí. Ya, arturo, ya.
Claro, flaquita, claro. Pero no son mollejitas en salsa verde.
No. Son unas glandulitas de pollo en cocción lenta sobre un espejo esmeralda de tomatillo con picante y hojitas de la milpa.
Trabajando mollejitas. Me he catalogado como dentro de la nueva, de la nouveau cuisine.
¿qué tipo de hierba le pone? ¿sabe guardar un secreto?
Yo también. No, no, pero lo comparto contigo.
Le pongo su epazotito pa' que amarre, como dice la chamisa. Epazotito, epazotito.
Epazotito. Eh, ¿de dónde viene?
¿de dónde viene?