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Mario, ¿aceptas por esposa a cassandra para amarla y respetarla todos los días de tu vida? Sí, acepto.
Cassandra, ¿aceptas por esposo a mario para amarlo y respetarlo todos los días de tu vida? Sí, acepto.
¿los anillos? En el nombre del señor, nuestro dios, los declaro marido y mujer.
Puedes besar a la novia. Hace tanto que no cenábamos así, los dos solos.
Bruno ya anda en el quinto sueño, la nayeli paseando con hugo, berito y romina se fueron a una boda. Y no sé, no quise cenar sola, así que te invité, gracias por venir.
Con gusto. Yo espero que se le estén pasando bien, ¿eh?
Todas las bodas son alegres. No.
No, chelo, cuando yo me casé no fue el día más feliz de mi vida. Yo todavía me acuerdo, como si fuera ayer.
Beatriz con ese vestido blanco, parecía un ángel. Hasta me encerré a llorar.
Porque se casaba tu hermana. Porque me dolía verla contigo.
No, no te disculpes. Si tú llorabas ese día, yo también, chelo.
Pero por dentro, porque el corazón yo ya lo tenía ocupado antes de llegar al altar. Ya se acabó, joaquín.
Llegamos tardísimo y todo por comprarme el vestido. Ay, pero valió la pena, mi amor.
Estás bellísima. Gracias.
Una disculpa por llegar tarde y qué pena que nos perdimos la ceremonia. Muchísimas felicidades.
Gracias. Misondra se casó con él.
¿perdón? Nada, no.
Mi amor, te presento a mariano olivos. Ella es consuela, la mujer de mi vida.
¿consuelo dices? ¿así es?
Sí. Un placer.
Muchas felicidades, ¿eh? A los dos, felicidades.
Gracias. Nicolás, te estaba buscando.
Sí, perdón. ¿por qué sigues aquí?
Digo, ya todos nos estamos yendo al salón. Perdón, este, vamos.
Espérame. Extrañas todo esto, ¿verdad?
No lo sé, lorena. A veces creo que ya no.
Y hoy me basta entrar al templo para que algo me empiece. Me empieza a doler aquí, ¿sabes?
Nicolás, no es tan malo admitirlo. No tienes que negarlo.
Tú fuiste muy feliz sirviendo a dios. Sí, pero también estoy muy feliz contigo, con ustedes.
¿te quieres quedar otro momento? Mamá, papá, ya vámonos.
Vamos, que no tengas ni pastel. Ya vamos.
Vamos. Sí, mi lugar está con ustedes.
¿pero qué haces, mujer? Estás loca, nos pueden ver.
Solo quería hablar contigo un momentito. No, no, no, no.
Ya no hay nada de qué hablar, olga, ya. ¿ya lo has dicho a romina?
No. Ah, claro, ¿eh?
Ya me imaginaba yo que no ibas a tener el valor. Pero ¿sabes qué?
Quizás sea lo mejor que no lo sepa ni ella ni nadie. Bueno, a ver, ya, ya.
No me pienso exponer, olga, ¿sí? Y menos ahorita con majo, no sabiendo lo que sea, no se sabe.
Que mi hija no va a decir nada, ¿eh? Majo sería incapaz.
Bueno, da igual, ya. Lo único que tú debes de tener claro es que esto se acabó.
Es que lo digo porque es verdad, chelo. Pero, a ver, no, no, no te me asustes.
Yo no te lo digo para faltarle el respeto a beatriz. Dios sabe que la quise y la cuidé hasta su último aliento, pero hay amores que uno no escoge.
Y por ti sigue más vivo que nunca. Se nos iba a volver a repetir.
No podemos hacer esto, aurelio, no podemos. Tienes razón, no debemos.
Perdón. Bueno, a veces el corazón necesita recordarlo aunque sea en silencio.
Voy a calentar el café, que ya se enfrió. Si la vida fuera justa, chelo, tú habrías sido la que saliera conmigo de aquella iglesia.