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La elegancia está en el cómo somos, no en el cómo vestimos

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La psicóloga María Amelia Aguilar expone por qué es más importante nuestra personalidad y forma de ser que nuestra forma de vestir

La palabra “elegante” va mucho más allá que el buen buen gusto por la ropa o el saberse vestir. La elegancia es algo que va en nuestra personalidad y que muchos tenemos pero poco usamos.

¿Sabes qué es realmente elegante? Tener respeto por los demás y buenos comportamientos ante ciertas situaciones en las que la prudencia es básica para ser elegante.

Es la combinación de sencillez, discreción y empatía. No se necesita estar con ropa cara o de marca para que “tu comportamiento” te defina como una persona educada o no.

La sencillez es sinónimo de elegancia
La sencillez de una persona se mide en cómo trata a los demás. En si es empático con el dolor ajeno. En cómo se comporta en público. No importa si sea una persona con mucho o poco dinero, es en su forma de ser donde radica su sencillez y esta es sinónimo de elegancia.

La elegancia está en la forma de hablar, en el tono de voz, en saber escuchar, en la forma de ver el mundo.

Una persona elegante no habla con groserías, ni se expresa mal de las personas en forma de chismes ni mentiras. Son personas positivas que no envidian a los demás, son alegres, optimistas y tienen una sensibilidad especial por los demás; alegran cuando a los otros les va bien.

La elegancia está sobretodo en las personas que saben ser agradecidas y saben decir “gracias” y que también saben pedir perdón. Son una mano amiga cuando alguien que lo necesita lo recibe de este tipo de persona. Hay más elegancia en el ser y no en el tener.

Recordemos que es en nuestro corazón y no en lo que llevamos puesto o lo que tenemos lo que nos hacer ser valiosos.