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¿pasó algo entre ustedes? La besé, mamá, besé a ángela.
Ahora que me corrí, bueno, no, más bien, ahora que ya no estoy en la casa, vengo muy seguido a este lugar, chatita, porque me gusta mucho ver la puesta del sol, mira, ¿eh? Cómo se esconde detrás de esas montañas del valle, cómo se va apagando, el paisaje cambia de color, ¿eh?
Sí. Sí, se va oscureciendo.
Sí. ¿y sabes qué, chatita?
En esos momentos es cuando me acuerdo de ti. Me duele un poco la cabeza.
A mí me duele el corazón, porque esta situación no puede seguir así, chata, ve cómo está nuestra familia. Tomás está hecho un energúmeno, antonia parece zombi, no me habla, no me mira, y pablo es un rebelde que cualquiera de estos días se lo van a llevar preso por revoltoso.
¿quiénes son los responsables? Nosotros, chatita, porque no hemos sabido ser buenos padres.
Chata. Ay, no, no, no me zangolotees, porque se me mueve todo el suelo.
Pero mira, mientras tú y yo estemos vivos, lo podemos remediar, porque nunca es tarde para empezar de nuevo. Nuestros hijos nos necesitan, chatita, esos niños necesitan ver a sus padres felices, enamorados, afrontando día a día, luchando hombro con hombro.
Chatita. ¿qué?
¿cómo qué? ¿qué dices?
¿de qué? ¿cómo que de qué?
Pues de nosotros, de todo lo que te acabo de decir, chatita. Te amo, chata montero, te amo.
A ver, a ver. Repítelo.
Te amo. Y no puedo vivir sin ti.
Te amo. Mariano, te veo inquieto.
¿qué pasa? No, mamá, hay algo que me atormenta y necesito contártelo.
Y tú eres la única persona que debe saberlo. Me estás asustando.
Dime ya. Prométeme que no me vas a juzgar, solo escúchame.
Dímelo. Tú más que nadie sabe que lo que siento por lucero es verdad.
Yo adoro a lucero desde que éramos niños. Sí, eso lo sabemos todos.
¿qué pasa con eso? Estoy confundido.
¿por qué? No puedo ocultarlo más.
La cercanía de ángela me inquieta. Yo amo a lucero, pero ángela tiene algo que...
Que no me deja sacármela de la cabeza. Hijo, lo que dices es muy serio.
Lo sé, mamá, es una tontería, pero no puedo ignorar lo que despierta en mí. Dime la verdad.
¿pasó algo entre ustedes? La besé, mamá, besé a ángela.
¿qué, imbécil? ¿por qué no me dices a mí lo que le estabas diciendo, filomena?
Con todo respeto, tomás, le pido que nos dejes solos a mi hijo y a mí. ¿qué fue lo que dijiste, imbécil?
Tomás, por favor. No es con tu mamá con quien tienes que hablar, sino conmigo.
Ángela es mi novia, lo sé. Por favor, les pido que no se peleen.
Hijo, por favor. ¿en dónde está ángela?
En su cuarto. Esto no se acaba aquí.
¿quieres saber qué te está pasando? No, no se puede, ¿y sabes por qué?
Porque ni yo sé qué demonios me pasa. Yo tenía el presentimiento de que ángela se te había metido en la cabeza.
No, no se me metió en la cabeza. Yo estoy enamorado de lucero.
Nunca la he engañado, siempre le he dicho la verdad. Pero ángela tiene algo, algo que no puedo controlar cuando estoy con ella.
Hijo. Yo me voy a casar con lucero y vamos a ser muy felices y vamos a tener una familia y tú vas a tener muchos nietos.
Perdóname, necesito estar solo. Disculpame.
Tomás, no me dijiste que venías. No, me quedé esperándote en el evento.
Se complicaron las cosas, tuve problemas aquí en la casa. ¿problemas?
Ya, entiendo, para ti es un problema besarte con mariano. Y no te atrevas a negarlo porque yo escuché a mariano cuando se lo dijo a filomena.
¿mariano le dijo eso? ¿qué?
¿es mentira? ¿por qué te quedas callada?
Responde, ¿es mentira? No, no, no es mentira, sí nos besamos.
Pero no pongas esa cara. Tú me pediste que lo conquistara y eso es lo que estoy haciendo.
Dijiste que hay que conseguir el secreto del embrujo a cualquier precio. Sí, pero me hubiera gustado enterarme por ti, no por boca de él.
Es que... Por un momento me imaginé que...
¿qué, qué te imaginaste? ¿que me iba a enamorar de él?
Supongo que es una locura, ¿no? Por supuesto que es una locura.
Está bien, está bien, pero debes tener mucho cuidado con mariano. Él es muy hábil y sabe cómo sacar provecho de la gente.
Lo hizo con tu abuela y, qué decir, con mi abuelo, ¿no? No te preocupes.
No me gusta cómo te pones cuando estás el uso. Eres muy agresivo.
¿se te ofrece algo? Disculpe, pero necesito decirle algo para quedarme tranquila.
Se trata de lo que pasó entre usted y mariano. Pero no pasó nada.
No. ¿estás segura?
Sí. Conozco a mi hijo mejor que nadie.
Lo crié sola. Le inculqué principios para que siempre anduviera con la verdad por delante, que se hiciera un hombre de bien.
Y eso es lo que es. Y no lo dudo.
Lo que no entiendo es por qué me dices esto. Porque tengo ojos y me doy cuenta de todo lo que pasa.
A lo mejor me hago la tonta, la que no ve, pero no se me va una señorita. Yo sé que entre usted y mariano pasó algo.
Y me preocupa mucho. Mi hijo se va a casar con lucero.
Le pido, por favor, que no se meta entre ellos. Deje que formen la familia con la que siempre han soñado.
No les quite ese derecho. No me hagas sentir culpable, por favor, filomena.
Si se siente así, es por algo. Y contra eso yo no puedo hacer nada.
Bueno, gracias por escucharme. No quería irme a la cama con eso atorado aquí en el pecho.
Buenas noches. Mire, señorita ángela, mi hijo es un buen hombre, pero ya tiene dueña.
¿sabes si tomás y ángela aclararon lo de anoche? No sé, ni me interesa lo que pase con ellos.
¿por qué siempre todo tiene que girar en torno a ángela? Solo era una pregunta.
¿por qué te pones así cada que la menciono? No me pongo de ninguna forma.
No quiero hablar de ella, eso es todo. ¿qué te pasa?
No entiendo por qué te molesta tanto que hablemos de ella. Te pones insoportable.
Porque me tiene harto que todo mundo hable de ella y a mí no me interesa lo que haga o que deje de hacer. Cálmate, no tienes por qué gritar.
Tienes razón, perdóname. Déjame.
Discúlpame, no era mi intención gritarte. No era tu intención, pero lo hiciste.
Lo siento, es que he tenido un mal día. ¿y?
¿yo qué culpa tengo? Es que lo mismo de siempre, eres muy impulsivo.
De verdad no sabes lo mal que lo he pasado. No, no lo sé y tampoco tengo ganas de que me cuentes.
No entiendo qué es lo que tanto te molesta que hablemos de ángela. Lo único que logras es que sospeche que entre ustedes hay algo y que no quieres que yo me entere.
¿por qué te quedas callado? Dime, ¿hay algo entre ustedes?
No, no hay nada. Lo que me fastidia es que en lugar de hablar de nosotros siempre estamos hablando de ella, como si fuera alguien determinante en nuestras vidas.
Pues dímelo tú, ¿lo es? Escuché gritos.
Lucero, ¿estás bien? Me voy a dormir.
No te vayas a la cama. Déjame y no me sigas.
Es contigo. ¿por qué le dijiste que besaste a ángela?
No, por favor, no lo vuelvas a decir. Déjame solo, mamá.