
La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Hay algo que le quiero decir desde hace mucho tiempo. Estoy enamorado de usted.
¿qué quieren? Que dice mi mami que le digas a tu papá si fuera tan amable y si no tiene ninguna objeción en devolverme mi pelota.
¿qué? Te va a devolver.
Mejor me lo hagan a mí. Es que hay momentos en la vida de los hombres en que es necesario hacer acopio.
¿qué? Dijo?
¿qué me iba a decir? Es que no me atrevo.
Doña florinda, yo, usted, quiero decir nosotros. ¿qué?
Dice todo el mundo. Sí, quiero hablar con tu papá.
Es un asunto personal. Dime, mi amor.
¿y ahora por qué lloras? Mi visita no tiene nada que ver contigo.
Es un asunto exclusivamente entre tu papá y yo. No.
Solamente puedes, ¡debes irte! ¿en qué puedo irme?
Don ramón, yo conocí a alguien que se enamoró de un hombre. De la mujer más divina del mundo, con que dándole calabazas a doña florinda, ¿no?
Señor, la mujer a la que me refiero es precisamente doña florinda, la mujer más divina del mundo. No, no, no, en serio, en serio, en serio, aviéntese.
Estoy hablando en serio. Allá usted, allá usted.
Pero, ¿cuál es su problema? Pues el problema está en que no le he podido declarar mi amor.
Don ramón, es que yo siempre he sido muy corto. Caray, pues, ¿cómo serían los quince años?
No, sí, sí, sí. Bueno, pero, ¿yo qué tengo que ver en todo esto, profesor?
Bueno, don ramón, pues, usted es un hombre de mucha experiencia en esta clase de asuntos y yo me atreví a pedirle su consejo. Eso sí.
Usted sabe, uno no tiene la culpa de que las mujeres se enamoren de uno, ¿no? Es cuestión de nacer con un cierto atractivo masculino.
Ya sabes qué haces, josé. Dijo, dijo, dijo.
Te quiero más que a mi vida y mi corazón por ti, te lo juro. Para ser siempre, para...
No, no, no. Ponga más ímpetu en la palabra.
No, no tengo experiencia. No, caray, pero...
Miren, vamos a hacer mejor una cosa. Vamos a hacerte cuenta que usted es el profesor jirafales y yo soy doña florinda.
Oiga, pues, hombre, es que yo... Le doy veinte pesos.
Cincuenta. ¿cinco, cincuenta, cincuenta?
¿se dan cuenta que yo soy usted y yo soy doña florinda? Ah, bueno, pues, por cien pesos soy capaz de confundirlo usted con sofía loren.
Hay algo que le quiero decir desde hace mucho tiempo. Estoy enamorado de usted.
Estaba enseñando al profesor jirafales cómo debía enamorar a doña florinda. Así que ahora doña florinda y el profesor jirafales siguen igual que antes.
¿dirás pío?