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Fíjate que yo agarré la bolsita, a que no saben lo que hay adentro. Tú.
Sabes. Después del 16 de septiembre, nadie quiere comprar ya de estas chivitas.
No me he ganado ni un peso. Yo sí.
Yo sí, yo sí me gané un peso porque la mamá de kiko me dio un peso por barrer el patio. Caray, chavo.
Te envidio. Pero que quede bien barrido, ¿eh?
Ya. Me he extrañado.
Papi. Calma, mijita, calma.
Ya vendrán tiempos mejores, ¿qué caray? Tú no te apures.
Papi. Dime, mijita.
Pues ni hablar. Vamos a desquitar este pesito.
Pues sí, mijita, son tratos que se le va a hacer. Ay, no, yo no puedo.
Ay, mijita, muchas gracias. Que lo haga el chavo.
No, no, que yo me devuelva mi peso. Correcto.
Chilindrina, regrésale el peso que te di. No puedo.
Y así queda. No, ¿por qué no puedes?
Porque ya me compré mi paleta. Ah, pues entonces dame la paleta.
Ay, ¿por qué tú vas a la paleta? Te voy a explicar.
Al chavo del ocho. Le regalaron un peso con tal de que barriera aquí el patio, ¿no?
Tú con ese peso fuiste y compraste esta paleta. Entonces, esta paleta va a ser para el que barre el patio, ¿entendido?
No, no, no, no, no, no. No, no.
Un momentito, no me vea fea a mí. Yo no tuve que ver nada.
Si me permite, le voy a dar una breve explicación de cómo acontecieron los hechos. Pero que sea breve.
Sí, mire. Yo estaba barriendo el patio, ¿no?
Con eso es suficiente. Entonces, ¿cómo?
Pero mira. Toma, tesoro.
Ve a comprarte una paleta y no te juntes con esta chusma. ¿qué haces, mamita?
No, señorita, no. Primero barra usted el patio y después le doy la paleta.
Primero me acabo la paleta y luego... No, primero barra usted el patio y después le doy la paleta.
Primero me acabo... Primero barra usted el patio y después le doy...
Primero me acabo la paleta y luego... ¿qué?
Primero barra usted y después le doy la paleta, carambas. ¿entendió?
Para que yo le avise... ¿le avise?
Digo, con permisito. Qué milagro, señor barriga.
Qué milagro que viene usted por aquí. Sí, milagro sería que yo no viniera y no viniera a cobrarle la renta.
Milagro sería que usted me la pagara. Bueno, es que usted sabe que la barriga es lo último que se pierde, señor esperanza.
¿qué? Digo, la esperanza es lo último que se pierde, señor barriga.
Entonces, espere un milagro. Espere un milagro.
Un milagro. Oye, papito.
Mira. Permiso.
Yo creo en los milagros, don ramón. Un milagro.
Un milagro sí puede suceder. Sí, ¿verdad?
¿está completo? Nada.
Es un secreto. ¿en qué lado?
Son tronadores, ya. Tronadores.
Nada más que no los vendí porque está prohibido venderlos en la calle. Por eso.
Ya. ¿tronadores?
¿de esos que truenan cuando los avientas al suelo? De esos.
De los que truenan y cuando los avientas al suelo, sí. Mira, mira, mira.
¿qué cosa? Ya, mira.
El chavo. Era el chavo que pasó corriendo, pero yo me asusté.
¿cuándo no es el chavito? Yo no sé, pero sé que tiene que ir a vivir.
Pero ya, mi hijita, anda, le sirve que cuento yo muy bien. Aquí todos hago mi inventario porque no sé ni cómo ando aquí.
¿estás de barril? ¡perdona!
¿qué haces, mi abuelo? Sí, jundina.
¿ya viste que va a truenar de fuerte mi jefe? Ay.
Oye, ahorita vas a ver, mi apagableja, vas a ver. ¿qué te agarraría de ver?
¿lo que traía en la canasta? Sí.
Bueno, no lo vayas a decir, pero, pero no lo vayas a decir. Fíjate que yo agarré la bolsita, a que no sabes lo que hay adentro.
Yo tenía contadas varias bolsitas de estas de tronadores y me falta una. ¿dónde está?
No sé.