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¿cómo vamos, lucia? Ay, pues, jefe, con este amable ciudadano ya estamos juntando el 50% de los habitantes de chacaltepec que pagan el impuesto sobre el uso del suelo, ¿verdad?
Muy bien. La alcaldía le agradece su pago y su comprensión.
Esto, esto es un atropello, y ustedes son una bola de corruptos. Los voy a reportar con las autoridades competentes.
Ay, escuchó lo que dijo, jefe. Sí.
¿y no le preocupa que nos reporte? No.
Ay, don gaspar, mire, sí es cierto que usted es bien abusivo con esto de los impuestos, pero esta vez sí se pasó, se pasó. Sí.
La verdad es de que es de muy mala leche cobrar el uso del suelo por pisar la calle. Mire, tome asiento, ciudadano promedio.
Les voy a explicar con manzanas porque son bastantes lentos de sus razonamientos. Hagamos de cuenta que esta manzana eres tú, albertano, y esta otra eres tú, británico.
Nel, nel, con manzanas no, porque no se parecen a nosotros. A mí mejor represénteme con un mamey y a la britney con una pasita.
Siéntese, ciudadano promedio. Olvídenlo de las manzanas.
Les cobramos el uso del suelo porque el suelo es de la alcaldía y ustedes pisan el suelo. ¿sí o no?
Sí. Ah, pues ahí está.
Ustedes lo usan, ustedes pagan. Ay, bueno, y si no quiero pagar, ¿qué puedo hacer?
Flotar. Ay, no, borro, no digas mensadas, ¿verdad?
Pues nadie puede flotar aquí. ¿cómo no?
El mariguano de la esquina siempre anda volando. Ah, bueno.
Dios mío, dios mío, ya se acerca, ya se acerca la chillón. Ándense.
Cálmate, jarocha, dinos qué pasa. Vengan, vengan, vengan, vengan, vengan.
Ay, ay, ay. Les voy a contar.
Ay. Lo que pasa es que ya pasaron 50 años desde su última aparición y este fin de semana va a regresar la chillona.
Ay, no manches. ¿quién es la chillona?
Ay, es una leyenda de chacaltepec, pero ni al caso, ¿eh? O sea, las leyendas son eso, leyendas.
Cuentos, historias sin comprobar. Es como el talento de los reguetoneros.
Yo quiero saber. Yo quiero saber sobre la leyenda esa.
La leyenda dice que cada 50 años, en el último fin de semana de este mes, se aparece por las calles de chacaltepec la chillona dándose bien gacho por su pérdida. ¿y qué perdió?
Sus tamales. La chillona se llamaba cleotilde, agraria del sagrado corazón.
Sí. Y era la tamalera de la época.
Sí. No, cállense los ojos.
Sus tamales eran bien sabrosos. Y bien, bien famosos.
Sí, sí. Un día llegó hasta el puesto de doña cleotilde un rico hacendado montado en su finísimo caballo pura sangre y le dijo a doña cleotilde, ¡doña!
Y doña cleotilde le contestó. Claro que sí, con mucho gusto.
Se los hago con gusto. ¿cuántos va a querer?
Familia. Tamales para las familias.
Eran muy grandes. Por ejemplo, mi abuela tuvo como 15 hijos.
Sí, sí, se estilaba que las mujeres, en lugar de tener partos, tenían camadas. Sí, ¿verdad?
Pues para hacer todos los tamales que le pidieron a doña cleotildita, vendió sus animalitos y empeñó su casa y sus pertenencias, sus joyas de su familia, para comprar todos los ingredientes. Durante muchísimos días y noches para poder completar ese pedido.
Y como es natural, terminó cansadísima con sus manecitas adoloridas. ¿qué dijo?
Estoy muy cansadísima. Yo creo que me voy a echar un sueñito.
Ay. Ay, ay, ay.
Uf. Y se quedó jetona.
Y cuando despertó, todos sus tamales habían desaparecido. ¡sí!
No. No.